Cuesta explicar el deporte ovalado, sus vaivenes emocionales y la tiranía de los momentos. En el largo y desgastante recorrido de este URBA Top 14 Copa Macro, el CASI pasó por todos los estados de ánimo posibles. Esta carrera de resistencia por meterse entre los cuatro mejores de la temporada tiene curvas cerradas, contracurvas, pendientes empinadas, caminos sinuosos con peligro de derrumbe y subidas exigentes. En ese terreno hostil, la Academia se calzó el buzo de piloto de rally y, con una contundente victoria por 29-8 ante Hindú, volvió a tomar una velocidad furiosa en el torneo para consolidarse como el único escolta en la tabla de posiciones.
La campaña de la Academia tiene de todo. Partidos de esos que se ganan con el corazón en la mano, como ante Plaza en Rosario (36-31), Los Tilos en La Catedral (33-31) o CUBA en Villa de Mayo (38-37). También de aquellos que se destraban desde el juego, como el doblete ante Champagnat (40-16 y 47-30) o la excursión a la Base contra Los Matreros (48-24). Pero en la bitácora de viaje también entra el famoso bache del torneo: esa mala racha de tres derrotas en fila ante Belgrano (43-40), el SIC (26-23) y Newman (37-28) que obligó a recalcular el rumbo.
Sobrellevar semejante carga física y mental a lo largo del año no es para cualquiera. Sin embargo, al CASI le aparecieron en el horizonte las paradas ideales para demostrarse a sí mismo que tiene con qué soñar en grande. Primero frenó la sangría plantándose ante Alumni —un rival directo en las alturas— y, tras despachar a Champa, llegó el turno de saldar cuentas con Hindú, verdugo de la primera rueda (15-12). Pero lo sucedido frente al Elefante tuvo un sabor especial. No solo por el peso específico de una rivalidad moderna que marcó las últimas décadas del rugby de Buenos Aires, sino por la autoridad del resultado. La defensa de San Isidro funcionó como un relojito suizo que maniató por completo a los de Don Torcuato, al punto de permitirles quebrar el ingoal recién cuando el reloj ya había superado los 80 minutos.
“Volvimos a ser el CASI”, soltó el medio scrum Joaquín Sánchez en medio de la euforia del vestuario. Las cebras completaron una actuación notable que justificó cada una de sus palabras: “volvimos a ser grandes desde la defensa, lo dejamos en claro desde el primer minuto y batallamos. Sabíamos que iba a ser una guerra y lo jugamos así”. El CASI no dejó pensar a su rival, lo asfixió en cada punto de encuentro, se hizo fuerte en el contacto y, cuando tocó ponerse el overol y resistir, los tackles estuvieron a la orden del día.
Para Ignacio Torrado, este sube y baja vertiginoso que propone el Top 14 tiene una explicación clara que trasciende lo táctico: “hay que estar muy bien de la cabeza”. El tercera línea argumenta que los bajones son inevitables en un certamen tan parejo: “les pasa a todos, desde el primero hasta el último que está en la tabla. Pero lo principal es estar bien mentalmente para poder entrenarte y estar bien físicamente para poder competir todos los sábados. Y saber que se puede perder todos los sábados, se puede ganar todos los sábados, pero cada sábado va a ser igual de competitivo que el otro, juegues contra quien juegues”.
En esta maratón de 26 fechas, de las cuales apenas se han consumado 15, el pilar Facundo Scaiano le pone contexto a la evolución del equipo: “arrancamos al principio medio amarrete en el juego y creo que de a poco empezamos a agarrar confianza y empezamos a jugar un poco más, a animarnos y creo que ahí se ven los resultados”.
No hay nada sentenciado en un campeonato que no da tregua y donde son varios los que se relamen por esos cuatro boletos hacia las semifinales. Para el primera línea de la Academia, el desenlace favorecerá al “más constante, el que compita todos los partidos y el que llegue con más piernas a fin de año”. La meta definitiva todavía se divisa a lo lejos, pero el CASI alimenta su ilusión con triunfos que retumban con fuerza en el pecho y que le devuelven la certeza más importante de todas: la de saber que va por el camino correcto.
