En la previa de los cuartos de final del Mundial 2026, el choque entre Argentina y Suiza asoma en los papeles como el duelo entre la pasión desbordante por la celeste y blanca y la supuesta frialdad helvética.
Alejandro Martín, un cordobés que es entrenador de fútbol en Suiza, se atreve a romper ese mito y dice que esa descripción es apenas una cáscara que no resiste un análisis profundo. “Quiero desmitificar eso de que los suizos son fríos. Es una imagen que puede haber quedado de otras generaciones, pero no se corresponde con nada de lo que vivo a diario con ellos”, afirma con total convicción.
Al mismo tiempo, afirma que no son personas distantes, tal como aseguran los arquetipos. Si bien el contacto físico es distinto al que puede concebir como “normal” o “lógico” un argentino, Ale afirma que se trata de gente amable, atenta y cariñosa. Y aun cuando antes las pasiones deportivas estaban más “atomizadas”, el fútbol, como en todo el planeta, despierta pasiones alocadas en Suiza.
El ejemplo más gráfico de esa ebullición interna está inclusive documentado: la transformación absoluta de un hincha del equipo helvético durante el partido contra Francia en los octavos de final de la Eurocopa que se jugó en 2021. De hecho, su reacción se volvió viral y fue captada por todos los medios europeos.
“Empezó con una imagen de compostura, con su gorrito y sus anteojitos, y terminó todo despeinado, sin anteojos, ‘en cuero’, revoleando su camiseta”, describió Alejandro en diálogo con ESPN.com al narrar cómo fue mutando el estado anímico de aquel hincha en un histórico triunfo por penales sobre los entonces campeones mundiales, luego de igualar 3-3.
Para Alejandro, esa imagen es la síntesis perfecta. “Los suizos viven el fútbol como todo el mundo y celebran y disfrutar así cuando obtienen grandes triunfos. Ahí, al ver ese video, se rompe el mito de la frialdad”, afirmó.
Casado con Laetitia, de nacionalidad suiza, y después de varias idas y vueltas entre aquel país y su Argentina natal, Alejandro y su familia se asentaron definitivamente en el cantón de Valais en 2018, cuando sus hijos eran pequeños: ahora, Mael tiene 15 años y Simón acaba de cumplir 13.
Desde hace unos cuantos años, el cordobés dirige las categorías formativas del FC Saint-Maurice, un equipo de la zona del reconocido FC Sion, un club en el cual dejaron su huella argentinos como Enzo Trossero y Néstor Clausen, integrante del plantel que fue campeón en México 1986.
El inmutable Federer, el frío de los deportes en la nieve… ¡y la fiebre por el fútbol!
Alejandro, quien está de paseo por su Córdoba natal, describe que en la era moderna Suiza es un territorio en el cual las pasiones deportivas estaban muy “atomizadas”. Y era lógico. La atención se repartía entre la hegemonía del esquí, el tenis (Roger Federer, uno de los grandes ídolos suizos) y otras actividades, especialmente invernales.
Sin embargo, Ale observa que esta tendencia fue cambiando de forma radical en los últimos años. “Creo que la atracción suiza por el fútbol fue ‘in crescendo’: se nota en la pasión y por el volumen creciente de gente que sigue al fútbol”, explicó.
Este fenómeno se nutre, en gran medida, por la actual naturaleza cosmopolita del país y por la influencia de las corrientes migratorias que inyectaron una cultura futbolística más vibrante en la sociedad suiza.
Aunque el hincha local no suele colocar a sus referentes en un pedestal al estilo argentino, fueron construyendo su propio Olimpo, con figuras como el arquero Yann Sommer, Xherdan Shaqiri y Granit Xhaka, quienes son reconocidos por el gran público.
Para Ale, Xhaka es quien actualmente representa a ese jugador con un “carácter y estatus” diferente –aparece en publicidades y representa a una estrella nacional-, para consolidar al fútbol dentro de los deportes top, disputándole el trono a deportes invernales más emblemáticos del país helvético y a la inagotable cantera tenística liderada por el gran maestro Federer.
El vestuario como un mapa del mundo
La Suiza que enfrentará a la Selección Argentina dirigida por Lionel Scaloni está muy lejos de ser un bloque monocromático. Es, en palabras de Ale, una “amalgama”, tal como ocurre en las categorías formativas a lo largo y ancho del país.
En FC Saint-Maurice, ubicado en el cantón del Valais, la realidad es impactante: del grupo de 16 niños que Ale tuvo a cargo en la última temporada, solo dos eran suizos. El resto componía un crisol de nacionalidades. Había españoles, italianos, kosovares, bosnios, portugueses y argelinos: algunos habían nacido en Suiza y otros llegaron con las olas migratorias.
El fútbol, para él, funciona como un gran unificador: “Cuando hablaba con mis jugadores, siempre ponía el acento en la cuestión deportiva, porque era la unificación y la amalgama de todo ese grupo tan heterogéneo”, explicó.
El factor “Argen-suizo”
El cruce de cuartos de final no será fácil para familias como la de Ale. Sus hijos, nacidos en Argentina pero criados en Suiza, vivieron las clasificaciones de ambos países en un fan-fest ubicado en Valais con una mezcla de sentimientos.
Como si fuese una función continuada de cine, se engancharon primero con el agónico triunfo de Suiza sobre Colombia por penales y, después, con la épica remontada de Argentina contra Egipto.
De hecho, su hijo Simón le envió varios mensajes resaltando que en Suiza no dejaban de mencionar que hacía 70 años que no llegaban tan lejos en una Copa del Mundo. Para un pibe que conoce la gloria reciente de la celeste y blanca no dejaba de ser un dato notable.
Sin embargo, Ale sabe que este sábado será un día complejo, con sensaciones contrapuestas. “Será un día histórico para los ‘argen-suizos’: una mezcla de alegría y tristeza, porque sabemos que uno de los dos va a ganar, pero el otro ya no seguirá en el Mundial”, planteó.
En ese sentido, asegura que, para Suiza, el partido contra Argentina será una fiesta sin presión. Rompieron el techo de cristal y se metieron entre los 8 mejores del mundo después de larguísimo tiempo, por lo que todo lo que llegue de aquí en más será un agregado. ¿Cómo se dirá “una yapa” en Suiza?
La anécdota de Ronaldinho y el “corsé” de la estructura suiza
A pesar de esta apertura cultural, la corrección social y cierta rigidez del sistema sigue siendo un rasgo distintivo para los suizos. Y que eso se traslada inevitablemente al deporte.
Inclusive, Ale subraya que hace un tiempo le contaron una anécdota que hoy parece alocada: cuando era muy joven, el astro brasileño Ronaldinho fue a probarse al FC Sion y lo rechazaron. “Le dijeron que él estaba muy bien para hacer malabares y que era más para ‘circo’ que para jugar al fútbol”, relató Ale con mezcla de risas y asombro.
Si bien el primer club europeo de Ronaldinho fue el PSG francés, su hermano Roberto Assis tuvo dos etapas en el equipo helvético, por lo que no suena imposible que aquella anécdota sea cierta.
Ronaldinho, el jugador que le dio la asistencia para que Lionel Messi convirtiera su primer gol oficial con Barcelona, es uno de los pocos jugadores del planeta que ganaron un Mundial, la Champions League de Europa y el Balón de Oro. Además, se coronó campeón de la Copa Libertadores. ¿Y los malabares?
Para Ale, la visión estructural y ordenada impregna incluso la formación de futbolistas jóvenes. En un país en el que todo o casi todo parece funcionar con precisión, ¿por qué alguien querría salirse de lo esperable?
Allí, el cordobés remarca que a los suizos les falta la “picardía” de los sudamericanos dentro de la cancha. A lo largo de los cursos de entrenadores que fue realizando en los últimos años, detectó incluso un patrón muy común: en su estimación, el 80 por ciento de los contenidos para las prácticas y entrenamientos eran ejercicios estructurados.
Él, en cambio, busca rescatar la esencia del juego y suele citarles a sus jugadores los dichos de Pablo Aimar y la metáfora de las escondidas: “Ser tan estructurados es como si a los 12 o 13 años vas a jugar a las escondidas y te dicen en qué lugar te tenés que esconder. Ahí el juego perdió el sentido. Vos tenés que encontrar tu lugar para esconderte. Eso es lo que le da emoción al juego”, enfatizó.
Una amalgama de banderas para una nueva identidad multicultural
“Con solo ver los nombres en las camisetas, es fácil darse cuenta de que la multiculturalidad del país está presente en la actual selección mundialista de Suiza. Y eso se nota en el equipo, que ganó y se enriqueció en esa amalgama de nacionalidades”, explicó Alejandro.
“Por más que se tengan poca fe para enfrentar a Argentina, porque saben que el trabajo está cumplido, sé que van a dar todo, porque pueden hacer historia”, agregó.
Como dice Ale, en Suiza saben que Argentina es la pasión y el desenfreno, pero ellos ya no son los de antes. El fútbol está metido, cada vez con más fuerza, entre los cantones.
Por supuesto, los suizos tienen la disciplina y la precisión metódica de sus relojes, pero también el fuego de una identidad nueva que se forjó mezclando todas las banderas del mundo. Y así esperan el partido del sábado frente a Argentina.
