La primera presentación de la Selección Argentina después del Mundial 2026 tenía un atractivo especial: era el comienzo de una etapa diferente, con Lionel Messi ya fuera del escenario internacional. Y en ese contexto, Nico Paz apareció para asumir protagonismo.
En el 4-0 ante Bolivia, el mediapunta fue la figura del equipo, con un gol y una asistencia, pero también con una actuación que mostró su importancia en la generación de juego. Su participación fue constante y le permitió convertirse en uno de los principales argumentos ofensivos de la Albiceleste durante buena parte del encuentro.
Paz necesitó poco más de media hora para dejar su sello. A los 29 minutos, recibió una asistencia de Exequiel Palacios, atacó el espacio y, ante la salida de Guillermo Viscarra, resolvió con enorme calidad al definir por encima del arquero para marcar el 2-0. La jugada resumió varias de sus virtudes: lectura para encontrar el espacio, velocidad para atacar el área y una gran capacidad técnica para elegir una definición poco convencional. En el segundo tiempo también participó del tercer gol, cuando ejecutó el tiro libre que Cristian Romero convirtió de cabeza.
Más allá de sus intervenciones directas en los goles, el partido mostró a un futbolista activo y con libertad para moverse detrás de los delanteros. Se ofreció constantemente como opción de pase, intentó asociarse con sus compañeros y tuvo recursos para romper líneas tanto con la pelota como mediante sus movimientos.
Su zurda, su visión para el último pase, su capacidad para jugar entre líneas y su llegada al área aparecen como características que pueden darle a la Selección Argentina una variante diferente en esta nueva etapa. Ante Bolivia, además, mostró personalidad para asumir responsabilidades en un partido que tenía el componente adicional de ser el primero sin el capitán.
El comienzo fue el que Paz necesitaba para confirmar las expectativas que existen alrededor de su figura: gol, asistencia, participación en el juego y una muestra de carácter que le permitió influir desde su posición. Pero el desafío será sostener esas condiciones a lo largo del tiempo y construir su propio recorrido con la camiseta argentina.
Messi dejó una huella inmensa, no solamente por sus goles y asistencias, sino también por todo lo que significó durante tantos años para el funcionamiento y la identidad del seleccionado. Por eso, el crecimiento de Paz debería analizarse desde sus propias características y no desde la necesidad de encontrar un reemplazo para aquello que Leo aportaba. Contra Bolivia, el primer paso fue significativo; ahora empieza el proceso de convertir ese potencial en una presencia sostenida.
