Llevan apellidos ilustres, cargados de linaje para el mundo del rugby, ganadores, plagados de laureles con Hindú y con Los Pumas. Ellos hacen un culto de la amistad. Toda la vida en Don Torcuato, como sus papás, pero con lazos fortísimos, esos que marcan y dejan huella. Se abrazan para la foto y en sus ojos se puede percibir esa alegría de estar tomado a un amigo, ese que es incondicional y que encima el destino los une en una cancha de rugby.
Pascal Senillosa y Ramón Fernández Miranda caminan juntos, son compinches, comparten cancha y se buscan apenas termina el partido para darse un abrazo y decirse unas palabras. Van juntos a saludar a los hinchas del Elefante y esa unión no solo es en Don Torcuato, sino que también en Los Pumitas, donde se bañaron en bronce hace poco más de un mes, como sus padres en 2007 con el seleccionado mayor.
Hernán Senillosa pose varios récords en Hindú con 370 partidos y 248 tries que se entrelazaron con 18 títulos. En Los Pumas jugó 33 tests-matches y dos mundiales (Australia 2003, además de Francia 2007). Nicolás Fernández Miranda, hoy entrenador de Pumitas, sumó 352 presencias y 11 títulos dentro de la cancha y sumó otros 9 como entrenador del equipo. Con la celeste y blanca disputó 46 test-matches entre 1994 y 2007. En esos años, participó de tres copas del mundo: Gales 1999, Australia 2003 y Francia 2007.
Ahora los que empiezan a llamar la atención dentro de la cancha son sus hijos, que comienzan a transitar un camino en medio de familias bien ovaladas. La amistad entre ellos funciona dentro de la cancha como una pared de memoria táctica: no necesitan mirarse para saber dónde está el otro; corren por inercia y confianza, como si jugaran de memoria en el patio de su casa. Si uno les pregunta cuándo se conocieron ninguno de los dos seguramente lo recuerde, porque la amistad vino desde el cordón umbilical. “Jugamos juntos desde los 5 años”, cuenta el fullback y el centro aporta más sobre esa amistad: “Compartimos grupo de amigos, así que estamos todo el día juntos”.
Hindú se impuso al SIC por 24-18 en Don Torcuato por el URBA Top 14, un rival que está sentado en la mesa de los aspirantes a semifinalistas. Era imperativo obtener un triunfo para seguir soñando con llegar a la cancha del CASI para la definición del campeón. El Elefante pisó fuerte, resistió y obtuvo una victoria muy preciada sobre un rival directo. Todavía falta, pero en esta recta final poder encumbrar un triunfo de este tenor inyecta alegría y confianza. La dupla rompió el cero y le puso su firma con un try de Fernández Miranda y la conversión de Pascal Senillosa, que luego sumó dos conversiones más y un penal.
Sobre el partido Senillosa afirmó que “sabíamos que las pocas oportunidades que íbamos a tener teníamos que marcar” y fue una de las cuestiones clave ante un SIC que le faltó la moneda para el peso cuando ingresó en 22m. Fernández Miranda se explaya y agrega que “se iba a definir al final del partido, por detalles. Teníamos que mantener la intensidad los 80 minutos en defensa y en ataque”.
Allí aparecen los padres para darle ese abrazo post partido, posan los cuatro para la foto y todo es sonrisa por el triunfo: “estamos todo el día en el club, se charla rugby todo el tiempo. Yo la verdad que en mi casa intento no estar tampoco todo el día hablando rugby porque es muy cansador, pero sí, me corrige, yo le digo cosas, está bueno el ida y vuelta, es una ayuda que tenés afuera que está bueno”, dice Pascal sobre su papá. Para Ramón el aire ovalado se respira en todos los rincones de la casa, pero cada uno desde su lugar: “con mi viejo y con mi hermano hablamos mucho de rugby, miramos mucho rugby juntos. Me da consejos, pero no me hincha tanto, así que me deja que juegue tranquilo”.
En el rugby, la amistad no es solo una compañía: es un ancla que sostiene al equipo cuando la presión quema y el juego se vuelve barro y lucha. Hoy Hindú goza de un presente que lo tiene entre los cuatro primeros, pero sabe que un descanso o una desconcentración en la recta final del torneo le puede costar la clasificación. Para el fullback “las formaciones fijas” son indispensables para llegar a la definición porque “pasa todo por ahí y después tenés que defender bien”. El centro aporta el día a día y dice que “tenemos que seguir mejorando el juego, más allá del resultado, seguir laburando en la semana, preparando bien los partidos y que después el resultado sea consecuencia de jugar y trabajar bien los partidos”.
Ese lazo que los une es cada vez más fuerte: “Pascal, además de ser un gran amigo la rompe toda, tiene muchas patas, patea muy bien. Y nada, me encanta jugar con él. Es uno de mis mejores amigos, así que muy contento de poder compartir hoy la primera”. Y desde el otro lado también hay flores: “Ramon es un jugador muy prolijo y es clave tenerlo ahí en el centro de la cancha y estoy muy contento de poder compartir cancha con él”. Se pierden rumbo al vestuario y luego vendrá el tercer tiempo donde los espera el resto de la camada 2006. Los apellidos marcan la historia, pero esta amistad es la que le da alma, pertenencia y futuro a Don Torcuato.
