La conexión entre mellizas es un misterio indescifrable para los de afuera: se entienden de memoria, juegan con el mismo pulso y comparten la vida en bloque. En el plantel superior de San Fernando, ese lazo sumó un nuevo integrante que reconfiguró la mística del vestuario. Con la llegada de Benjamín, el hijo de Mora y sobrino de Alina, la rutina de los sábados adoptó una nueva dinámica. Benja ya sabe lo que es dar una vuelta olímpica (jugó un partido clave metido en la panza de su mamá) y hoy pasa de brazo en brazo entre una decena de "tías" con la misma camiseta.
Campeón en la panza y mascota oficial
Volver al ritmo del torneo de Primera división después de un embarazo es un desafío monumental que exige cabeza, cuerpo y, sobre todo, red de contención. Para Mora, el deseo de regresar al club no era solo una meta deportiva, sino una necesidad vital de reencontrarse con su hábitat, con su hermana y con los colores que definen su cotidianidad.
Mora repasa cómo el nacimiento de Benjamín potenció esa unión simbiótica que tiene con Alina:
"La verdad es que seguimos siendo nosotras, siempre hacemos todo juntas. Ella lo cría a Benja cuando yo no estoy. Es muy lindo compartir esto, para mí en especial tener un hijo, que venga acá y que esté en el club. En los partidos de la Intermedia lo cuida ella y se disfruta muchísimo, la verdad". La presencia del bebé transformó los fines de semana de Sanfer. Benjamín ya no es solo "el hijo de Mora", sino una parte constitutiva del plantel, un amuleto que tiene una historia de campeonato grabada desde antes de nacer. "Benja es cien por ciento la mascota del equipo, cada año va a crecer con muchas tías con la misma camiseta, ya es parte de nosotras. Es más, salió campeón: jugó un partido adentro de la panza. La foto de él en la copa es especial; era lo que más quería apenas nació, yo dije: 'Quiero una foto de él adentro de la copa'".
Alina, que estuvo durante el 2025 jugando en Barcelona, no pudo evitar mencionar lo que significó estar lejos: "Yo extrañé todo esto mientras estuve afuera, tenía muchas ganas de volver, estar acá en el ambiente de Sanfer, compartiendo con mi hermana y ahora con Benja. Es muy lindo y no se compara con nada."
El rol de malcriar y la admiración a tres horas de sueño
La dinámica de las mellizas se complementa a la perfección: mientras una pone el cuerpo en la cancha, la otra toma la posta en el cuidado al borde de la línea sintética. Cuando la pregunta iba hacia si la función de Alina es criar o malcriar al nuevo integrante de la familia, su respuesta sale con una sonrisa inmediata: "Es mi rol malcriarlo". Sin embargo, detrás de las risas y los códigos compartidos, emerge un profundo respeto por el sacrificio que implica sostener la exigencia de la Primera división siendo madre primeriza.
Alina frena la pelota para expresar la admiración total que le genera el esfuerzo diario de su hermana:
"Yo la admiro en todo, la verdad. Viene y se entrena más que todas. En el físico, en todo, siempre está a primera línea y duerme tres horas por noche. A mí me da vergüenza quejarme y decir que estoy cansada cuando estoy al lado de ella, la verdad es que la admiro cien por ciento." El cierre de la charla devuelve a las mellizas a su hábitat natural: la exigencia del juego, la chicana y el orgullo de llevar el mismo apellido en la espalda. "Hoy no hizo gol, así que la vamos a retar un poco en casa (risas) -dijo Mora, mirando a su hermana-, pero para mí es un orgullo enorme verla jugar, verla ahí adentro de la cancha me genera muchísimo orgullo."
