La eliminación en fase de grupos, al caer frente a Eslovenia en la última fecha del Grupo D, dejó un sabor amargo para Las Panteras, que aspiraban a meterse en octavos de final del Mundial femenino de vóleibol.
De todos modos, Tailandia 2025 no fue un torneo totalmente negativo para el seleccionado argentino, que aspira a sostenerse en el segundo pelotón internacional: mostró virtudes colectivas, crecimiento en su identidad de juego, el brillo de Bianca Cugno y el rodaje competitivo de varias jugadoras muy jóvenes que representan el recambio generacional en una nueva era de Mundiales cada dos años.
Cugno, de 22 años y 1,92, participó de su segundo Mundial, brilló en las dos primeras fechas (sus 29 puntos frente a Estados Unidos son la segunda marca más alta de una argentina en un Mundial) y cerró el torneo como una de las máximas anotadoras de la fase inicial, con 70 puntos y un promedio de 23,3 por juego.
También fue el segundo Mundial para la capitana Victoria Mayer, de 24 años y 1,78: es titular desde 2019 y sigue sumando experiencia en su currículum que incluye unos Juegos Olímpicos, en Tokio.
Bianca Bertolino, que arrancó como titular, es una de las grandes apuestas de la era Castellani: la receptora punta tiene 23 años y 1,84 metro y se enfrentó a la exigencia de asumir grandes responsabilidades, aun con ciertas irregularidades muy lógicas. En esa función, aunque tuvo menos participación, también aparece Nicole Pérez, de 21 años y 1,80.
El karma de las centrales
La central Avril García tuvo una de las grandes oportunidades de su carrera: con 21 años recién cumplidos y 1,84 metro, la central era titular indiscutida en un equipo que había perdido por lesiones previas a Bianca Farriol y Candelaria Herrera, dos jugadoras fundamentales.
Sin embargo, García se lesionó en el primer set contra EEUU y no volvió a pisar la cancha en ese juego ni en la fecha siguiente contra Eslovenia. Más allá de eso, seguramente sumó una experiencia clave.
En ese plano, aun cuando pueda celebrarse el rodaje de las más jóvenes, la presencia de Farriol y Herrera, con experiencia olímpica y mundialista, le habría dado mayor consistencia al rendimiento argentino: sus aportes en bloqueo y las salidas en ataque de primeros tiempos hubieran sido de enorme utilidad.
Las pibas del Sub 21
Micaela Cabrera y Martina Bednarek llegaron a Tailandia sin haber participado de la gira previa de la Selección Mayor, ya que estaban jugando el Mundial Sub 21: la central, de 20 años y 1,82, fue titular en Las Panteras mundialistas y la opuesta, de 19 años y 1,86, ingresó en tres momentos contra Estados Unidos y en un set frente a Eslovenia, algo esperable por ser suplente de la estelar Bianca Cugno.
Castellani es optimista
“Para varias chicas fue su primer Mundial a una edad muy temprana y eso es muy importante a futuro. En el objetivo de ser competitivos en el el segundo pelotón del ranking ya empezaron a aparecer buenos resultados, como el triunfo frente a República Checa”, planteó Daniel Castellani en diálogo con ESPN.
“Obviamente, hay tristeza por la eliminación, pero estamos contentos porque hay un panorama alentador a futuro y defendimos puntos en el ranking, por lo que quedamos muy bien posicionados para dar batalla por el ascenso a la VNL 2027”, agregó el entrenador, quien no viajó a Tailandia debido a un tratamiento médico, razón por la cual Facundo Morando estuvo al frente el cuerpo técnico.
“El Mundial también nos deja un desafío, porque debemos afianzar nuestro estilo de juego y fortalecernos en lo que sí podemos ser fuertes: saque, recepción, defensa, variación de ataque”, puntualizó respecto de las características físicas que marcan el panorama argentino. Potenciar esa identidad será la clave a partir de 2026.
En ese sentido, lo mejor del repertorio colectivo de Argentina se vio en las dos primeras fechas, especialmente cuando varió el saque para incomodar a sus rivales, lo que le permitió activar su sistema de bloqueo-defensa y, de ese modo, alimentar su contraataque.
“Por supuesto, no siempre logramos ser competitivos contra rivales de ranking similar al nuestro. Estoy totalmente de acuerdo con Facu respecto del juego con Eslovenia: cuando el equipo puede recibir y tener continuidad, podemos dar batalla y ganar”, amplió.
“El problema más grande es que tenemos que darle continuidad a la recepción para tener la pelota cerca de la red. Obviamente, no somos un equipo dotado físicamente y, por eso, cuando la pelota se separa de la red, en ataque nos cuesta mucho más que a los europeos”, completó.
