Dicen que “Roma no se construyó en un día”, ni tampoco un equipo contendiente de la de la NFL. Dicen que la paciencia es una virtud, pero me queda claro que pocos son los fans de la NFL que tienen paciencia. Ganar en esa liga no es fácil. Toma mucho tiempo, dinero y esfuerzo, y…paciencia.
El domingo me tocó estar en la narración del juego entre Buffalo vs Pittsburgh y me queda claro que los Bills van por buen camino, pero que todavía les faltan ingredientes para ser un plato fuerte.
El equipo de Buffalo es como un adolescente de 18 años. Técnicamente ya es adulto, pero no siempre se comporta como tal. Igual los Bills. Así como son capaces de jugar “al tú por tú” con Baltimore, el líder de la AFC, y New England el líder de su división, pueden perder contra equipos que son un enigma como Cleveland, u otro que ha sido inconsistente como Philadelphia. Pero en Buffalo hay un plan que marcha viento en popa.
En el 2017, los nuevos dueños Terry y Kim Pegula contrataron a Brandon Beane como gerente general, y con su ayuda, a Sean McDermott como head coach, ambos procedentes de las Panteras de Carolina. Entre los dos, empezaron a conseguir y ensamblar las piezas de un conjunto que está todavía en etapa de desarrollo. Heredaron a un equipo que había terminado 7-9 un año antes bajo la dirección de Rex Ryan. El reto era transformar a una franquicia que en otro tiempo fue gloriosa, pero que se había ausentado de la postemporada desde 1999.
Ya había algunas piezas del rompecabezas, pero empezaron a armar un contendiente serio POCO a POCO. El primer año aseguraron dos piezas vitales que tienen los equipos ganadores, un tackle izquierdo, Dion Dawkins, y un esquinero capaz de borrar al mejor receptor del rival, Tre’Davious White. Dawkins es un jugador sólido, pero White entre en el debate del mejor esquinero de la NFL con Jalen Ramsey y Stephon Gilmore. Hay otros de mucha calidad, pero estos tres están en otro nivel. También en 2017, Beane y McDermott apostaron por un par de safeties que habían sido “cumplidores” pero no estrellas en Cleveland y Green Bay, Jordan Poyer y Micah Hyde. De pronto, este equipo con una línea ofensiva sólida, LeSean McCoy como corredor y Tyrod Taylor de quarterback, fue capaz de romper el hechizo y calificar a playoffs.
En 2018, hubo crisis en la línea ofensiva con retiros, bajas en agencia libre y lesiones y un ataque terrestre prolífico desapareció, pero ese año también marcó la llegada de Josh Allen el futuro del equipo y líder de la ofensiva, y de Tremaine Edmunds, su contraparte en la defensiva. También reforzaron la línea defensiva firmando a jugadores como Trent Murphy, Jordan Phillips y Star Lotulelei.
En 2019, hubo una restructuración masiva de la línea ofensiva tanto en agencia libre como en el draft. Firmaron a Mitch Morse, Quinton Spain y Jon Feliciano, todos ellos titulares, y reservas como Ty Nsekhe y Spencer Long. En el draft seleccionaron a Cody Ford en segunda ronda. Una unidad mediocre es ahora una de las más fuertes en la NFL. También en agencia libre buscaron reforzar al grupo de receptores con John Brown y Cole Beasley. Igualmente, en el draft seleccionaron a Ed Oliver, Devin Singletary y Dawson Knox. Todos ellos han tenido un gran impacto.
“Calma y nos amanecemos” dice otro dicho. Para 2020, un año en que se espera que el límite de nómina rebase los 200 millones de dólares, Buffalo tendrá la cuarta mayor cantidad de dinero para invertir en sus jugadores con aproximadamente 88.5 millones de dólares. Anticipo que buscarán a uno o dos receptores más, de preferencia que midan arriba de 1.85 metros de estatura, y a un corredor que complemente a Singletary. El resto de las contrataciones podrían ser para adquirir profundidad en cada una de sus unidades.
No veo todavía a Buffalo como contendiente para el Super Bowl en 2019, quizás tampoco para ganar su división, aún si vencen a New England este domingo. Sí los veo como serios candidatos a desbancar a los Pats en la cima de la División Este a partir de 2020.
Además de los refuerzos del próximo año, faltarían dos cosas muy importantes: 1) Asumir una identidad ofensiva. Por el momento no la tienen. A McDermott le gustaría un equipo que dominara por tierra y controlara el tiempo de posesión, pero no estoy seguro que su coordinador ofensivo, Brian Daboll, comparta esa filosofía; y 2) que Josh Allen mejore un poco, no necesita mucho, pero por lo menos un poco, como pasador tomando mejores decisiones y trabajando en su técnica individual para logar ser más certero.
Para los fans de Buffalo que han sufrido por años les dejo otro dicho: “No hay que llegar primero, pero hay que saber llegar”. Esta dupla de McDermott y Beane SABE lo que está haciendo y cuando lleguen lo harán para quedarse.
Las fanaticadas de Arizona y NYG seguramente vieron por última vez a dos futuros miembros del Salón de la Fama, Larry Fitzgerald y Eli Manning. Larry ha tenido una temporada buena a secas, pero su nivel dista mucho de aquel fenómeno que aterrorizó a las defensivas en los playoffs de 2008. Lleva hasta el momento 67 recepciones para 711 yardas y tres touchdowns. No está nada mal para un equipo en reconstrucción, pero no estoy seguro que tenga la motivación para regresar. Le gusta recorrer el mundo durante el receso de temporada y tiene muchas actividades altruistas y de negocios.
Eli quisiera seguir jugando, pero en NY donde sabe que ya le dieron la vuelta a la página y en donde Daniel Jones es el futuro quarterback. Mi perspectiva es que se retirará de la NFL. Eli se despidió de sus fans con una victoria, lo cual deja su marca global en 117 victorias y 117 derrotas en temporada regular y 8-4 en postemporada incluyendo dos victorias en el Super Bowl, ambas como MVP, ante Tom Brady y los Patriotas.
Nadie debate los méritos de Larry Fitzgerald para llegar en su primer año de elegibilidad al HOF. Vaya que se debaten los de Eli por su marca ganadora y el número de intercepciones que lanzó. Nadie tiene más intercepciones en la historia de la NFL que Brett Favre, Eli tiene 244 incluyendo las tres que lanzó el domingo. También tiene 366 pases de touchdown, lo cual lo pondría como el N° 7 en la historia de la NFL.
A lo largo de sus 16 años en la NFL Eli tuvo sólo NUEVE jugadores que fueron seleccionados al Pro Bowl, la mayoría entre 2004 y 2011, el período que lo vio ganar esos dos Super Bowls. Después de 2011, sólo Víctor Cruz (2012), OBJ (2014-16) y Saquon Barkley en 2018, lo hicieron.
Me llenó de profunda tristeza ver el último juego de los Raiders en Oakland. Hay pocas aficiones que tengan la identidad y la pasión que la de los Raiders. La franquicia fue gloriosa durante décadas, pero se han distinguido por su mediocridad en los últimos años. Tuve una vez la oportunidad, junto con Álvaro Martín, de caminar en el estacionamiento del Coliseo de Oakland entre estos aficionados. Era el "MNF" de la primera semana de la temporada 2018. El chofer de Uber nos dejó en la entrada del estacionamiento y tuvimos que caminar como 700 metros. Muchos fans son latinos y nos reconocieron. Nos ofrecían de TODO en los “tailgates”. Nos tomamos una gran cantidad de fotos y “selfies” y lo único que recibimos fueron muestras de afección. Poco después, pude acercarme al “Hoyo Negro” y sentir como vibraba la pasión de estos aficionados. No se merecen perder su equipo. No me malinterpreten. Esta afición es BRAVA, pero es NOBLE.
Ahora los Raiders jugarán en un ambiente estéril en un estadio lujoso que JAMÁS tendrá la personalidad del Coliseo y ante fans cuya mayoría serán trasplantados, como lo es la mayoría de la población de Las Vegas. El equipo ya dejó Oakland una vez, pero regresó. Esta vez el adiós es para siempre. Quizás Oakland pudo haber hecho un esfuerzo por construir un estadio nuevo, pero es una ciudad en donde hay muchas necesidades y carencias.
Pienso que Pittsburgh va a calificar a postemporada gracias a su excelente defensiva y porque el calendario se les acomoda. En realidad, se están disputando dos puestos entre tres equipos: el liderato de la División Sur y el último puesto de comodín. Todo parece indicar que este puesto quedará entre Pittsburgh y Tennessee. Los Acereros visitarán a Jets y a un Baltimore que posiblemente ya haya asegurado el primer puesto de la conferencia. Tennessee recibirá a un New Orleans que todavía pelea por ser el primer sembrado de la NFC y luego visita a Houston, quizás para decidir el liderato de la división. Es posible, pero poco probable, que Tennessee gané su división y que Houston quede como el sexto equipo en la conferencia.
Pittsburgh no tiene que dominar ofensivamente, tan solo tienen que proteger el ovoide. No será fácil porque los dos quarterbacks que han jugado recientemente han lanzado cuatro intercepciones cada uno en las últimas derrotas. Devlin Hodges tendrá otra oportunidad contra Jets. Ha demostrado que puede jugar con eficiencia. En realidad, Pittsburgh no tiene una alternativa mejor.
No pierdan de vista a Minnesota. Esta semana se juegan el liderato de división en casa ante Green Bay. Es posible que no cuenten con Dalvin Cook por un buen rato, pero los dos suplentes son más que capaces. Si a Cook le diera una calificación de 9, le daría 8.5 a Alexander Mattison y 8 a Michael Boone.
Finalmente, Dallas y New Orleans fueron los mejores equipos de la NFC. Lo de Dallas fue sorpresa. Ese es el nivel que pueden alcanzar, pero no han logrado consistencia a lo largo de la temporada. La fórmula no es complicada teniendo a un corredor como Ezekiel Elliott.
La victoria de New Orleans no fue sorpresa, pero sí la manera como dominaron a Indianapolis. Drew Brees salió inspirado y completó 29 de 30 pases con cuatro touchdowns, dejando atrás a Peyton Manning con el record de anotaciones por pase lanzados. Son el equipo a vencer en la Nacional.
¡Hasta la próxima!
