Alejandro Gómez Omil es tucumano, pero hace 30 años que Jujuy es su lugar. Llegó a la provincia en 1990, recién recibido de ingeniero civil, con 26 años y una carrera de rugby que todavía tenía mucho por delante. Jugaba en Primera de Universitario de Tucumán, había integrado el seleccionado tucumano y estaba en plena actividad.
Dejar todo eso no era sencillo. Pero el trabajo lo llevó hacia el norte y, cuando llegó, se encontró con una realidad muy diferente a la que conocía: en Jujuy prácticamente no había rugby de mayores.
"Estaba en mi plenitud, tenía todo por delante, pero me daba pena dejar el rugby. En Jujuy casi no había rugby, estaba completamente desarmado", recuerda.
Gómez Omil decidió entonces buscar la manera de seguir cerca de una cancha. Se acercó a Suri, que apenas tenía unos pocos años de vida, y comenzó a entrenar una división juvenil que participaba en la liga de Salta. Después, durante tres años, viajó regularmente los 110 kilómetros que separan San Salvador de Jujuy de Salta para jugar en Tiro Federal.
No tenía auto y el viaje se hacía en micro. Entrenamientos, partidos y regresos después de jugar: una rutina que podía resultar agotadora, pero que le permitió continuar compitiendo. Incluso llegó a jugar en el seleccionado salteño y disputó un partido internacional contra España.
Mientras tanto, en Jujuy empezaba a reconstruirse el rugby superior. Había pocos jugadores y casi ningún plantel armado. Muchos de los que se acercaban eran hombres que habían estudiado en otras provincias y regresaban con experiencia. Había que completar los equipos como fuera.
"Los viernes por ahí salíamos de noche a algún boliche y siempre estábamos a la búsqueda de alguno que diera el tamaño para tratar de convencerlo de que se acercara a jugar al rugby", cuenta entre risas.
El rugby jujeño se armaba así, con mucha voluntad y bastante improvisación. Incluso había que ir a buscar jugadores a sus casas para conseguir completar un equipo un sábado a la mañana.
Del rugby jujeño a un seleccionado que lo acercó a Los Pumas
Con el paso de los años, el rugby de Jujuy empezó a crecer y Gómez Omil también encontró un lugar importante dentro de esa construcción. Jugaba de apertura y participaba de los campeonatos argentinos en las zonas de desarrollo. Seguía entrenándose y, aunque ya no era un jugador joven, todavía tenía mucho para dar.
En 1998, cuando tenía 32 años, recibió una convocatoria inesperada. La Unión Jujeña lo invitó a participar junto con su amigo Gabriel Romarovsky de un trial en Salta para un seleccionado nacional que reunía jugadores de distintas provincias del interior.
Fueron pensando más en disfrutar la experiencia que en lo que podía venir después. Se encontraron con cerca de 60 jugadores, muchos de ellos bastante más jóvenes, y entrenaron durante un fin de semana antes de disputar algunos partidos.
"Lo disfruté tanto. Fue un baño de felicidad volver a entrar a una cancha y disputar un buen nivel de rugby", recuerda. Pero la historia no terminó ahí. Dos días después del trial, el presidente de la Unión Jujeña lo llamó para contarle que había llegado una convocatoria de la UAR para que se sumara al seleccionado. Para Gómez Omil, que ya sentía que su carrera estaba llegando a su final, fue mucho más que una convocatoria.
"Fue espectacular. A esa edad, que ya estaba yéndome del rugby, que me llegue una noticia como esa fue como un premio", explica.
Aquel seleccionado estaba conducido por Rafa Madero, junto con “Tacho” de Vedia y Gonzalo Beccar Varela, y buscaba darle competencia a jugadores de distintas regiones que no formaban parte de las grandes uniones del país. Gómez Omil tuvo que participar del Seven de la República y luego llegaron nuevas oportunidades.
Jugó contra Uruguay en Carrasco Polo y, tiempo después, fue convocado para una gira por Chile, donde enfrentó al seleccionado local en Santiago.
Para un jugador nacido en Tucumán que había llegado a Jujuy y se había encontrado con un rugby prácticamente desarmado, aquella experiencia representó el punto más alto de su vida con la ovalada. "Cada vez que tuve la oportunidad la aproveché al 100% porque para mí era el broche de oro a mi carrera", cuenta.
Jugó hasta los 42 años. Y tuvo un último capítulo ideal: en su última temporada, Suri logró el ascenso después de vencer a Gimnasia y Tiro de Salta. Fue el cierre perfecto para una carrera que había comenzado en Tucumán y terminó profundamente ligada a Jujuy.
Hoy Gómez Omil continúa vinculado al rugby. Es integrante de la Comisión Directiva de Suri y fue vicepresidente de la Unión Jujeña. También entrenó a los seleccionados jujeños juveniles, de Seven y mayores. Sigue disfrutando estar cerca del juego, aunque reconoce que el rugby cambió y que el rol de entrenador hoy exige manejar mucha más información y nuevas herramientas.
Y aunque nunca llegó a vestir la camiseta de Los Pumas, probablemente nadie en Jujuy estuvo tan cerca de hacerlo.
El sueño de un Puma jujeño todavía está pendiente
Gómez Omil sabe mejor que nadie lo difícil que era, décadas atrás, que alguien desde Jujuy pudiera ser observado por los seleccionadores nacionales. El rugby de la provincia era todavía incipiente y las oportunidades estaban concentradas en las grandes uniones.
Hoy cree que ese escenario cambió. "Las posibilidades son mayores porque hay ojos en todos los desarrollos de rugby. Es difícil que un chico con talento para este deporte se les escape en alguna etapa", sostiene.
El principal problema sigue estando en la continuidad. Muchos juveniles jujeños se van a estudiar a Córdoba, Tucumán o Salta y, si consiguen seguir jugando allí, pueden quedar dentro de estructuras mucho más grandes. Para Gómez Omil, el rugby actual exige además una dedicación enorme y no alcanza solamente con tener condiciones. "El rugby profesional hoy exige mucho de los jugadores y no solo talento", explica.
Jujuy todavía espera a su primer jugador nacido en la provincia que llegue a Los Pumas. Pero la historia de Gómez Omil demuestra que el camino puede aparecer desde lugares inesperados.
Él llegó desde Tucumán, encontró un rugby que prácticamente no existía en Jujuy, ayudó a reconstruirlo, viajó durante años para poder competir y, cuando ya estaba cerca del retiro, recibió una convocatoria que lo llevó a jugar contra seleccionados de Uruguay y Chile. No fue un Puma. Estuvo solo a un par de pasos de lograrlo.
Y quizás por eso, cuando habla de los chicos que hoy juegan en Jujuy, no descarta que alguno pueda cumplir aquello que él no llegó a conseguir. "En algún momento seguramente aparecerá", dice.
Para una provincia que todavía busca ese nombre que llegue hasta Los Pumas, la historia de Alejandro Gómez Omil funciona como antecedente y también como recordatorio: a veces, para estar cerca del seleccionado, primero hay que animarse a construir el camino desde mucho más lejos.
