Jade Rodríguez sentía que su ansiedad aumentaba con cada paso. El corazón le latía con fuerza y se le encogía el estómago. La masa de gente que había a su alrededor no la ayudaba a aliviar su repentina sensación de claustrofobia. Estaba sufriendo un ataque de ansiedad -- necesitaba alejarse.
Sólo tenía 15 años, pero Rodríguez ya había sufrido este tipo de ataques antes, aunque a veces --como éste-- se producían sin provocación alguna. Corría fines de 2015 y la comunidad de cricket de Perú había organizado una fiesta de cierre de temporada en el Lima Cricket & Football Club. Salió afuera y caminó sin rumbo hasta que encontró los nets, las redes de práctica.
Tomó una pelota y comenzó a correr y lanzar lo más rápido posible, con su ondulado cabello castaño volando detrás. Lo hizo una y otra vez, y a los pocos minutos sintió que empezaba a relajarse. Dejó salir años de emociones guardadas. Comenzó a regular su respiración. Sentía que tenía su vida bajo control mientras sostenía la pelota por la costura.
Su madre, Juliet Solomon, salió a buscar a su hija ni bien notó su ausencia en la fiesta. Cuando la encontró en las redes, supo que aún no estaba lista para hablar. Suele cargar sola con todo el peso de sus sentimientos intensos -- en este caso, enojo. Así que Solomon tomó un bate y sin pronunciar palabra comenzó a batear las pelotas que lanzaba su hija.
Era la primera vez que Rodríguez tocaba una pelota en un año. Había sido la mejor boleadora del equipo nacional femenino de cricket de Perú desde los 11 años. Pero entre 2014 y 2015 sufrió un cuadro de depresión y apenas encontró motivos para vivir, y mucho menos para jugar al cricket.
"El cricket salvó mi vida", dice hoy Rodríguez, de 17 años, cuando piensa en ese día. "Cuando me despertaba cada día pensaba, 'falta un día menos para el domingo, cuando puedo entrenar', y eso me ayudaba a seguir adelante".
Nacida en República Dominicana y criada en Londres, Rodríguez tenía 10 años cuando ella y su madre se mudaron a Perú en 2010 por el trabajo de su madre con las Naciones Unidas. Su padre, Héctor Rodríguez, se quedó en Londres.
La mudanza fue dura para una niña acostumbrada a hacer amigos con facilidad en Londres. En Perú de pronto tuvo que lidiar con compañeros cerrados que la veían como una extraña. Fue víctima de bullying, la burlaban y le pegaban por tener un aspecto diferente.
Sufría ataques de ansiedad durante las clases, y sus maestros le daban permiso para ir al gimnasio a darle algunos golpes al saco de boxeo. No tenía guantes, así que cada golpe le dolía, pero le ayudaba a sentirse mejor. A veces hasta golpeaba la pared más cercana, buscando una manera --cualquier manera-- de calmarse. Después del primer año en Perú, cuando el bullying se descontroló, cambió de escuela.
Solomon asegura que durante toda esta transición hubo una sola cosa que la "mantuvo cuerda": jugar al cricket en el Lima Cricket & Football Club.
Rodríguez creció en un hogar donde se mencionaban nombres de leyendas del cricket de West Indies (las Indias Occidentales del Caribe) como Viv Richards y Gary Sobers en las conversaciones cotidianas. Su madre, trinitense, fue compañera de habitación de la hija del ex jugador Clive Lloyd cuando era estudiante en Londres. Y fue camarera en un hotel donde se alojaba la selección de cricket de West Indies durante los torneos.
Rodríguez vio su primer partido de cricket a los 9 años: un T20 entre West Indies y Australia en The Oval. Estaba envuelta en los colores de su equipo, con el gorro y la camiseta de West Indies, gritando de alegría mientras veía jugar a su equipo. No tenía idea de lo que estaba pasando, pero sabía que le encantaba.
Su primera experiencia práctica llegó a los 10 años, cuando su madre se ofreció de voluntaria como scorer (anotadora de las incidencias de juego y elresultado) en Lima. Al principio, Solomon intentaba que Rodríguez se quedara sentada con su hermanastro mientras ella apuntaba, pero Rodríguez quería estar en el campo de juego. Sabía que allí pertenecía.
La mayoría de los niños quieren ser bateadores porque eso significa hacerse famosos. Pero desde que Rodríguez vio al boleador rápido Curtly Ambrose en "Fire in Babylon" -un documental sobre la transformación de la selección de cricket de Indias Occidentales en los años '80- soñaba con convertirse en una boleadora rápida. Había cierto orgullo en ser llamada "fast bowler".
Rodríguez jugó en el primer equipo nacional peruano de mujeres -organizado por su madre- que participó en el Campeonato Sudamericano en Brasil en 2011. Y consiguió su primer wicket a los 11 años -un difícil leg before wicket (LBW) contra el campeón reinante, Argentina- como la jugadora más joven del torneo.
Quería entrenar en un nivel más alto, y se quedaba mirando las prácticas de los varones hasta que el entrenador, Julian Walter, la llamó para que hiciera algunos lanzamientos. En 2013 se ganó un lugar en el equipo para el Campeonato Sudamericano, y fue la única jugadora femenina de todo el torneo.
Aunque estaba obteniendo buenos resultados en América del Sur, temía no estar compitiendo en el más alto nivel. "Cuando jugó para el equipo de Perú contra Argentina y Brasil, en un sentido fue la mejor de los peores", dice Solomon.
Fue entonces cuando se enteró de la CanAm United Women's Cricket Association --una organización sin fines de lucro que desarrolla el cricket femenino en las Américas-- durante una de sus sesiones de práctica en Perú. Habló con el director general de CanAm y supo que ese era el equipo para el que quería jugar. En 2015, después de pasar un año sin jugar al cricket, participó en su primer torneo en América del Norte: una serie T20 en Atlanta.
En el último partido del torneo, le hizo out a una bateadora con su primera pelota. El wicket la llenó de confianza. Se dio cuenta de que podía ser competitiva en un nivel más alto fuera de Perú.
Rodríguez luego participó en torneos en Argentina y Londres para CanAm entre 2015 y 2017. En 2016 visitó Lord's Stadium por primera vez desde que vio su primer partido a los nueve años en Londres con su madre. Para ella fue muy especial regresar como jugadora. Además, volvió a ver a su padre por primera vez en seis años. Con la distancia entre ellos, no tenían una relación sólida.
A principios de mayo, Rodríguez formó parte del equipo de CanAm compuesto por 14 miembros que jugó contra 17 equipos masculinos en el 25° Festival Internacional Anual de Cricket de Filadelfia. Fue la primera vez que un equipo formado exclusivamente por mujeres jugaba el torneo. CanAm presionó para participar en el festival, sabiendo que ayudaría a exponer a sus jugadoras a una mayor competencia. El equipo ganó tres de cinco partidos, y Rodríguez logró wickets claves a lo largo de la competencia.
Rodríguez suele estar tranquila antes de los partidos y con sus compañeras de equipo, pero se ilumina cuando marca en el suelo el punto de inicio de su carrera para bolear, y pasa a tener una enorme concentración en la mirada. Corre con intensidad para hacer sus lanzamientos, y sus brazos dibujan un círculo completo --algo que disfrutan todos los fans del cricket-- antes de soltar la pelota por la costura.
"Es tímida en el sentido de que no quiere la atención sobre ella, pero siempre presta atención a cada pequeño detalle y aprende de todo el mundo", dice Roberta Moretti Avery, bateadora de CanAm.
Hoy Rodríguez está en Barbados entrenando en la Franklyn Stephenson Academy, una academia de cricket de gran prestigio, a fin de postularse para el equipo nacional de West Indies -una decisión que tomó después de graduarse de la escuela secundaria en Panamá, adonde se reside con su madre en 2015 (es elegible para jugar en el equipo de Indias Occidentales por su ascendencia trinitense).
En primer lugar, espera ser convocada para jugar en Barbados para luego pasar al equipo nacional, que está camino a la Copa del Mundo Femenina (desde el 24 de junio hasta el 23 de julio) en Inglaterra y Gales.
"Cuando tenemos torneos en la academia", dice Rodríguez, "tengo a los entrenadores del equipo de Barbados y a un grupo de miembros del consejo de West Indies observándome. Así que si juego bien en todos los torneos voy a subir en el ranking hasta quedar en el equipo nacional. Mis entrenadores y scouts también llevan un control de mis actuaciones en los torneos de CanAm".
Para alcanzar su meta se está preparando con un entrenador privado, Amahl Nathaniel. Él la conoció durante un campo de entrenamiento de cricket en Barbados en 2016, cuando nuevamente era la única mujer en el equipo. Ella era implacable en su preparación: "Tenía un lindo movimiento de boleo, muy fluido, y supe en ese momento que quería entrenarla", dice Nathaniel.
Rodríguez entrena ocho horas por día: tres horas con Nathaniel y cinco en la academia. Se ha enfocado en el bateo, ya que quiere convertirse en una all-rounder, una jugadora de cricket destacada tanto en el boleo como en el bateo. "Me recuerda a [la jugadora de cricket de West Indies] Hayley Matthews", dice Nathaniel. "Ella solía jugar con los hombres con la voluntad de aprender y mejorar, y veo mucho de ella en Jade".
Pero el cricket no es su único objetivo. También está cursando estudios de cine online en la Escuela de Cine de Toronto. La escuela le exige que esté físicamente presente para el segundo año, lo que significa que tendrá que entrenar con CanAm en Toronto el próximo año. Aparte de esto, la jugadora de cricket peruana también estará de gira por Sudáfrica y Canadá con CanAm en 2017.
Rodríguez también ha sabido devolverle un poco al deporte que la salvó. Para ella, los recuerdos del bullying, de sus dificultades y de aquella noche a finales de 2015 en el Lima Cricket & Football Club no están lejos en su pasado. Ha entrenado a niños en Perú y Panamá, y sigue siendo mentora de Caitlin Yarna, una jugadora de cricket de Perú. A pesar de que son casi de la misma edad, Yarna encontró un modelo a seguir en Rodríguez. Yarna asegura que Rodríguez es la razón por la que sigue jugando al cricket. Rodríguez quiere seguir ayudando y tiene planes de abrir su propio internado para niños de acogida y refugiados.
"Estoy contenta de haber pasado lo que pasé en Perú, ya que me abrió los ojos a la vida fuera de mi burbuja. Más allá de lo que haga con mi vida -sea cricket o cine- si eso conduce a la apertura de un hogar para niños, todo habrá valido la pena", dice Rodríguez.
