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El oficio de ganar y el refugio de pertenecer: La voz del mando en Santa Bárbara

Matías Cereceda, el entrenador, y Camilo López. el capitán, del Plantel Superior "A" de Santa Bárbara. ESPN.com

Cuando el liderazgo se construye sobre años de haber compartido la misma camiseta, la comunicación fluye sin interferencias. Camilo Pérez, el capitán de Santa Bárbara, resalta que la transición de Matías Cereceda de compañero a entrenador ha sido natural gracias a una confianza técnica y humana ciega. Ese "entenderse con la mirada" permite que los jugadores resuelvan dentro de la cancha con la tranquilidad de que el planteo de afuera tiene un sustento real, nacido de alguien que conoce cada rincón del club: "Coincidimos en mucho porque trabajamos juntos acá. Cuando tenés ese nivel de confianza con alguien que fue tu compañero y viene con buenas ideas, el grupo las toma enseguida. Nosotros resolvemos adentro y él piensa lo táctico afuera", expresó el portador de la cinta .

Aprender a cerrar el círculo

La victoria en el clásico llegó como un desahogo necesario al ser la primera vez que sumaban de a tres en el campeonato. Para Cereceda, el 2-1 final no fue solo un resultado, sino una lección de templanza. Tras un inicio de torneo donde las buenas sensaciones no se traducían en puntos, el equipo debió aprender de las heridas pasadas —como aquel debut frente a Muni— para entender que un partido no solo se juega, sino que se defiende hasta el último suspiro. Ganar en casa, con el empuje de la gente, fue el marco perfecto para demostrar que el grupo está incorporando la madurez necesaria para competir en la elite. "Necesitábamos mucho la victoria. Ganar de local con todo el público que nos bancó es hermoso, y más en un clásico. Es parte de esa madurez que tenemos que incorporar: saber cerrar los partidos. Contra Universitario nos tocó así, y creo que ese aprendizaje vale tanto como los tres puntos", destacó el entrenador.

El club como territorio libre

Más allá de los esquemas y las tablas de posiciones, para Cereceda Santa Bárbara representa un estado de ánimo. Esquivando los lugares comunes, define al club como su lugar de escape; ese sitio donde se puede estar sin pedir permiso ni dar explicaciones. Sin embargo, esa comodidad hoy se traduce en una responsabilidad clara: guiar a los Caballeros para que consoliden su lugar en la "A", asegurando que los más chicos tengan un espejo donde mirarse y un nivel competitivo que los desafíe a crecer. "Estoy acá desde los cuatro años. Es el lugar donde puedo venir sin llamar a nadie y me siento cómodo; es mi lugar de escape. Pero ahora tengo la responsabilidad de encaminar a los Caballeros para volver a ser un equipo respetado y que los menores tengan su lugar para competir y crecer", cerró Cereceda.