El Olimpo deportivo no tiene lugar para todos los atletas. Es un sitial tan sagrado que sólo queda reservado para unos pocos. Y por caso, alcanzar la gloria máxima en unos Juegos Olímpicos puede significar subirse a él para siempre. Lucas Vila, símbolo de Los Leones medallistas dorados en Río de Janeiro 2016 puede considerarse uno de ellos. Por eso, su anuncio de adiós del seleccionado nacional impacta, pero a la vez lo redimensiona. “El Colo” le puso punto final a su carrera con Los Leones a los 35 años y con la tranquilidad no sólo de haber dado todo, sino también de haber sido parte de los logros más trascendentales del hockey masculino: “Estoy orgulloso de la camada de jugadores que integré”, le dijo a ESPN.com a pocas horas de que la noticia estallase en redes sociales. Con la paz del día después de haber comunicado la decisión, detalló que la tomó porque “ya no tenía fuerzas para lo que implica el seleccionado” y adelantó que ve con buenos ojos el recambio generacional que ya se inició en el equipo: “Los chicos que están van a llevar a Los Leones al lugar que estuvieron”, aseguró.
Dicen los deportistas de alto rendimiento que tomar la decisión del adiós es de lo más duro que se pueda atravesar. Por eso no hay manera que se tome de un día para el otro. Y el caso de Lucas Vila no fue la excepción. Venía masticándola desde diciembre, con el cierre del año deportivo y todas estas semanas que transcurrieron desde que Los Leones volvieron a entrenar y él no. Las vacaciones largas fueron una necesidad, un espacio necesario para analizar eso que no le resulta sencillo a nadie: “Lo venía pensando hace tiempo. Pero lo dejé abierto a lo que iba sintiendo. Desde fin de año no tenía la predisposición física y mental que el seleccionado se merece. Ayer, (por este jueves 10), decidí anunciarlo (en Instagram)”, detalló el delantero que seguirá jugando en su club, Banco Provincia.
Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 desarrollados en agosto de 2021 por la postergación a la que obligó la pandemia significaron entonces las últimas veces de Lucas con Los Leones, aunque no tenía idea: “Después de Tokio naturalmente tenía que venir un recambio de jugadores, algunos se retiraron ahí mismo (Pedo Ibarra, Juan Martín López y Juan Manuel Vivaldi, también icónicos). Pero yo no pensé que eso era lo último para mí. Por más que este era un tema que se venía hablando, cada uno tomó la decisión a su tiempo y con su realidad. La mía se dio así, no fue planificada, sí pensada”, contó “El Colo”.
La notificación que hizo este jueves a través de redes bajo el título de “¡Se acabó!” sirvió también para no darle lugar a las suspicacias que pudieran surgir en torno a su ausencia en el inicio de la FIH Pro League este fin de semana en el que Los Leones enfrentarán a Bélgica, Nº 2 del mundo, en Buenos Aires. “Está bueno aclarar esto antes de los partidos”, dijo, consciente de lo que significan algunos nombres para los fanáticos. Y avisó que estará en el Cenard acompañando al equipo en el primero de los dos partidos que componen la doble fecha.
Para “El Colo” no había posibilidad de seguir vistiendo la albiceleste si no era al 100% y en este sentido no sólo recalca la cuestión de que “no tenía la predisposición física y mental que el seleccionado se merece, no sentía fuerzas” sino también la marca personal que le hicieron las lesiones en el último tiempo: “El cuerpo ya no me ayudaba, la cabeza lo siente y esas son señales de que algo pasa, uno no puede hacerse el tonto”.
El día después del anuncio, además de traer tranquilidad, oficia de catalizador de emociones: “Se removió mucho todo, ahora hay que ir acomodando. No sé cómo es, cómo será, pero empezó movido”, contó Lucas, al tiempo que reconoció haber recibido muchos mensajes que “sorprenden”, pero “es lindo, uno es jugador, pero se relaciona como persona adentro y afuera de la cancha y eso es muy importante”.
De la mano también de estos momentos llegan los balances, la mirada hacia atrás, el foco en el camino recorrido: “Por suerte se lograron los objetivos, pero si no se hubieran dado yo hubiese entrenado y jugado igual, con las mismas ganas. Tuvimos el mejor logro de la historia del hockey argentino que fue esa medalla olímpica. Estoy orgulloso de la camada de jugadores que integré”, remarcó quien a la hora de responder al desafío de cómo armaría un podio con sus mejores tres momentos en el seleccionado, no duda: “Es fácil acordarse de lo bueno, de los logros. Río fue lo máximo, épico, el momento más alto. Pero luego armaría esos otros escalones poniendo a los Juegos Olímpicos de Londres 2012 en segundo lugar. Fueron mis primeros Juegos, los compartí con mis hermanos (Matías y Rodrigo) y pese a que no nos fue bien (10° puesto), para mí fue de los más importantes. El Mundial de La Haya 2014 y la medalla de bronce iría en tercer lugar, fue un lindo salto, creo que significó el comienzo de lo que vino después”.
Por último y antes de cerrar, Lucas Vila dejó un mensaje: “Hay que tener paciencia con el recambio de Los Leones, es un recambio fuerte, no se puede pretender el mismo nivel de otros momentos. Hay jugadores que se acoplaron muy bien y otros que vienen atrás con mucha fuerza. Tienen nivel y tenemos un equipo (recientemente) campeón mundial junior que permite ilusionarse. Los chicos que están van a llevar a Los Leones al lugar que estuvieron”.
-¿Y qué significó haber vestido la camiseta del seleccionado mayor tantos años?
Mucho. Uno va por el mundo jugando. Pero representa mucho más que eso. Representa muchas personas y muchas cosas en un deporte que es amateur. Es el orgullo propio y el de representar al hockey en el mundo. También son mis hijos. Por suerte Felipe, el más grande, pudo disfrutar de ver a su papá jugando en Los Leones.
A los 35 años y con más de 14 en el seleccionado mayor, Lucas Vila le dijo adiós a la albiceleste. Formó parte de los logros más impactantes del hockey masculino: fue campeón del mundo junior en 2005, medallista de bronce en el Champions Trophy de 2008 y en el Mundial de La Haya 2014 (ambas por primera y única vez) y ni más ni menos que campeón olímpico. Un privilegio de pocos, el que da lugar al Olimpo. Cuando empezó a jugar al hockey a los cuatro años no podía ni soñar con trazar semejante carrera deportiva. Hoy la atesora. Para siempre.
