El jugador de los Knicks se convirtió en apenas el segundo dominicano en alzar el trofeo Larry O’Brien en la historia de la NBA.
Previo al Clásico Mundial de Béisbol de 2017, el entonces lanzador de los New York Yankees, Dellin Betances, lanzó al mundo una frase que ha quedado grabada en la memoria de los dominicanos a nivel mundial: “los dominicanos nacemos donde nos da la m------ gana”, haciendo referencia a sus propios orígenes.
Betances, quien nació en Nueva York, la ciudad con más dominicanos en el mundo fuera del país caribeño, dio esa respuesta al ser cuestionado sobre por qué representaría a la República Dominicana en el evento, pregunta que tanto él como Manny Machado, quien nació en Florida, enfrentaron en repetidas ocasiones por parte de la prensa estadounidense durante ese año.
Adelantándonos a 2023, la República Dominicana vio el regreso de otro de sus hijos nacidos en el extranjero a uno de sus equipos nacionales. Karl-Anthony Towns, quien había jugado torneos FIBA con el país en 2012, siendo parte del combinado que ganó la medalla de oro en el Centrobasket Puerto Rico 2012, tomó la decisión de volver a vestir el uniforme dominicano y representar a la patria que vio nacer a su madre, a poco más de tres años de su fallecimiento como consecuencia del COVID-19.
Este pasado fin de semana, Towns, quien goza del amor y el afecto del pueblo dominicano por su entrega y su repetida devoción por el país, se convirtió en apenas el segundo quisqueyano en alzar el trofeo Larry O’Brien, una conquista que fue celebrada en el país como si se tratara de un equipo local.
Los New York Knicks gozan del afecto dominicano desde hace décadas, cortesía de la conexión existente entre la ciudad de Nueva York y el país, tomando en cuenta que más de 700 mil de los suyos habitan en la metrópolis estadounidense, de acuerdo con cifras oficiales. Sin embargo, contar con alguien tan querido como Towns le dio a los Knicks una base de fanáticos todavía más amplia, que se entregó en cuerpo y alma durante cada uno de los cinco partidos de la Serie Final de la NBA.
Towns fue, para todos los dominicanos, una nueva muestra de que la representación, especialmente la de un país pequeño como el suyo, es importante, porque demostró lo que puede lograrse con perseverancia y trabajo duro. Ese mismo Towns que en 2019 fue duramente criticado por su entonces compañero de equipo, Jimmy Butler, por supuestamente no tener el impulso para ganar, se convirtió en el líder histórico de +/- en unos playoffs, superando la marca de Stephen Curry. Ese mismo Towns que durante cinco encuentros le hizo la vida imposible con su defensa a quien desde ya es considerado como el rostro del futuro de la NBA, Victor Wembanyama, es la prueba del llamado “Sueño Americano” que tantos dominicanos han perseguido por décadas.
Para una nación como la República Dominicana, cuya presencia en el deporte internacional ha servido durante décadas como una de sus principales cartas de presentación ante el mundo, ver a uno de los suyos ocupar un lugar de protagonismo en el escenario más grande del baloncesto tiene un significado especial. No se trata únicamente de victorias o trofeos, sino de la posibilidad de que miles de jóvenes puedan verse reflejados en alguien que comparte sus raíces, su cultura y parte de su historia. Esa conexión humana, muchas veces imposible de medir en estadísticas, es una de las razones por las que figuras como Towns terminan trascendiendo mucho más allá de la cancha.
Karl-Anthony Towns representa esperanza para los dominicanos y el hecho de que tiene claro cuál es su papel hace que sus compatriotas del Caribe se sientan cercanos a él. La representación en los deportes importa. Towns simplemente nos lo volvió a recordar.
Y para aquellos que han tratado de sembrar el debate de si Towns es o no dominicano por haber nacido en New Jersey, solo queda citar aquella majestuosa frase de Dellin Betances con la que se abrieron estas líneas: “los dominicanos nacemos donde nos da la m------ gana”.
