Quiénes fueron los mejores jugadores de Argentina en el Mundial 2026

Llegar a una final nunca es producto del azar. Argentina volvió a demostrar que sigue perteneciendo a la élite del fútbol internacional y, aunque España terminó quedándose con el título en el Mundial 2026, el recorrido de la Scaloneta volvió a estar respaldado por futbolistas que sostuvieron el nivel competitivo durante casi un mes de máxima exigencia. Algunos fueron protagonistas de principio a fin; otros aparecieron cuando el equipo más los necesitó.

La campaña argentina dejó partidos de todo tipo. Hubo una fase de grupos que permitió tomar confianza, una trabajada clasificación frente a Cabo Verde en los 16avos de final, un duro cruce con Egipto en octavos, la batalla táctica ante Suiza en cuartos, una semifinal cargada de tensión contra Inglaterra y una final en la que España impuso condiciones desde el juego. Cada instancia exigió respuestas diferentes y el plantel volvió a demostrar por qué llevaba varios años instalado entre las mejores selecciones del mundo.

Lionel Scaloni resumió el sentimiento del grupo apenas terminó la final. "Estoy orgulloso de estos jugadores. Dieron absolutamente todo", afirmó el entrenador. Minutos después también reconoció el mérito del campeón: "Ellos fueron mejores". Sus palabras reflejaron la sensación de un equipo que volvió a competir hasta el último día y que dejó rendimientos individuales muy altos, incluso en una derrota que dolió.

Elegir a los mejores jugadores de Argentina en el Mundial 2026 no significa elaborar un ranking. El campeonato mostró tres nombres que sostuvieron un nivel sobresaliente durante todo el recorrido y un segundo grupo de futbolistas que realizó aportes decisivos en distintos momentos del torneo. Esa diferencia resulta importante para entender cómo la Selección volvió a instalarse en una final del mundo.

Messi, Cuti Romero y Lisandro Martínez, los tres pilares del subcampeón

Si hubiera que resumir el Mundial argentino en tres nombres, la elección sería bastante clara. Lionel Messi volvió a ser el conductor futbolístico y emocional del equipo, mientras que Cristian Romero y Lisandro Martínez construyeron una sociedad defensiva que sostuvo a la Selección incluso en los momentos de mayor presión. Los tres mantuvieron un nivel alto desde el debut hasta la final y fueron el punto de apoyo sobre el que descansó buena parte del funcionamiento colectivo.

Messi volvió a desafiar cualquier lógica. A los 39 años terminó el campeonato como goleador argentino con ocho tantos, generó asistencias decisivas y volvió a hacerse cargo del equipo cuando los partidos reclamaban personalidad. Cada rival preparó un plan específico para intentar limitar su influencia y, aun así, el capitán encontró maneras de conducir a la Selección hasta otra final mundialista. Después del partido decisivo, Scaloni volvió a respaldarlo con una frase que sintetiza su admiración: "Para mí sigue siendo el mejor jugador de todos los tiempos".

Detrás del capitán apareció un Cristian Romero que completó probablemente el Mundial más sólido de su carrera con la camiseta argentina. El defensor fue el líder de la última línea, ganó la mayoría de los duelos individuales, transmitió autoridad frente a delanteros de primer nivel y mantuvo una regularidad que prácticamente no encontró altibajos. Su gol frente a Cabo Verde en los 16avos de final y ante Egipto en octavos terminó siendo una muestra más de un campeonato en el que también aportó presencia ofensiva cuando el equipo lo necesitó.

A su lado, Lisandro Martínez confirmó que forma junto al Cuti una de las mejores parejas centrales del fútbol internacional. El zurdo combinó firmeza para defender, precisión para iniciar los ataques y una personalidad que apareció en cada partido importante. También convirtió frente a Cabo Verde y sostuvo un rendimiento muy parejo durante toda la Copa del Mundo. La imagen de ambos festejando aquellos goles terminó simbolizando a una defensa que sostuvo a Argentina cuando el desgaste físico empezaba a sentirse y el margen de error desaparecía.

Los que respondieron en Argentina cuando el equipo los necesitó

Detrás de ese tridente apareció un grupo de futbolistas que dejó aportes muy importantes, aunque con recorridos diferentes. Ninguno sostuvo un nivel tan uniforme durante toda la competencia, pero todos encontraron momentos para convertirse en protagonistas y ayudar a que Argentina avanzara hasta la final.

Lautaro Martínez fue, probablemente, el mejor ejemplo. No comenzó todos los partidos como titular, pero respondió cada vez que Scaloni recurrió a él. Terminó el Mundial con tres goles y una asistencia para Enzo Fernández, cifras que reflejan su impacto cada vez que ingresó al campo. Sus movimientos ofrecieron variantes en ataque y varias veces modificó el rumbo de encuentros que parecían cerrados. La única excepción fue la final, en la que no tuvo la oportunidad de participar.

Enzo Fernández alternó actuaciones muy buenas con otras de menor influencia, aunque dejó una marca importante en el recorrido argentino. Sus goles frente a Egipto e Inglaterra fueron decisivos para que la Selección siguiera avanzando y volvió a demostrar su capacidad para romper líneas llegando desde la segunda línea. No consiguió dominar todos los partidos desde el mediocampo, pero apareció cuando el equipo necesitó producción ofensiva desde esa zona.

También merece un reconocimiento Leandro Paredes. El mediocampista no fue titular indiscutido, aunque cada vez que ingresó ofreció claridad para manejar los tiempos del juego. Su actuación frente a Inglaterra fue una de las mejores del campeonato y confirmó que sigue siendo una alternativa de enorme jerarquía para administrar partidos de máxima tensión. En la final, sin embargo, estuvo por debajo de ese nivel y no logró repetir la influencia que había mostrado en encuentros anteriores.

Tagliafico recuperó su lugar y el Dibu volvió a aparecer en el momento justo

Nicolás Tagliafico atravesó un Mundial muy particular. El lateral comenzó condicionado por una lesión que le impidió tener continuidad desde el arranque del torneo, pero recuperó la titularidad con el correr de los partidos y terminó ofreciendo la seguridad que tantas veces aportó en el ciclo Scaloni. Su experiencia resultó fundamental para contener extremos veloces y equilibrar la banda izquierda en los cruces de eliminación directa. El físico volvió a jugarle una mala pasada sobre el final del campeonato, aunque su crecimiento fue evidente y logró controlar muy bien a Lamine Yamal.

El caso de Emiliano Martínez también merece una lectura específica. Su mejor versión apareció cuando la Copa del Mundo entró en las instancias decisivas. Frente a Inglaterra sostuvo a Argentina en momentos de enorme presión y en la final evitó que España ampliara la diferencia con varias intervenciones de altísimo nivel. No fue un torneo en el que debiera multiplicarse desde el primer partido, pero cuando el contexto exigió respuestas volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los arqueros más determinantes del fútbol mundial.

Scaloni siempre resaltó la tranquilidad que transmite el arquero dentro del grupo. "Tenemos un arquero que transmite tranquilidad", comentó durante el campeonato. Esa confianza volvió a reflejarse en los encuentros más importantes, cuando el margen de error prácticamente desapareció.

Un Mundial que dejó una base muy firme para el futuro de la Argentina

Las finales suelen resumirse en el resultado, aunque el camino hasta ellas explica mucho más que los noventa minutos decisivos. Argentina volvió a competir hasta el último partido gracias a un grupo consolidado, con futbolistas que sostuvieron el nivel frente a rivales de enorme jerarquía y otros que aparecieron en momentos puntuales para resolver situaciones complejas.

Lionel Messi volvió a conducir a la Selección con la jerarquía que lo convirtió en uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos. Cristian Romero y Lisandro Martínez construyeron una defensa que estuvo entre las más sólidas del campeonato. Detrás de ellos, Lautaro Martínez aportó goles importantes desde el banco, Enzo Fernández apareció con tantos decisivos, Nicolás Tagliafico recuperó protagonismo después de superar una lesión, Leandro Paredes ofreció soluciones cuando el equipo necesitó otro perfil en el mediocampo y Emiliano Martínez volvió a hacerse gigante en las rondas decisivas.

El subcampeonato dejó frustración porque el objetivo era volver a levantar la Copa del Mundo. También dejó una certeza: Argentina sigue contando con una estructura competitiva capaz de pelear por los títulos más importantes y con una base de futbolistas que volvió a demostrar que puede mirar de frente a cualquier selección del planeta.