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El Pro Bowl no salió tan mal

MÉXICO -- La sencillez del plan radicaba en su complejidad. Tras una actuación desdeñable por parte de los estelares de la AFC y la NFC en el Pro Bowl de la temporada 2012, la NFL tuvo suficiente y decidió brindar un giro radical a un encuentro que perdía atracción conforme avanzaban los años.

Los ingredientes nuevos exigían romper el molde original en el que se llevaba trabajando por más de 40 años. El platillo principal lo integraban dos leyendas del fútbol americano con el balance preciso entre legado, talento, carisma y amistad mutua. El entremés fue el combinado de equipos que, al igual que muchos drafts, pierden interés después de las selecciones importantes.

A la postre, el éxito pendía del ingrediente secreto, tan secreto que nadie lo podía responder hasta que todos tomaron el campo y comenzaran a ejecutar las jugadas que Jerry Rice y Deion Sanders trazaron al cabo de unos días: ¿van a jugar?

Las críticas recientes al Pro Bowl se focalizaban en la baja intensidad que los jugadores imprimían en el campo. Esos despliegues patéticos que confundían al aficionado sobre qué estaba observando. ¿Un día de campo? ¿Un ensayo de calentamiento? La emoción de ver a jugadores como Drew Brees lanzarle pases a Calvin Johnson se diluía cuando la doble cobertura sobre Megatron no se despegaba del terreno y le permitía atrapar un pase de rutina.

Intuyo que la NFL, en asociación con la NFLPA que delineó la propuesta, apostó por Rice y Sanders por su "chispa". Esa característica que desplegaron en el campo durante toda su carrera, como compañeros y rivales, en su camino hacia el Salón de la Fama y la élite histórica. No pudieron elegir mejor. Sanders y Rice son dos contemporáneos que podrían integrar el mejor equipo en la historia de este deporte e incluso alinearían uno contra uno.

Esa adrenalina que valió romper con la tradición de la Nacional contra la Americana, necesitaba ser el pilar que sostuviera el nuevo formato del Pro Bowl... y debo decir que, por momentos, funcionó.

El simple hecho de ver a Rice y Sanders en laterales opuestas, con intervenciones regulares en televisión y en un papel de entrenadores, vale sintonizar el juego. Claro, el arranque fue lento como se esperaba, pero a medida que avanzaba el reloj, nos dimos cuenta que, por lo menos, en el nuevo Pro Bowl no importa si eres Brees, el mariscal de campo ya no es intocable.

Tampoco importa si eres mi compañero si mi nombre es T.J. Ward y el tuyo Josh Gordon (obligado buscar el video).

Debo reconocer que, por la razón que sea, la NFL no fracasó como muchos anticipaban en este Pro Bowl. No me atrevo a decir que fue un cuadrangular de cuatro carreras, pero pienso que la intensidad del juego cumplió cuando más importaba: abajo por siete puntos con menos de un minuto por jugar.

Un ex 49er lanzándole un pase de anotación a un Cowboy. Una conversión de dos puntos y una remontada para el coach Rice que desde el inicio fue el más mesurado y cerebral de ambos. No aviento flores a la NFL, mas debo aplaudir la iniciativa y sonreír ante el desenlace.

En lo global sigue siendo tedioso al punto contradictorio que se vuelve cómico; sin embargo, hay suficientes argumentos para pensar que el Pro Bowl rebasó su expectativa, por muy baja que ésta haya sido.