TOLUCA – El sol se asoma sobre el Nevado de Toluca, cayendo lentamente sobre el parque, las canchas de futbol y el pequeño escenario montado para recibir música y teatro. Hace frío, sobre todo para ser agosto, pero los atletas están bien preparados con guantes y gorros.
A pocos días del Maratón de la Ciudad de México, un grupo pequeño de corredores se prepara. Al cruzarse con los locales, el coro de "hola" y "buenos días" se mezcla con hujambo.
Al salir corriendo, el pelotón pasa de español, a swahili, a inglés. “High knees! High knees! High knees!”
Uno se queda atrás, viendo al resto llevar su entrenamiento a cabo. A diferencia de los demás, el no estará presente en el maratón. En el parque Alameda 2000 de Toluca, este grupo de keniatas preparan carreras, cuentan chistes y se comunican fluidamente en tres idiomas distintos.
“Toluca es como Nairobi”
Hezron Otwori Nyandusi vive en un departamento pequeño de dos recámaras con su esposa y dos de sus hijos.
Entre el espacio limitado, una pared entera alberga una cantidad enorme de medallas, trofeos y diplomas. Nyandusi, de 40 años, ha vivido en Toluca desde el 2003. Ha conquistado carreras en latitudes dispares, ganando en México así como lo ha hecho en Macao. Pero no ha podido competir en dos años, tras un serio accidente.
Hay cientos de keniatas en México. La comunidad más grande está en Toluca, según ellos mismos. Un reporte del gobierno mexicano, publicado en el 2009, hace mención de apenas 101 de ellos en todo el país.
“Personalmente, yo sé de más de 100 viviendo en Toluca, hay buena comunidad,” dice Evanson Moffat, un empresario keniata que ha vivido en el país desde hace 17 años, en entrevista con ESPN Digital. “Toluca es como Nairobi. Por eso quieren estar acá los corredores.”
El valle de México se encuentra a más de 15 mil kilómetros de Nairobi, la capital de Kenia. Sin vuelos directos entre Toluca y el país africano, el viaje más corto entre punto y punto suele ser de 24 horas, haciendo más de una escala en avión.
Pero Moffat parece tener algo de razón. Ambas ciudades están rodeadas de montañas, ambas tienen ríos fluyendo dentro de ellas. Tanto Toluca y Nairobi poseen el mismo tipo de clima, y las dos ciudades son de alta elevación, ideal para el entrenamiento de corredores.
Luego de que México haya tenido éxito en los maratones, el país ha llenado su calendario de carreras de larga distancia. Dionicio Cerón, nacido en Toluca, ganó el Maratón de Londres tres veces seguidas entre 1994 y 1996. Es la única persona en la historia en hacerlo.
Pero la falta de herederos significa que otros, como los keniatas, dominan los resultados hoy en día. “Aquí hay carreras cada semana,” dice Moffat. “Tiene sentido que vengan a vivir y a competir aquí. Es fácil ganar.”
De las últimas 20 ediciones del Maratón de la Ciudad de México, 14 han terminado con victorias para nacidos en Kenia. Eso sí, México no atrae a los talentos más grandes de este país, ya que los premios económicos no son tan jugosos como en Estados Unidos u otros países.
“Vivimos para competir, y competimos para vivir,” dice Simon Kariuki Njoroge. El corredor keniata de 36 años de edad ha terminado dos veces en los primeros cinco lugares del Maratón de la Ciudad de México. En su carrera, ha conquistado 20 maratones – la mitad de esos han sido en este país. “Entre más gano, más puedo viajar, más puedo competir y seguir adelante,” dice.
Pese a que nunca ha ganado en la capital mexicana, Njoroge mantiene la meta. En 2013, terminó en segundo lugar y vio como el peruano Raúl Pacheco se llevó los laureles. Un año después, Pacheco ganó otra vez, y esta vez Njoroge terminó quinto.
Sin importar quien gane, los keniatas tienen empatía y apoyo entre ellos. Una victoria de cualquier corredor es celebrada y compartida por todos, hasta en el tema económico.
“Si alguien necesita dinero, algo así, nos ayudamos,” dice Moffat. “Cuando alguien me pregunta de Kenia, les digo que vengan. México es muy bueno con nosotros,” comenta Christopher Kaloki, un maestro de inglés en una escuela secundaria de Toluca.
Tras los entrenamientos, los keniatas suelen seguir juntos. Muchas veces terminan comiendo o pasando el día platicando. En ocasiones, el grupo termina viendo partidos de futbol en algún restaurante, o apoyando al Toluca en el Estadio Nemesio Diez.
Cuando quieren comer platillos de su país, ya sea ugali o chapati, se juntan en casa de Hezron Otwori Nyandusi, donde su esposa Penninah prepara los platillos.
“Necesitaba saber si mi esposo estaba vivo o muerto”
Hezron no se acuerda del accidente.
“Estaba en el hospital, y no podía ver de un ojo,” recuerda. “No podia hablar, estaba hinchado.” Sus lesiones eran múltiples, y estuvo en coma la mayor parte de tres días. El cuarto día, salió del hospital, acompañado de Penninah, aunque en ese momento no la reconocía.
“Le preguntaba ‘¿qué pasó?’” dice.
En camino a una carrera, Nyandusi abordó un autobús turístico con 39 pasajeros el 29 de agosto del 2015. A poca distancia de Xpujil, Campeche, un tráiler invadió el carril contrario y se estrelló con el camión. Cuatro personas murieron, y Nyandusi fue transportado a un hospital en estado inconsciente.
Al no encontrar sus documentos migratorios, las autoridades no pudieron informar a Penninah sobre lo sucedido. “Le llamé a un amigo de él en la carrera,” dijo Penninah. “Sabía que algo estaba mal pero no me decía. Después de un rato le dije que necesitaba saber si mi esposo estaba vivo o muerto.”
La comunidad keniata de Toluca pagó el hospital y transportó a Hezron de vuelta a Toluca.
Hasta el día de hoy, Hezron sufre de migrañas y cree que su carrera como atleta quizá ya terminó, aunque posee la esperanza de poder volver a competir. Penninah se mantiene como la única profesional en la familia, y mantiene el hogar por sí sola.
Para apoyar la economía familiar, Hezron está a punto de abrir un restaurante-bar en Toluca, la cual combinará la cocina keniata con la mexicana. Si todo sale bien, Penninah podrá retirarse de las carreras, ya que la atleta de 39 años de edad sufre de sciatica, con dolores muy pronunciados en su pierna y cadera.
Aún con las dificultades que han vivido, los Nyandusi están comprometidos con México. “Me gusta aquí. Aquí están mis amigos, esta es mi casa,” dice Penninah.
“Yo también era rápido”
Mientras espera a que el pelotón regrese, Hezron intercambia varios saludos con otros corredores. Como suele pasar, los corredores más rápidos se separan y pasan antes que los demás.
Algunos de los keniatas dan la vuelta y se acercan nuevamente a él. Hezron les dice algo en swahili. Nuevamente, los corredores se van.
“Les recordé que yo también era rápido.”
