Sudáfrica volvió a demostrar por qué es el mejor equipo del momento. Con apenas algunos ajustes de su juego le alcanzó para doblegar a un rival de jerarquía. En Dublín, los Springboks vencieron a Irlanda 24-13 y cerraron el año con otro triunfo e invictos su gira europea. Lo mejor del rugby, en Disney+ Plan Premium .
La primera mitad fue un torbellino. Sudáfrica sacó a relucir su oficio y obligó a los locales a acumular amarillas por indisciplinas innecesarias. Desde las formaciones fijas llegaron los tries: primero un line que en dos fases finalizó Damian Willemse, luego un scrum que definió Cobus Reinach, y más tarde un try penal desde otro scrum, donde los campeones del mundo fueron implacables. Irlanda respondió con un try de Dan Sheehan, pero quedó condicionado por las sanciones: la tarjeta inicial a James Ryan terminó en roja por lanzarse de cabeza en un ruck, y después llegaron las amarillas a Sam Prendergast (34’), Jack Crowley (40’) y Andrew Porter (43’).
El complemento arrancó con apenas 12 jugadores para los anfitriones, aunque sorprendieron con un penal de Prendergast que sumó tres puntos. Si en el primer tiempo el scrum fue dominio sudafricano, en la segunda parte se transformó en una pesadilla para los europeos. Los Springboks no lograron traducir toda esa superioridad en más puntos, pero cada vez que entraron a los 22 metros obtuvieron rédito. Desde allí se originó el try de Sacha Feinberg-Mngomezulu, con un hand off que lo llevó directo al ingoal.
Sudáfrica no brilló, pero le bastó con su defensa férrea y la supremacía en el scrum. Terminó los últimos minutos defendiendo en su propio ingoal, con 11 puntos de diferencia, mostrando los dientes cuando hizo falta. No es un equipo perfecto, tiene grietas, pero incluso con ellas, hoy los Springboks son -sin discusión- el mejor equipo del planeta.
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