Messi y su vínculo con España, el país: la historia que tendrá un capítulo más en la final del Mundial 2026

El mapa sentimental de Lionel Messi siempre tuvo dos puntos cardinales. Rosario fue el lugar donde nació el sueño. O más bien, todos sus sueños. En plural. En grande. Barcelona, donde esas ilusiones encontraron las raíces y herramientas para transformar a Leo primero en un futbolista profesional y, después, en un mito del deporte global.

Allí, en territorio catalán, “la Pulga” dejó de ser un chico de 13 años para convertirse en un hombre: recibió el tratamiento hormonal que no podía afrontar en Argentina, creció en “la Masía”, se fue haciendo grande en un equipo que revolucionó el fútbol moderno, formó una familia, tuvo hijos y construyó un hogar.

Pero mientras su vida transcurría en España, hubo algo que nunca cambió: la camiseta que imaginaba vestir en los momentos más importantes era la de Argentina.

De manera paradójica, en el que seguramente será su último partido mundialista, la final del Mundial 2026 vuelve a reunir esos dos mundos. Así como el Diego condensaba historias, Messi tomó una narrativa maradoniana.

De un lado estará el país que lo recibió y lo ayudó a convertirse en el mejor futbolista del planeta. Del otro, la patria por la que late el corazón. Por la que nunca dejó de sentirse aquel chico de Rosario. O incluso más: el pequeñito que zigzagueaba rivales desde que jugaba en el barrio Grandoli.

En la previa a esta verdadera “Finalísima”, pero con ribetes mundialistas, ESPN.com repasa la vida de Messi en España, un país que conoce como pocos y contra el cual tendrá su última función de gala mundialista.

La llegada a España: el tratamiento médico y el destino

El origen de su relación con España fue un problema de salud, no sólo una oportunidad futbolística. A los 10 años le diagnosticaron un déficit de crecimiento: un trastorno originado en la hipófisis limitaba su desarrollo y amenazaba su carrera.

En Argentina, ni su querido Newell’s ni River asumirían el costoso tratamiento. Jorge Messi, su padre, determinó que debían armar las valijas. Viajarían a España para presentarle a ese pibito prodigios al FC Barcelona.

En septiembre de 2000 –un año antes de que Argentina sufriera una crisis social y política devastadora, por la cual otros compatriotas se marcharían a tierras españolas-, Lionel y su padre llegaron a tierras catalanas para que el argentino se probara en las divisiones inferiores del club.

Se hospedaron en un hotel y tuvo varias prácticas, a la espera de que Carles Rexach, el hombre clave, volviera de los Juegos Olímpicos de Sydney. Pero la espera se dilató. Hasta que llegó el día. Apenas lo vio, Rexach firmó una mítica servilleta en la que se comprometió a fichar al jugador argentino. Esa servilleta se subastó en 2024 por más de 900.000 dólares.

“Llegué con el partido empezado y no me dio tiempo a sentarme. Tenía claro que, si no le fichábamos, nos arrepentiríamos”, contó Rexach años después. La clave, no obstante, era más que el fichaje. Barça pagaría el tratamiento hormonal que le daría una densidad ósea y un desarrollo muscular para jugar al máximo nivel.

Por supuesto, los catalanes lo incorporaron a la Masía, la cantera de talentos de los culés. Formó parte de la legendaria “Generación del ‘87”, junto a Cesc Fàbregas y Gerard Piqué, entre otros. Aunque era extremadamente tímido y reservado –según algunas biografías, algunos compañeros llegaron a creer que era mudo-, su talento hablaba por él y generaba respeto.

Sin aquel tratamiento, algunos especialistas y biógrafos dicen que actualmente Messi mediría alrededor de 1,40 metro.

España, o más precisamente Barcelona, le ofreció una solución médica y le abrió la puerta a una nueva vida.

Con una estatura y unas condiciones físicas como para competir en el alto rendimiento, Leo se convertiría en una figura planetaria. Lo mostraría especialmente en el club, donde siempre parecía hacer aparecer conejos de la galera para sacar una mejor versión suya que la anterior.

Luego, a través de los años y a través de las lágrimas que afortunadamente dejó en el pasado, lo plasmaría en la Selección Argentina. “Ya está, ya está, ya está”, diría con las manos después de la final de Qatar 2022. Y se volvería un hombre feliz.

No es alocado decir que España fue la que le dio a Leo el físico con el que ahora intentará ganar su última batalla frente a la Furia Roja. El destino es una carambola.

Lágrimas, nostalgia y llamadas constantes a Rosario

En la primera época hubo tiempos especialmente duros para Lionel, quien se quedó a vivir su sueño acompañado por Jorge, su papá. Mientras tanto, su mamá, Celia Cuccittini, regresó a Rosario con los otros tres hijos: Rodrigo, Matías y María Sol.

La familia estaba dividida entre ambos continentes. “La Pulga”, un pibe muy tímido, lloraba con frecuencia y las llamadas telefónicas a Rosario eran casi constantes, según sus biógrafos.

Barcelona todavía no era la ciudad luminosa que hoy el 10 recuerda con nostalgia. Era un lugar desconocido o extraño, donde extrañaba a su mamá, a sus hermanos, a su gente y hasta los modismos y la tonada rosarina.

Antes de convertirse en el escenario de sus mayores alegrías, España también fue el territorio donde Messi aprendió lo que significaba el desarraigo. Pero quien abandona no tiene premio. Guardó lágrimas y se hizo cada día más fuerte.

Una vez que la situación deportiva y económica se estabilizó, y el tratamiento hormonal estuvo asegurado, la familia completa se instaló en Barcelona.

Los cantos de sirena de la Roja y un sueño que no se traiciona

En España, “la Pulga” creció, se hizo adulto, pulió sus dotes como futbolista, firmó sus primeros grandes contratos, después otros y otros, se acostumbró a vivir como una celebridad y adquirió fama mundial.

En todo ese entramado, el FC Barcelona ocupa un lugar inmenso. “Aquí lo he aprendido todo”, dijo alguna vez en una entrevista para las distintas plataformas del club.

Jamás perdió, eso sí, su acento rosarino. Una marca registrada, anclada a los orígenes, a su Argentina amada, al país al que jamás dudaría representar sobre una cancha de fútbol, aun cuando las sirenas cantaran para tentarlo.

Por aquellos años, su papá Jorge editó un ya mítico video para que las selecciones argentinas descubrieran a la joya que crecía en la cantera de Barcelona. Hay inclusive documentales sobre esos días en que apareció bajo el radar celeste y blanco.

De todos modos, mientras Messi echaba raíces en Cataluña, la Selección Española empezaba a sentir que aquel adolescente también podía ser suyo. Había crecido en la Masía y hablaba con acento rosarino, pero pensaba el fútbol como el Barcelona y se estaba convirtiendo en una de las mayores promesas del fútbol mundial.

No tardaron en llegar los llamados, los tanteos y las gestiones de la Federación Española. Querían que jugara para la Roja.

Sin embargo, Lionel jamás dudó. Su sueño, está dicho, era jugar con la celeste y blanca. Y para él, los sueños no se traicionan.

En septiembre de 2005, de hecho, Messi obtuvo la nacionalidad española, un trámite fundamental para no ocupar plaza de extracomunitario. En sus inicios, aquel pasaporte comunitario fue valiosísimo. Aun así, como ciudadano español, siempre se sintió puramente argentino.

El círculo de confianza que arropó a “la Pulga” en Barcelona

Rafael Blázquez, quien luego dejó el fútbol debido a un accidente, fue su amigo inseparable durante sus primeros cuatro años en La Masía.

Debido a su timidez, Messi solo se comunicaba en voz baja con él al principio. Se sentaban juntos en las clases del colegio secundario y también almorzaban la misma dieta. Cesc Fàbregas y Gerard Piqué fueron su conexión entre La Masía y el plantel profesional de Barcelona.

Messi y otro compañero, Víctor Vázquez, iban con frecuencia a dormir a la casa de Cesc. Piqué, más corpulento, era quien solía defenderlo físicamente en el campo de las patadas de los rivales. Ambos fueron esenciales, además, cuando Antonela Roccuzzo se sentía sola apenas llegada a España.

Xavi Hernández y Andrés Iniesta, dos mediocampistas exquisitos con los que compartió una conexión casi telepática, también tendieron redes afectivas con Lionel. Tenían una química especial dentro de la cancha y también se respetaban de gran manera fuera de ella.

El arquero José Manuel Pinto fue otro de los grandes amigos de Messi en Barcelona: fue protector y guía para Leo. Barcelona dejó de ser sólo el lugar donde jugaba. También empezó a ser el lugar al que pertenecía.

Los años dorados en el Barça de Pep Guardiola

Messi debutó oficialmente el 16 de octubre de 2004, con apenas 17 años, y el 1 de mayo de 2005 marcó su primer gol en Liga ante el Albacete, convirtiéndose con 17 años, 10 meses y 7 días en el goleador más joven de la historia del Barça y de LaLiga.

La irrupción de Pep Guardiola como entrenador, en 2008, terminó por hacerlo explotar y lo transformó en la joya preferida de un equipo que fue, muy probablemente, uno de los más talentosos y exquisitos de la historia del fútbol.

Con Guardiola encontró el contexto perfecto para desplegar un talento que ya insinuaba con ser extraordinario. Barcelona pasó a ser el equipo que maravillaba al mundo y Messi, el símbolo de una época irrepetible. Allí terminó de convertirse en el futbolista que dominaría una generación entera.

En 2019 dijo que su idea era terminar su carrera en el mismo club en el que había empezado la historia. Pero no podría cumplir ese anhelo. De todos modos, en 17 temporadas con la camiseta blaugrana se transformó en el máximo goleador del club, con 672 goles en 778 partidos.

Y más allá de esos números, de por sí brutales, ganó 10 veces LaLiga, en 7 ocasiones la Copa del Rey y se adueñó de 4 Champions League. ¡Sí, ganó cuatro veces la Champions!

Afortunados, los aficionados españoles –más allá de la rivalidad entre Barcelona y Real Madrid- pudieron verlo en su esplendor, surcando mágicamente el césped de cada cancha del país.

No quedó sitio por dejar espectadores –y hasta rivales- con la boca abierta. Desde que su estrella comenzó a alumbrar hasta los días de máximo fulgor, fue España donde se fue edificando la carrera del que muchos aseguran que es el futbolista más grande de la historia.

La familia que echó raíces catalanas

Barcelona, de todos modos, no es sólo un club. O es mucho más que un club. En esa ciudad nacieron los tres hijos del matrimonio de los rosarinos Lionel Messi y Antonela Roccuzzo: Thiago nació el 2 de noviembre de 2012, Mateo el 11 de septiembre de 2015 y Ciro el 11 de marzo de 2018.

“Llevo más tiempo acá que en Argentina, mis hijos son catalanes y Mateo nació el 11 de septiembre, más catalán imposible”, dijo alguna vez “la Pulga”. En esa fecha se celebra la Diada Nacional de Cataluña, como recuerdo a la caída de Barcelona en 1714 ante las tropas del rey Felipe V de Borbón.Si bien fue una derrota militar, la jornada pasó a simbolizar la resistencia de Cataluña y la defensa de su cultura y autogobierno.

Barcelona, en definitiva, no sólo le había dado una carrera. Terminó siendo la tierra sobre la que construyó el edificio de una vida, un lugar sobre el cual pudo echar raíces. Una vida llena de gloria, en la que él garabateó sus propios firuletes, con su sello inconfundible.

La despedida de 2021: la herida abierta

En junio de 2021 vencía su contrato con Barcelona. Las negociaciones estaban encaminadas, aunque siempre había detalles por ajustar. Por esos días trascendió, de hecho, que se rebajaría el sueldo a la mitad. Y que renovaría por 5 años.

Aunque LaLiga había aprobado el nuevo contrato, Joan Laporta, el presidente del club, le comunicó a Jorge Messi que no podrían renovar el vínculo con el máximo ídolo del club, porque sobrepasarían el tope de gastos previstos por LaLiga.

"Es muy difícil esto para mí, después de tantos años, de hacer toda mi vida acá, no estaba preparado", dijo Messi entre lágrimas, el día de su despedida, en agosto de 2021. “Crecí con los valores de este club, siempre intenté manejarme con humildad, respeto (...) Pasé muchísimas cosas hermosas, también malas, pero todo eso me hizo crecer, seguir mejorando y ser la persona que soy hoy”, agregó.

“Me hubiese gustado despedirme de otra manera. Me hubiese gustado hacerlo con gente, en el campo, poder escuchar una última ovación de ellos, un último cariño”, sentenció. Se fue primero al PSG francés. Después, al Inter Miami estadounidense. Pero eso es otra historia.

El regreso sorpresa al Camp Nou en 2025

La noche del domingo 9 de noviembre de 2025, Messi llegó al Camp Nou, entró al estadio, lo recorrió y luego publicó en Instagram un carrusel de fotos, acompañado por Rodrigo De Paul, su compañero en Inter Miami y la Selección Argentina.

La historia tenía una trama sencillísima. Caminaban de noche por las calles de Barcelona, encontraron la puerta del estadio abierta. El personal de seguridad, sorprendido, lo reconoció al instante y, por supuesto, le permitió entrar sin protocolos ni cámaras.

“Anoche volví a un lugar que extraño con el alma. Un lugar donde fui inmensamente feliz, donde ustedes me hicieron sentir mil veces la persona más feliz del mundo. Ojalá algún día pueda volver, y no solo para despedirme como jugador, como nunca pude hacerlo”, posteó Messi.

Lejos, pero con el corazón anclado en tierras catalanas

Aun cuando su vida parece asentada en Miami, y renovó su contrato hasta diciembre de 2028 con el equipo estadounidense, “la Pulga” remarcó en varias entrevistas que Barcelona sigue siendo “su lugar”. Y el de su familia.

“Extrañamos mucho Barcelona. Los nenes continuamente, y mi mujer, hablamos cosas de Barcelona. La idea de volver a vivir ahí. Tenemos nuestra casa, todo, así que es lo que deseamos”, destacó. Su hogar, añorado, está en Castelldefels, un sitio que eligió por su tranquilidad y cercanía al mar.

“De momento estaré unos años más por aquí (en Miami) seguramente, pero vamos a volver a Barcelona porque, como dije siempre, es mi lugar, mi casa. Lo extrañamos mucho. Voy a volver y voy a estar en el estadio como un hincha más, siguiendo al equipo, al club”, aseguró.

También recordó con gran emoción su vínculo con la época de gloria del Barça. “La verdad que extraño mucho todos esos momentos. Quizás lo disfruto más ahora que cuando pasaban las cosas; se viven mucho más”, dijo Messi.

“Me había quedado una sensación rara después de haberme ido, por cómo se dio todo, por cómo terminé jugando mis últimos años sin gente, por la pandemia. Después de toda la vida que había estado ahí, no me fui como me lo imaginaba, como soñaba”, agregó.

La vida es una tómbola, de noche y de día

La final del Mundial 2026 será, por esas carambolas del destino, el reflejo absoluto de las dos mitades de la vida de Lionel Andrés Messi Cuccittini.

Sobre el césped se cruzará aquel chiquitín rosarino y endiablado que nunca dejó de ser puramente argentino con el del hombre moldeado, protegido y consagrado por el fútbol de Barcelona.

Grandoli, el barrio, el barro, las pelotas desgajadas seguirán condensando pasajes del lugar donde nació el sueño, donde nunca dejó de sentirse en casa. Barcelona será siempre la ciudad que le permitió hacerlo realidad.

Gane o pierda, cuando ruede la pelota en esta última función de gala mundialista, el “10” estará zigzagueando dentro de su propia biografía. Como en las actuales camisetas alternativas de la Selección, andará haciendo un “fileteado artístico”, cerrando un círculo perfecto con la tierra que le dio las alas para volar, pero vestido con la camiseta celeste y blanca con la que siempre quiso tocar el cielo.