Lionel Messi está listo para lo que importa. Después de ganar los tres partidos en el Grupo J del Mundial 2026 (Argelia 3-0, Austria 2-0 y Jordania 3-1), llegan los dieciseisavos del Mundial 2026 con una certeza conocida: para Messi, autor de cinco goles en fase inicial, la Copa empieza de verdad cuando ya no hay margen de error. El cruce ante Cabo Verde, en Miami, marcará su partido número 13 de eliminación directa en Mundiales.
Hasta ahora disputó 12: uno en Alemania 2006, dos en Sudáfrica 2010, cuatro en Brasil 2014, uno en Rusia 2018 y cuatro en Qatar 2022.
La cuenta tiene una aclaración clave. Messi estuvo en el plantel argentino que perdió por penales ante Alemania en los cuartos de final de 2006, pero no ingresó. Por eso, si se habla de partidos jugados por él en fases eliminatorias mundialistas, el recorrido empieza con México en Leipzig y no con la caída posterior en Berlín.
Alemania 2006: el primer impacto ante México
El 24 de junio de 2006 fue un día de festejos para la delegación argentina por los cumpleaños de Juan Román Riquelme y Lionel Messi, pero también por una clasificación dramática. Argentina enfrentó a México en octavos de final y empezó en desventaja por el gol de Rafael Márquez a los seis minutos. Hernán Crespo empató rápido y el partido entró en una zona de tensión que recién se resolvió en el tiempo suplementario.
Messi ingresó a los 84 minutos. Tenía 19 años, hacía sus primeros pasos en Barcelona, y todavía ocupaba un lugar de promesa dentro de un equipo con nombres consolidados, pero su entrada modificó el ritmo del ataque. Con aceleraciones cortas, gambeta y cambios de dirección, desordenó a la defensa mexicana en el tramo final. Incluso convirtió un gol que fue anulado por fuera de juego y que pudo haber evitado el alargue.
La clasificación llegó por un gol inolvidable de Maxi Rodríguez: control con el pecho y volea zurda para el 2-1. Fue el primer partido de Messi en una fase eliminatoria de Copa Mundial y también la primera muestra de lo que generaba en un escenario de máxima presión. Todavía no era el dueño del equipo, pero ya alteraba partidos.
En cuartos, ante Alemania, quedó en el banco. Todavía se recrimina esa decisión a José Pekerman. Argentina se puso en ventaja con un cabezazo de Roberto Ayala, sufrió la lesión de Roberto Abbondanzieri y terminó arrastrada a los penales después del empate de Miroslav Klose. Pekerman agotó los cambios sin utilizar a Messi. La eliminación dejó una imagen que crecería con el tiempo: el futbolista llamado a marcar una época observando desde afuera una derrota que podía haber tenido otro desarrollo.
Sudáfrica 2010: protagonismo sin gol y golpe alemán
Cuatro años después, Messi llegó a Sudáfrica como figura central de Argentina. Diego Maradona, entonces DT de la Selección, lo ubicó en el corazón del juego y lo rodeó de atacantes, con una propuesta emocional, intensa y desbordante. En octavos volvió a aparecer México, otra vez en el camino argentino.
El equipo de Maradona ganó 3-1 en un partido atravesado por la polémica del primer gol de Carlos Tevez, nacido de una posición adelantada. Messi participó en la acción inicial, Gonzalo Higuaín amplió tras un error defensivo y Tevez sentenció con un derechazo formidable desde afuera del área. México descontó por Javier Hernández, pero Argentina avanzó a cuartos de final por segundo Mundial consecutivo.
El problema llegó otra vez contra Alemania. En Ciudad del Cabo, la Selección quedó expuesta desde el arranque. Thomas Müller marcó a los tres minutos y cambió el clima del partido. Argentina tuvo posesión en algunos tramos, pero nunca encontró claridad. Messi empezó cada vez más lejos del área, obligado a retroceder para recibir, organizar y acelerar desde zonas donde Alemania podía rodearlo mejor.
La contundencia alemana fue demoledora. Klose, Arne Friedrich y otra vez Klose completaron el 4-0. Messi se fue del Mundial sin goles, con la mirada perdida y la sensación de haber sido arrastrado por una estructura que no consiguió protegerlo en el partido más importante. Había sido desequilibrante durante el torneo, pero la eliminación instaló una herida estadística y emocional: el mejor jugador del mundo todavía no había convertido en una fase eliminatoria mundialista.
Brasil 2014: conductor de una final inesperada
Brasil 2014 cambió la dimensión de Messi con la Selección. Argentina había mostrado una versión más ofensiva en la fase de grupos, pero el torneo mutó desde octavos. A partir del cruce con Suiza, el equipo de Alejandro Sabella se volvió más compacto, más resistente y más consciente de los riesgos.
Suiza llevó el partido hasta el minuto 117. Diego Benaglio sostuvo el cero, Argentina no encontraba espacios y los penales parecían inevitables. Entonces apareció Messi. Recibió en la mitad de la cancha, aceleró hacia el área, atrajo rivales y soltó el pase justo para Ángel Di María, que definió de zurda para el 1-0. No fue un gol suyo, pero sí una jugada enteramente gobernada por él: lectura, pausa, conducción y asistencia decisiva.
En cuartos esperaba Bélgica, una de las selecciones emergentes del torneo. Argentina necesitaba romper una barrera histórica: desde Italia 1990 no alcanzaba una semifinal mundialista. Sabella ajustó el equipo, fortaleció la estructura defensiva y encontró una ventaja temprana por medio de Higuaín, que marcó el 1-0 a los ocho minutos.
Messi no tuvo una noche de estadísticas ruidosas, aunque condicionó todo el plan rival. Bélgica no encontró profundidad y Argentina administró el resultado con madurez. La victoria devolvió a la Selección a una semifinal después de 24 años. También tuvo un costo enorme: Di María, socio principal de Messi en las transiciones, sufrió una lesión muscular y no volvió a estar disponible en plenitud.
La semifinal contra Países Bajos fue una batalla táctica. Louis van Gaal preparó un sistema destinado a bloquear a Messi, y Sabella respondió con un equipo disciplinado, paciente y dispuesto a sufrir. El partido terminó 0-0 después de 120 minutos. Javier Mascherano se convirtió en símbolo de resistencia, especialmente por su cruce salvador ante Arjen Robben.
En los penales, Messi tomó la primera ejecución argentina y convirtió. Sergio Romero atajó los remates de Ron Vlaar y Wesley Sneijder; Ezequiel Garay, Sergio Agüero y Maxi Rodríguez completaron una serie perfecta. Argentina volvió a una final de la Copa Mundial. Messi, sepultado bajo el abrazo de sus compañeros, quedaba a un partido de cambiar para siempre su historia con la Selección.
La final ante Alemania en el Maracaná fue una oportunidad enorme y una herida profunda. Argentina compitió de igual a igual y tuvo chances claras: Higuaín remató desviado tras un error de Toni Kroos, luego convirtió en posición adelantada, Messi cruzó un zurdazo apenas afuera y Rodrigo Palacio desperdició otra ocasión en el alargue.
Alemania encontró el gol a los 113 minutos, cuando André Schürrle desbordó por izquierda y Mario Götze definió de zurda tras controlar con el pecho. Messi todavía tuvo un tiro libre lejano en la última acción, pero la pelota se fue por encima del travesaño. El final lo dejó parado frente a la Copa que no pudo levantar.
Rusia 2018: talento en medio del desorden
La eliminación ante Francia en Kazán fue una de las más extrañas de la era Messi. Argentina, con Jorge Sampaoli en el banco, fue un caos. Llegó a octavos después de una fase de grupos turbulenta, con cambio de sistema, tensión interna y clasificación agónica ante Nigeria. Sampaoli decidió utilizar a Messi como falso nueve y dejó a Higuaín y Agüero en el banco. La idea era quitar referencias, pero el equipo quedó partido y expuesto a las transiciones francesas.
Kylian Mbappé marcó el tono del partido con una corrida demoledora que terminó en penal de Marcos Rojo. Antoine Griezmann convirtió el 1-0. Argentina empató con un zurdazo espectacular de Di María y pasó al frente al inicio del segundo tiempo, cuando un remate de Messi fue desviado por Gabriel Mercado.
Francia respondió con el golazo de Benjamin Pavard y luego Mbappé golpeó dos veces en cuatro minutos. El 4-2 pareció cerrar el partido, aunque Argentina todavía encontró el descuento con un cabezazo de Agüero tras centro de Messi. Hubo una última pelota al área, pero el empate nunca llegó.
Messi participó en los goles argentinos, pero el partido dejó una sensación de fin de ciclo. Francia era un equipo joven, físico y preparado para explotar cada pérdida. Argentina dependía de impulsos individuales dentro de una estructura quebrada. Mbappé, con 19 años, apareció como espejo generacional: la nueva estrella mundial eliminaba al futbolista que todavía cargaba con el sueño pendiente.
Qatar 2022: la eliminación directa como territorio propio
En Qatar, Messi reescribió su historia. Australia fue el rival de octavos de final y también el partido número 1000 de su carrera profesional. Allí convirtió por primera vez en una fase eliminatoria de la Copa Mundial. Recibió dentro del área, encontró un espacio mínimo entre piernas rivales y definió de zurda para abrir el 2-1 argentino. Julián Álvarez amplió y Emiliano Martínez sostuvo la clasificación con una atajada decisiva ante Garang Kuol en la última jugada.
En cuartos apareció Países Bajos, otra vez con Van Gaal enfrente. El técnico neerlandés había señalado que Messi participaba poco cuando Argentina no tenía la pelota. El capitán respondió con una de las mejores asistencias de su carrera: recibió entre líneas, amagó a conducir hacia un lado y filtró un pase imposible para Nahuel Molina, que marcó el 1-0. Después convirtió de penal y celebró frente al banco rival.
El empate neerlandés en la última jugada del tiempo reglamentario llevó el partido al alargue y luego a los penales. Messi volvió a ejecutar primero y convirtió. Dibu Martínez atajó dos tiros y Lautaro Martínez selló la clasificación. La noche dejó frases, cruces y tensión (¿Qué mirás, bobo?), pero también una confirmación futbolística: Messi ya gobernaba los partidos límite.
La semifinal contra Croacia fue una de sus actuaciones más completas en Mundiales. Argentina venía de sufrir ante Países Bajos y enfrentaba al equipo que la había golpeado 3-0 en Rusia 2018. Messi abrió el marcador de penal y Julián Álvarez aumentó tras una corrida memorable. En el segundo tiempo llegó la jugada que definió el partido: Messi recibió sobre la derecha, encaró a Joško Gvardiol, frenó, arrancó de nuevo, giró junto a la línea y asistió a Julián para el 3-0.
La final contra Francia fue el capítulo definitivo. Argentina dominó desde el inicio con Di María abierto por izquierda, una modificación que sorprendió a Didier Deschamps. Messi convirtió de penal y Di María marcó el 2-0 después de una jugada colectiva brillante. El partido parecía controlado hasta que Mbappé descontó de penal y empató con una volea extraordinaria en apenas 97 segundos.
En el alargue, Messi marcó el 3-2 tras capturar un rebote dentro del área. Mbappé volvió a igualar de penal y llevó la definición a los tiros desde el punto penal. Antes, Dibu Martínez evitó el gol de Randal Kolo Muani con una atajada histórica en el minuto 123.
Messi convirtió su penal en la serie. Paulo Dybala, Leandro Paredes y Gonzalo Montiel completaron el camino. Argentina volvió a ser campeona del mundo después de 36 años y Messi terminó la fase eliminatoria de Qatar con goles ante Australia, Países Bajos, Croacia y Francia. El territorio que durante años había sido usado para cuestionarlo se convirtió en el escenario de su consagración.
Messi y una nueva jornada de eliminación directa en el Mundial 2026
El cruce ante Cabo Verde llega con Messi en una posición inédita para su carrera mundialista, en plenitud de forma a sus 39 años. Ya no persigue la Copa que le falta. La defiende. Después de Qatar, cada partido de eliminación directa tiene otro peso simbólico: no se trata de completar una deuda, sino de extender una obra que parecía cerrada en Lusail.
Ahora, en el Mundial 2026, jugará su partido número 13 de eliminación directa en Copas del Mundo. La frase vuelve a tener sentido porque el formato cambió, el rival es nuevo y el escenario será Miami, pero la regla permanece intacta: para Messi y para Argentina, ahora empieza la Copa del Mundo.
