Valentina Raposo vuelve a jugar a Salta, después de muchos años, varias aventuras y demasiados aprendizajes. La defensora de Las Leonas regresa a su hogar para reencontrarse con sus raíces y seguir construyendo desde ahí.
"Estos años fuera de casa me formaron de una manera que nunca imaginé. Me hicieron crecer como persona, como mujer y como deportista. Me dieron independencia, carácter, fortaleza, pero sobre todo me enseñaron a valorar algo que hoy es fundamental para mí: el significado del hogar, de los vínculos reales y de la gente que te sostiene de verdad”, comenzó clarificando Rapi.
“Todo aquello que estás buscando, también te está buscando a ti”, fiel creyente de las energías y las sincronicidades, Vale es consciente de que todo sucede por alguna razón y cada desafío que te pone la vida por delante viene con un aprendizaje, pero esta vez es ella la que tomó el timón y puso rumbo al norte para reencontrase: “Hoy vuelvo no desde la necesidad, sino desde la elección. Vuelvo con una versión de mí más fuerte, más clara, más conectada con quién soy y con ganas de devolver un poco de todo lo que recibí. Porque el amor, el apoyo y la contención que me dieron en todos estos años no se olvidan, se honran”.
Esta temporada está la Copa del Mundo como principal objetivo de Argentina, Valentina ya tiene la experiencia en un torneo de esa índole, pero volver a su hogar es solo una excusa para seguir cargando sus energías y llegar de la mejor manera a la máxima cita: "Desde el primer día que me fui, aprendí a apreciar cada segundo que tenía en casa. Volver a mi familia, a mis amigos y a las personas que amo cerca... es todo para mí”, mencionó Raposo.
Más allá del sueño cumplido de jugar en Las Leonas y representarlas en todo el mundo, Rapi nunca dio por sentado lo que genera esa camiseta, en propios y ajenos: “En todo este proceso también me di cuenta de algo que me llena muchísimo: sentir el apoyo de Argentina, la gente siguiendo de cerca en cada torneo, en cada proceso y en cada etapa de mi carrera. Como deportista, eso se valora de una manera enorme. No es solo es aliento o palabras, es un sostén real. Es sentir que no estoy sola, que hay una red que me banca, que me acompaña y que cree en mí, incluso cuando yo dudo”.
Quizás para el espectador, que no está empapado de la influencia de su tierra natal en la vida de Valentina, cueste entender la decisión, pero la conexión con la institución Espinaca es tan genuina como fuerte en el corazón de la defensora salteña: “Popeye no es solo un club, es identidad, pertenencia, historia, raíz, amor. Es mi segunda casa y siempre lo va a ser. No es pasado, es ancla. Es el lugar al que vuelvo distinta, más madura, más consciente, pero con la misma esencia”.
Ahora los viajes serán más frecuentes, volar a Salta cada viernes y volver todos los domingos para Buenos Aires a seguir sus sueños, pero todo tiene un porque: "Tal vez sea cansador vivir entre dos mundos, entre ciudades, viajes y rutinas intensas…pero volver a casa sana. Ordena. Abraza. Ancla. Reconecta. Porque una siempre vuelve a lo que la hace sentir en casa y hoy estoy volviendo más yo que nunca”, cerró Vale.
