El monegasco venía tapado por la sombra de Lewis Hamilton dentro de Ferrari en 2026, pero aprovechó todas las chances que aparecieron en Silverstone y volvió a ganar tras dos años de sequía.
Charles Leclerc tiene muchos motivos para poner al triunfo logrado este domingo en el Gran Premio de Gran Bretaña en un sitial importante. El monegasco está acostumbrado a eso de ganar en sitios icónicos, a pesar de que no llega a completar los dedos de sus dos manos cuando enumera sus festejos. Pero dentro de ese grupo de nueve, Silverstone, la catedral donde la Fórmula 1 nació hace 76 años, se suma a Monza, Mónaco y Spa-Francorchamps, sitios con peso histórico si los hay. Vaya si elige escenarios de gala, de esos de galera y bastón, para celebrar en el primer peldaño del podio. Pero su triunfo en la novena fecha del ejercicio 2026 tiene otros puntos que lo engalanan aún más.
Y no solo porque se trató de su primera victoria dentro del equipo de los casados. Leclerc contrajo matrimonio el 28 de febrero con Alexandra Saint Mleux, su novia que en los paddock de F1 también se saca fotos con los fanáticos. No solo está entre los más importantes por haber cortado una sequía que parecía interminable: llevaba 623 días sin ganar, desde aquel lejano éxito del GP de Estados Unidos de 2024.
Para Leclerc este éxito británico tiene un valor especial porque logró asomar la cabeza de la sombra enorme que le proyectó el enorme año que está teniendo Lewis Hamilton en 2026. La llegada del inglés en 2025 para reemplazar a Carlos Sainz y convertirse en piloto de Fórmula 1 fue un golpe que el monegasco pudo manejar con cintura en la primera temporada. Claro, el SF-25 era un auto en el que el heptacampeón no trabajo en su diseño y desde Maranello decidieron cancelar cualquier actualización desde el tempranero abril, para poner todos los cañones en el SF-26 que llegaría con la nueva normativa. Lewis se arremangó y trabajó en el diseño de ese auto con el que quería cumplir su sueño de, no solo correr vestido de rojo, también ganar con la Scuderia. Leclerc terminó con 86 puntos más que Hamilton, con el pecho inflado y mostrándole al mundo que ese bastión de Maranello era propio.
