Chivas y ‘La Hormiga’ González pretendían romper récords institucionales. Sin embargo, la mejor versión de ‘La Máquina’ arruinó todas las expectativas rojiblancas
LOS ÁNGELES -- Noche fastuosa en cancha, en la tribuna, y en la actitud espartana de cada jugador, y el mejor Cruz Azul del torneo sometió al equipo puntero del torneo: 2-1 sobre Chivas, al que le quita el invicto.
Intensidad, compromiso, y el entendimiento mutuo de que estaban frente a uno de esos adversarios colosales que aguardarán en Liguilla. Era claro, Cruz Azul y Chivas, querían saber de qué estaban hechos, ellos mismos, y su contrincante. Y los casi 100 minutos fueron un regocijo de buen futbol.
‘El Toro’ Fernández marcó la diferencia en el primer tiempo y le hizo su sexto gol a Chivas. Diego Campillo entendió la diferencia entre congelar a un futbolista en el ocaso atléticamente como Henry Martín, y sufrir ante otro, con la potencia vigente del uruguayo. No, no fue culpa de Campillo la derrota, fue la presencia de un adversario con más arrebato físico, mañas, marrullería y contundencia.
El rescate efímero de Chivas para el 1-1 llegó de la banca. En un matrimonio de vértigo y precisión, Brian Gutiérrez profundizó con Ricardo Marín, y su centro encontró el cabezazo certero, con el sello de ese pescuezo aventurero, con el que pepena el remate ‘El Cuate’ Sepúlveda.
Y al minuto 85 se escribió la historia. Chivas no había recibido goles de cabeza en el torneo. Esta noche de sábado recibió dos, el primero del Toro Fernández, y el segundo –inesperadamente-- obra de Charly Rodríguez, con otro trazo perfecto de Agustín Palavecino, quien también había asistido en el 1-0.
Chivas y ‘La Hormiga’ González pretendían romper récords institucionales. Sin embargo, la mejor versión de ‘La Máquina’ arruinó todas las expectativas rojiblancas. Las fallidas estadísticas fueron parte del epitafio del marcador en contra.
De agradecerse esos casi 100 minutos, que comenzaron con el riesgo de arruinarse, cuando entre jaloneos, empujones, roces, terminaron por desatar pequeñas trifulcas y zacapelas sin consecuencias, necesario decirlo, con un eficiente trabajo del silbante Maximiliano Quintero, quien recetó siete tarjetas tan solo en el primer tiempo.
Apretado, pero intenso y espectacular el primer tiempo, con manifiesta generosidad de ambición y buen futbol de ambos equipos, y que, con el 1-0 de su epílogo a favor de Cruz Azul, obligó a modificaciones sustanciales para la segunda mitad: Chivas pasó de línea de cinco a línea de cuatro. Hugo Camberos entró por José Castillo y Brian Gutiérrez por Efrain Álvarez.
Nicolás Larcamón reorganizó su equipo ante las amenazas de Gabriel Milito. Pero ni La Máquina reculó obsesionándose con la ventaja del 1-0, ni Chivas perdió personalidad al verse por primera vez en desventaja en el torneo.
Y sí, toda la carambola de situaciones, ajustes y reacomodos, terminaron por provocar que el complemento resultara de altísima intensidad y goce, como la primera mitad.
La mejor noticia para Chivas, en medio de la derrota, es la aparente recuperación de Hugo Camberos, esta vez, aportando dinámica, idea, profundidad y consistencia en trabajos defensivos incluso. Además, la verticalidad de Brian Gutiérrez, esa que ha seducido a Javier Aguirre, también fue una manifiesta tortura desde su ingreso.
Por Cruz Azul, en una noche perfecta de sus jugadores, sobresaliente el trabajo de Willer Ditta, y por supuesto las atajadas soberbias de Andrés Gudiño, que al menos anestesió un par de disparos que hurgaban desesperados hacia la red.
Ahora Chivas deberá visitar a otro de los grandes favoritos al título, el Bicampeón Toluca. Cruz Azul, en tanto, viaja a encerrona con Monterrey.
