La ilusión de Turquía en el Mundial 2026 duró muy poco. Después de regresar a una Copa del Mundo tras 24 años, el equipo dirigido por Vincenzo Montella quedó eliminado en apenas dos fechas del Grupo B, tras perder con Australia en el debut y caer 1-0 frente a Paraguay.
El conjunto europeo llegaba como uno de los equipos jóvenes con mayor proyección del torneo. La presencia de futbolistas consolidados en las principales ligas del continente hacía pensar que podía convertirse en una de las sorpresas del campeonato. Sin embargo, la realidad fue completamente distinta: nunca encontró funcionamiento, careció de contundencia y no logró convertir un solo gol, aunque falta un partido.
La derrota con Australia marcó el rumbo
La primera presentación ya había encendido todas las alarmas. Turquía mostró muchas dificultades para romper el orden defensivo de Australia, dominó largos pasajes del encuentro, pero le faltó profundidad y terminó pagando muy caro cada error.
Las principales figuras quedaron en deuda. Arda Güler, volante del Real Madrid, y Hakan Çalhanoglu, referente del Inter de Milán, estuvieron lejos del nivel que exhiben semanalmente en Europa. Ambos intentaron conducir los ataques, aunque nunca encontraron espacios para desequilibrar y, cuando lograron rematar, se toparon con una actuación sobresaliente del arquero Patrick Beach.
Otro de los nombres que despertaba expectativa era Kenan Yildiz. El delantero de Juventus llegó entre algodones por molestias físicas, comenzó el partido en el banco e ingresó en el segundo tiempo. Su movilidad le dio otra dinámica al ataque, pero tampoco alcanzó para cambiar la historia.
Paraguay expuso todas las limitaciones de Turquía
La segunda presentación fue todavía más frustrante. Matías Galarza marcó el único gol del partido al minuto, aprovechando un error en la salida turca, y desde ese momento el conjunto de Montella volvió a mostrar los mismos problemas ofensivos.
Turquía monopolizó la pelota durante gran parte del encuentro, generó 32 remates y jugó todo el segundo tiempo con un hombre más tras la expulsión de Miguel Almirón. Sin embargo, fue incapaz de vulnerar la sólida defensa paraguaya.
Ni Güler, ni Çalhanoglu, ni Yildiz lograron romper el cerrojo del equipo de Gustavo Alfaro, que resistió gracias al enorme trabajo defensivo de Gustavo Gómez, Omar Alderete, Juan José Cáceres y las intervenciones decisivas del arquero Orlando Gill.
Los ingresos de Baris Alper Yilmaz, Can Uzun y Deniz Gül le dieron algo más de presencia ofensiva, pero las decisiones apresuradas, la falta de claridad y la escasa eficacia terminaron condenando al conjunto europeo.
El llamativo dato que resume la eliminación turca
Los números reflejan a la perfección el fracaso de Turquía en el Mundial. En dos partidos, el equipo de Vincenzo Montella no logró convertir goles pese a haber intentado 62 remates (30 ante Australia y 32 frente a Paraguay). En contraste, sus rivales apenas necesitaron 16 disparos para marcarle tres tantos, una diferencia que explica la temprana eliminación de una selección que llegaba con grandes expectativas y terminó pagando muy cara su falta de eficacia.
Una generación que prometía mucho y se quedó sin respuestas
La convocatoria turca reunía a varios de los futbolistas con mayor proyección del fútbol europeo. Arda Güler y Kenan Yildiz representan el futuro de la selección, mientras que jugadores experimentados como Hakan Çalhanoglu y Merih Demiral debían aportar liderazgo en un plantel con aspiraciones importantes.
Sin embargo, ninguno logró asumir el protagonismo esperado. Turquía mostró una circulación lenta, excesiva dependencia de las individualidades y muy pocas soluciones colectivas cuando los rivales le cerraron los espacios.
Un Mundial lejos del recuerdo de 2002
La eliminación vuelve a dejar a Turquía muy lejos de su mejor actuación histórica. Tras participar por primera vez en 1954, cuando alcanzó la fase de grupos, el gran momento llegó recién en el Mundial de Corea-Japón 2002.
En aquella edición fue una de las grandes revelaciones: superó la fase de grupos, eliminó a Japón en octavos, derrotó a Senegal en cuartos con un gol de oro de İlhan Mansız y solo cayó en semifinales frente a Brasil. Luego se quedó con el histórico tercer puesto al vencer a Corea del Sur.
Veinticuatro años después de aquella campaña inolvidable, el regreso mundialista terminó siendo una enorme decepción. Con una de las generaciones más talentosas de su historia reciente, Turquía volvió a despedirse antes de tiempo y dejó la sensación de haber desaprovechado una oportunidad que parecía ideal para volver a competir entre las mejores selecciones del mundo.
