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Manu Brunet, el Rey León que volvió a su casa

“Siempre estuvo cerca, profesó Rodolfo Fito Páez al escribir esa melodía que hoy parece musicalizar el caminar de Manuel Brunet por las calles de Rosario. Tierra de Lucha y de Lionel, pero también el hogar de un hombre que, tras casi dos décadas de desenvolverse en las ligas más competitivas del mundo, decidió que era hora de que el viaje de vuelta dejara de ser una escala de verano. Manu regresó a su Club Universitario y no solo para estar, sino para volcar un poco de todo ese bagaje acumulado en el Viejo Continente.

La chispa del regreso: entre Madrid y el deseo familiar

El plan original no tenía el Monumento a la Bandera en el horizonte inmediato. Tras cerrar sus capítulos profesionales, Manu y Ana, su esposa, imaginaban un retiro equilibrado en Madrid, ese punto medio entre la "frialdad" europea y el vértigo argentino; pero la psicología del deportista no siempre manda cuando el corazón de la familia late más fuerte.

“Volvimos al país en el verano del 2024 al 2025 y hubo un empuje de los chicos. El más chiquito insistía, el más grande era más prudente, pero se le veía el deseo de estar acá”, confesó Manu.

“Nos habíamos ido cuando no veíamos que Argentina fuera un lugar para que los chicos crecieran como nosotros, pero nos animamos. Hoy llevamos ocho meses, estamos muy contentos de la elección y con cómo nos encontramos hoy en día”, inició confesando el reconocido número 24.

El diagnóstico: contra la tiranía de la inmediatez

Brunet no observa el hockey local desde un pedestal, sino con la agudeza de quien quiere ordenar la casa propia. Su mayor preocupación radica en la falta de proyectos a largo plazo, una carencia que atribuye a una cultura que privilegia el resultado instantáneo por sobre la construcción sólida. "Falta darle lugar a esquemas integrales. Acá vivimos demasiado a mil por hora y todo es para 'ya'. Me parece que esa es la parte pendiente: encontrar el tiempo del proceso, trabajar para las instituciones y no para el lucimiento personal", analiza con la pausa que le dio Europa. Para él, el crecimiento real es aquel que trasciende a las personas. "Poder trabajar más para las instituciones, que si mañana me toca estar en un club pueda estar alineado con su proyecto y no en la mirada mía para mi equipo porque si no cuando yo me voy eso se va conmigo y ahí es donde los clubes quedan en una rueda en la que no terminan de avanzar”.

Esa falta de estructura golpea especialmente donde más duele: la formación y la crisis del hockey masculino. Manuel pone el dedo en la llaga sobre un recambio que se da por necesidad y no por capacidad. “Hoy, sin desmerecer a nadie, cualquier chico de 20 años es entrenador de un Sub-19 por pura necesidad. Históricamente el hockey masculino nutrió al femenino de entrenadores, y ahora se nota que los caballeros no están bien, no tienen cantidad. Me encuentro con gente con muy poca formación a cargo de planteles, y gestionar grupos de personas a cualquier edad es difícil. Falta cierta conciencia en la formación”.

La brecha y el "egoísmo" constructivo

Con solo tres canchas de agua en la ciudad, Brunet entiende que la diferencia con Buenos Aires no es solo de talento, sino de herramientas. “Eso hace que sea otro deporte”, sentencia. A eso se le suma el éxodo constante hacia la capital, una dinámica que él mismo resistió en sus años de selección, durmiendo en colectivos y manejando madrugadas enteras para no abandonar su club. “Me han dicho mil veces de irme a Buenos Aires y siempre dije que no. Ver que hoy una jugadora aparece y al año ya se va, me duele, porque alarga la brecha del interior”. Para él, la solución está en entender el éxito colectivo: “El europeo, que es más egoísta de cultura, entiende que cuando el conocimiento es compartido y yo sé cómo trabaja el de enfrente, se genera una competencia que hace que los dos mejoren”.

El cierre: la bandera de lo no negociable

Apenas pisó suelo rosarino el año pasado, Manu se calzó la de "Uni" y volvió al ruedo. Sin embargo, este regreso no es una extensión de su carrera profesional, sino un experimento de libertad. Por primera vez en décadas, el hockey se despoja de la rigidez para reencontrarse con su esencia más pura. Brunet seguirá sumando desde donde pueda, integrándose en proyectos que busquen el crecimiento del club, pero con una madurez que le permite trazar una línea infranqueable. “Intentaré retomar esta temporada, pero de una manera en la que no lo hice nunca, porque de hecho en 2025 estuve entrenándome una vez por semana y yendo a ayudar también los fines de semana, este año lo haría de la misma manera, tal vez a modo recreativo. Hasta hoy, casi desde adolescente, nunca había vivido el hockey de forma lúdica; siempre hubo una rigurosidad y una disciplina elevada. Ahora me encuentro en otra etapa: seguir de esa manera implicaría no poder estar en mi casa, y hay un montón de cosas que no estoy dispuesto a negociar. Prefiero abocarme a colaborar para que el hockey crezca desde un lugar integral, pero con mis prioridades claras”, cerró Manuel.

FINAL DE LA PRIMERA PARTE