El técnico guatemalteco pidió abiertamente la nacionalización del joven Elian Lanfranchi tras destacar su perfil como delantero
La victoria dejó tres puntos… pero también dejó un mensaje. Y no fue uno cualquiera.
Amarini Villatoro aprovechó el triunfo 2-1 de Cartaginés ante Asociación Deportiva San Carlos para poner sobre la mesa un tema que va más allá del resultado: el talento joven y las decisiones estructurales en el fútbol costarricense.
El foco lo puso en un nombre propio: Elian Lanfranchi.
Un delantero de raíces argentinas de apenas 16 años que empieza a asomarse… y que ya genera conversación dentro del club.
Villatoro no dudó.
“No entiendo… la Federación debería nacionalizarlo ya, es el biotipo de jugador que tiene, no hay muchos”, lanzó en conferencia, en una de las frases que más ruido generó tras el partido.
Y fue más allá.
“Si estuviera en mi país, yo ya lo hubiera nacionalizado”, añadió, dejando claro que no se trata solo de una opinión, sino de una postura firme basada en su experiencia.
El técnico guatemalteco fue directo en su argumento.
Lanfranchi no es un jugador más.
“Es un nueve con características que no abundan”, explicó, apuntando a un perfil físico y futbolístico que considera diferencial en el contexto actual.
Y en un fútbol donde la producción de delanteros es tema recurrente, su señalamiento no pasa desapercibido.
Más allá del discurso, Villatoro también dejó claro que la decisión de darle espacio al joven no fue improvisada.
Fue conversada. Fue respaldada.
“Era una charla que tuvimos con los capitanes… me la voy a jugar así o la jugamos así, y el grupo respaldó”, reveló, evidenciando que la apuesta por Lanfranchi nace desde adentro del vestuario.
Ese respaldo se vio en cancha. Y también en el resultado.
El entrenador también hizo autocrítica sobre su proceso y cómo ha ido entendiendo mejor el talento joven del club.
“Tal vez me equivoqué antes por no conocer bien a los muchachos… ahora con más tiempo los referenciamos mejor”, reconoció, dejando ver una evolución en su manejo de la cantera.
Pero también marcó un límite. Dar minutos no significa exponer.
“No me gusta recargar la presión sobre los más jóvenes… hay que protegerlos”, explicó Amarini, consciente del equilibrio que requiere este tipo de decisiones.
