El asturiano se quedó parado en la pista durante la tarde del jueves de Baréin, penúltima jornada de pretemporada de F1 y acumuló el segundo día consecutivo con problemas.
El millonario Lawrence Stroll no se amilanó en el gasto para convertir al equipo Aston Martin en contendiente a la corona de Fórmula 1. Después de comprar Force India, el canadiense que amasó su fortuna en el mundo de la moda decidió renombrar al team como Racing Point, antes de convertirlo en Aston Martin. Desde entonces, apostó todo por pelar por triunfos y títulos. Contrató ingenieros de los más importantes de escuderías rivales, sumó a Sebastian Vettel, cuando alemán se retiró fue a buscar Fernando Alonso, construyó una nueva planta de última generación de 37.000 metros cuadrados en Silverstone… Pero los éxitos no llegaron. El señor Stroll redobló la apuesta: contrató a Adrian Newey para que diseñara el auto de 2026 bajo el nuevo reglamento técnico, lo nombró director del team y cerró filas con Honda para que sea proveedor exclusivo de unidades de potencia. Pero la historia no comenzó bien.
Newey concibió el diseño más radical bajo la flamante normativa, aunque con retrasos que el mismo gurú que estuvo detrás del éxito de Red Bull reconoció en, al menos, tres meses con respecto a los rivales. El equipo apenas pudo girar en el último día de los ensayos privados de Barcelona, justamente por esa tardanza de Silverstone. Las soluciones encontradas en la suspensión y elementos aerodinámicos llamaron la atención del paddock, pero tenía que demostrar que era veloz y confiable, y ahí empezaron los problemas.
Fernando Alonso tenía todas las esperanzas puestas en el AMR26. El bicampeón 2005-2006 con Renault tiene un apremio por conseguir resultados contra el que no puede combatir: el calendario. El español cumplirá 45 años el 29 de julio y sigue esperando conseguir la victoria 33 (no gana desde el GP de España de 2013). El anhelo del tercer título (llegar al tricampeonato es entrar a un nivel superior en la historia) parece archivado para el corredor con más Grandes Premios disputados (425).
Alonso empezó a vivir un deja vu con Honda, la marca que proveía de motores a McLaren en 2015, 2016 y 2017, tiempos en los que no logró ganar ni luchar adelante nunca por la falta de potencia del impulsor. Fue de las peores épocas del team de Woking, al que llegó tras su paso por Ferrari, equipo con el que perdió un Mundial increíble en 2010 por un error de estrategia que aún hoy genera retorcijones en las entrañas de Maranello. Después de McLaren vivió un paso opaco por Alpine y llegó a Aston Martin con los puños cargados de ilusión.
El arranque de la vida del AMR26 fue complicado. Lance Stroll, su compañero de equipo dijo en la primera semana de Baréin que estaban a cuatro segundos de la punta. Alonso optó por la cautela: “No creo que haya nada imposible de arreglar. Pero sí, tenemos que esperar y ver qué pasa. Intentaremos arreglar todo lo que podamos antes de Australia. Y luego, antes de que sea demasiado tarde en el campeonato, intentaremos arreglar todo lo posible en las primeras carreras”, señaló antes de comenzar la segunda semana de Baréin.
Sin embargo, los problemas continuaron. El miércoles, en la primera jornada de la semana final, Alonso se pasó las dos últimas horas de la sesión matutina si el buzo de piloto, sentado en el paddock, charlando con Newey, mientras los mecánicos trabajaban en el AMR26. Este jueves fue destinado por completo al asturiano, quien durante la mañana logró completar 40 vueltas, lejos de los tiempos de punta, pero al menos sin problemas. Pero duró poco. Por la tarde, en plena simulación de carrera y tras 26 rondas, su Aston Martin se quedó plantado en plena pista y la tanda se paró con bandera roja.
Alonso volvió a boxes en un coqueto Mustang que ofició de safety car, mientras los mecánicos de Aston Martin llegaron hasta la cuarta curva a buscar el AMR26, todos munidos con guantes de goma, protocolo de seguridad por la parte eléctrica. El motivo de la detención fue la repentina pérdida de potencia de la unidad de potencia Honda. Newey habló puertas adentro deberán pasar seis o siete carreras para tener un auto competitivo y que sabe cómo solucionar los problemas. La paciencia de Lawrence Stroll y el documento de Alonso no pueden esperar más.
