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Eddie Jones y su mayor arrepentimiento: haber dirigido a Australia en el Mundial 2023

El experimentado entrenador australiano Eddie Jones, actual head coach de Japón, volvió a dejar declaraciones fuertes al repasar su carrera y sorprendió al revelar cuál fue su mayor arrepentimiento en el alto rendimiento. Contra lo que muchos podrían imaginar, no apuntó a la derrota en la final de la Copa del Mundo de 2019, en la que Inglaterra cayó 32-12 ante los Springboks en Yokohama, sino haber aceptado dirigir a Australia con poco margen de preparación para la Copa del Mundo 2023 en Francia, donde quedaron eliminados en fase de grupos por primera y única vez en su historia.

“Perder una final duele, pero no es lo que más lamento. A veces el rival es mejor y hay que aceptarlo”, explicó el coach, que lejos de señalar ese partido como la espina más profunda de su trayectoria, Jones puso el foco en una decisión mucho más reciente: haber aceptado dirigir nuevamente a los Wallabies en 2023, a pocos meses del Mundial. El entrenador asumió en enero de ese mismo año, tras la salida de Dave Rennie, con escaso margen para implementar su sistema y consolidar un plantel en plena transición generacional. “Si pudiera cambiar algo, probablemente no habría tomado el puesto en ese momento. Habría preferido construir el ciclo completo hacia 2027”, reconoció con autocrítica.

Australia llegó al Mundial con un plantel renovado y decisiones fuertes en la convocatoria, pero el resultado fue histórico y negativo: quedó eliminada en fase de grupos por primera vez. La falta de tiempo para desarrollar una identidad clara y la presión inmediata del torneo más importante del calendario condicionaron el proceso. “No tuvimos el tiempo suficiente para construir lo que queríamos. Fue un desafío enorme y no salió como esperaba”, admitió el entrenador, consciente del impacto que tuvo aquella campaña en el rugby australiano.

Más allá de ese traspié, la carrera de Jones incluye hitos significativos, como el histórico triunfo de Japón sobre Sudáfrica en 2015 y la racha de 18 victorias consecutivas con Inglaterra entre 2016 y 2017. Fiel a su estilo frontal, el australiano dejó una reflexión que trasciende resultados: en el alto rendimiento no solo importa el desafío, sino también el momento en que se asume. Y para uno de los entrenadores más influyentes de la era profesional, esa elección, más que una final perdida, es la que hoy reconoce como su mayor lección.