Tras perder en las Finales 2025-2026 frente a New York Knicks, San Antonio necesita reordenarse y hacerse indestructible para poder ganar el trofeo Larry O'Brien.
Los Spurs atraviesan su propia reconstrucción interna después del Waterloo padecido ante los Knicks. De todas las palabras que pueden utilizarse para calificar las pasadas Finales de la NBA, una aplica a la perfección para el equipo de Mitch Johnson: inexperiencia. Sobre todo, en momentos cruciales.
El tercer juego de la definición del campeonato en el Madison Square Garden fue la síntesis de la serie. Ese derrumbe estrepitoso en el resultado fue, de algún modo, el aprendizaje máximo para un equipo que tiene un Big Three criado en la era del social media: Dylan Harper con 19 años, Stephon Castle con 21 y Victor Wembanyama con 22. Johnson, en el banco de suplentes, jugando por el trofeo Larry O'Brien en su primera temporada completa como entrenador en jefe. Un coro que ni siquiera sabía lo que era pisar los playoffs buscando ganarle al hombre clutch de la NBA por definición, Jalen Brunson, en un mano a mano en el que la necesidad era distinta.
Para New York era la vida. Para San Antonio, el comienzo de algo. Aún así, los Spurs estuvieron cerca. Pero, pasado el verano boreal, todos, absolutamente todos, entenderán que en el momento trascendental de la temporada, verse algunas canas en el espejo, observar el relieve de algunas cicatrices, pesa más que el talento.
Mucho más.
Un pecado de juventud de Spurs... y mucho para aprender
San Antonio fue el equipo más joven en llegar a unas Finales de la NBA desde los Portland Trail Blazers de 1977. Un dato que explica que lo que falta, a veces, no es el potencial, sino las horas de vuelo para no acalambrarse a metros de la meta. Lo cierto que esto, que puede ser un final para New York, es recién un principio para los Spurs, porque a este coro le quedan muchos años por delante. No por eso, la directiva está ajena de tener que tomar decisiones importantes.
Lo financiero, en estas tierras, abraza a lo deportivo. Porque la franquicia texana necesita sumar centímetros de peso en la pintura para acompañar a Wembanyama y los números ayudan para conseguirlo. Básicamente, hace falta algún interno sólido que le de dureza bajo los tableros y preferentemente que tenga capacidad para tomar lanzamientos externos si hace falta. Un preferido para quien escribe -muy pretendido por varias franquicias, claro- podría ser Isiah Stewart, de Detroit Pistons, quien promedió 10 puntos, 5 rebotes y 1.6 tapas por juego, con 55% de campo, y tiene un vínculo con Detroit de 30 millones de dólares por dos temporadas. Su energía y actitud hostil es justo lo que necesita un equipo joven como San Antonio bajo los tableros.
La flexibilidad financiera, una buena noticia en San Antonio
Los Spurs tienen espacio salarial para moverse en el mercado. Tienen $ 43,101,714 disponibles sin caer en el impuesto al lujo, aunque primero tienen que resolver las renovaciones de algunos jugadores, preferentemente dos tiradores de gran rendimiento en los recientes playoffs: Julian Champagnie (tuvo el récord de triples de la franquicia con 195) y Devin Vassell. También se espera que activen para que regrese Harrison Barnes, quien de manera inexplicable, siendo uno de los pocos veteranos con experiencia de campeonato, casi no pisó la cancha en la serie ante los Knicks. San Antonio también mira a futuro: tiene el pick 20 en el próximo draft y tres selecciones de segunda ronda (35, 42 y 44). Además, posee cuatro picks futuros de primera ronda junto a 14 de segunda ronda, activos que le permiten poder moverse en el mercado.
El dilema lo tiene con De'Aaron Fox. No de inmediato, porque la paciencia siempre es un factor en estas tierras, pero sí es algo que mira de reojo. La temporada entrante, el ex-Sacramento Kings cobrará $49,500,000. Para entender la magnitud de lo que percibirá el escolta de Spurs podemos situar, por ejemplo, lo que ganará Luka Doncic en Los Angeles Lakers: $51,033,600. La situación se hace más problemática cuando se recuerda que firmó hasta 2029-2030 un contrato por $229 millones. Decimos problemático, porque en las Finales, pese a sus 28 años, mostró el temple y el sistema nervioso de un novato. Y entonces arribamos a dos conclusiones: a) lo que hace Fox lo puede hacer mejor ya Dylan Harper, quien maduró más rápido de lo pensado, por $12,989,040, y b) después de lo que vimos en las Finales, será difícil seducir a otra franquicia -que intente ganar, claro- para que absorba su oneroso contrato.
Los Spurs seguramente utilizarán esta temporada baja para extender el contrato de novato de Wemby por el máximo posible. Nadie en los alrededores del Álamo quiere perderse los mejores años del alien francés y ejecutarán desde la gerencia general en consecuencia.
San Antonio necesita tiempo para alcanzar su mejor versión. En 2025-2026 dio un salto enorme, pero las Finales le quedaron grandes. Wembanyama confesó, al cierre de la derrota ante los Knicks, que aún no estaba preparado para ganar un campeonato. Es una declaración tan honesta como real, pero además del juego, también tiene que mejorar desde lo personal y actitudinal. Por momentos se lo vio maduro y por otros, todo lo contrario, al límite de parecer engreído. Algo así como una primera versión de Kobe Bryant a su llegada a los Lakers. Irse sin saludar a los campeones fue inmaduro, fuera de lugar, y seguramente reciba una reprimenda intramuros para que algo así, alejado de los estándares de La Familia, no vuelva a ocurrir.
Stephon Castle y Harper, los otros dos cracks del equipo, viven una situación similar. Momentos de básquetbol-arte y momentos de básquetbol-pesadilla. Una montaña rusa de emociones. La temporada entrante tendrán mucho trabajo por delante. Desde lo físico y desde lo mental. Templanza, control y diálogo. No se trata de llegar, sino más bien de mantenerse. De luchar para poder volver.
Y finalmente, llegamos al coach. Mitch Johnson tuvo su primera temporada completa como entrenador en jefe y llegó a las Finales. El mérito es enorme, pero a la hora de las definiciones el entrenador de San Antonio, sentado en el banco que durante décadas perteneció a una leyenda como Gregg Popovich, perdió el duelo con Mike Brown. Pesaron los cierres, sobre todo en el cuarto juego, ante un Madison Square Garden desbordado. Es tan duro asumirlo como lógico: también ahí hubo un pecado de juventud. Dentro de la cancha y fuera de ella, los Spurs todavía están aprendiendo a ganar lo más difícil.
Con esta hoja de ruta ya aceptada, queda claro que el presente es doloroso, pero el recorrido recién empieza. Los aprendizajes merecen tiempo y el futuro todavía les sonríe
Los Spurs, en plena evolución hacia algo que parece muy grande, necesitan bajar los decibeles y ordenarse. Son buenos, pero con eso no alcanza: deben hacerse indestructibles. Y para conseguirlo, necesitan pulir piezas, reacomodar responsabilidades y entonces sí, lo que recientemente se negó, puede, en el futuro cercano, terminar siendo.
