En el fondo de la casa de Juan Manuel Olivera hay un tesoro celosamente guardado: un par de zapatos. No formaron parte de ninguna cábala. Tampoco son los que utilizó cuando llegó a la final de la Libertadores con Peñarol en 2011. Ni siquiera son suyos. Vaya curiosidad.
Los zapatos que tiene en el fondo de su casa Juan Manuel Olivera son los de Diego Armando Maradona.
La historia arranca cuando Diego llegó a Dubai para tomar la dirección técnica de Al Wasl con Olivera en el plantel. Estar lejos, hablar el mismo idioma, tener las mismas costumbres llevó a que el argentino y el uruguayo se unieran para compartir el mate y algún que otro asado en “La Palmera”, el exclusivo lugar donde vivía Diego.
Juan Manuel, como buen uruguayo, andaba todo el día con el mate abajo del brazo y Maradona aprovechaba la volada para cruzar al vestuario de los jugadores a compartir un amargo con el uruguayo. “El hecho de que no hablara inglés lo acercaba más a nosotros”, recordó Olivera.
Y no pasó mucho tiempo para que el 10 lo invitara, junto al otro uruguayo del equipo –Richard Porta- a comer a su casa. Y allá fueron a las Islas Palm, unas islas artificiales con forma de palmera donde vivía el 10.
“Vivía en una casa gigante, tenía jardín con vista al mar, cuatro o cinco mayordomos y una sala de juegos donde jugábamos al pool. Él vivía con su novia. Yo llevaba a mi hijo Santino que tenía tres años y era fatal, andaba como loco por la cantidad de juguetes que había que eran de su nieto Benjamín. Una vez se subió a un auto que tenía motor y vino Diego y le dijo: ‘dale, préndelo no pasa nada’. ¡Casi termina adentro del agua!”, contó Juan Manuel el día que lo entrevisté para el diario El Observador.
En esa misma charla, Juan contó que cuando se avizoraba el final de Diego en el club, empezó a manejar en su cabeza la idea de llevarse un recuerdo de quien fuera el mejor jugador del mundo. Cierto día, en un entrenamiento, Juan dejó de lado la timidez y lo encaró al 10: “Diego, te puedo pedir los zapatos…”. Maradona no dudó.
“De las mejores historias que me quedaron con Maradona es que me traje unos zapatos de fútbol que utilizó allá. Cuando terminó el campeonato me los firmó y me los regaló. Y los tengo guardaditos en el fondo de casa de recuerdo”, contó Olivera. El delantero, que el pasado martes se retiró de la actividad, contó que era increíble todo lo que generaba Maradona y que era impagable sentarse a hablar y escuchar al 10 contar sus vivencias en el fútbol.
