El día después de la victoria épica de Argentina contra Egipto en el Mundial 2026, la historia, repetida, se escuchaba en oficinas y bares o se leía en chats de whatsapp de amigos cuarentones o cincuentones. Adultos que contaban que, en medio de su propia tristeza por la desventaja de dos goles, habían tenido que destinar parte de su energía a contener a hijos o sobrinos desconsolados. “Están demasiado acostumbrados a ganar”, explicaban, para después añadir: “Yo les tuve que decir que Argentina no siempre fue así, que antes perdíamos todo el tiempo”.
Dar consejos de crianza puede ser tan desubicado -y habitual- como exigirle cambios a Lionel Scaloni. Pero se les podría sugerir a esos adultos que les cuenten a los chicos, sin temor a generar falsas expectativas, que la Selección pierde mucho menos que la mayoría. Tanto como para decir que las actuaciones de buenas a muy buenas de Argentina son de lo más habitual en la historia de los Mundiales, y sobre todo en la reciente. Esa constancia, a la par de sus títulos, es la que la pone por encima de casi todas las otras selecciones.
El objetivo de mínima, adentro
Al ganarle a Egipto, Argentina consiguió otra vez meterse entre los ocho mejores del mundo. No parece caprichoso asegurar que llegar a esa instancia es el piso para las potencias. Claro que no está garantizado, como bien supo Brasil después de su eliminación en octavos contra Noruega. O Alemania, que se marchó en 16os. frente a Ecuador y lleva tres Mundiales al hilo sin alcanzar los cuartos de final.
Desde Alemania 2006 -no parece casualidad que haya sido justamente la primera Copa del Mundo con Lionel Messi en el plantel-, Argentina accedió en cinco de los seis torneos a la instancia previa a las semifinales, con la única excepción de la eliminación en octavos en 2018. Algún desprevenido le encontrará sabor a poco, pero la Albiceleste, Brasil y Francia son los únicos que lograron esos números, mientras que potencias como España, por ejemplo, apenas pudieron llegar a cuartos en dos ocasiones en ese lapso.
Cincuentones felices
Si usted nació en los primeros años de la década del 70, el seleccionado al que más veces vio campeón del mundo de fútbol con uso de razón fue a Argentina. El recorte puede parecer caprichoso, pero abarca las últimas doce Copas completas, virtualmente la última mitad de la historia mundialista.
En ese lapso, que mostraría también en la cima a Alemania si incluyera a 1974 -cuando se empezó a entregar el actual trofeo que sucedió a la Jules Rimet-, Argentina se alzó con el trofeo en 1978, 1986 y 2022, y detrás quedaron los títulos de los teutones en 1990 y 2014, los de Brasil en 1994 y 2002, Italia en 1982 y 2006, Francia en 1998 y 2018 y España en 2010.
La estadística se completa con el hecho de que Argentina jugó nada menos que cinco de las doce finales. Más de una cada tres torneos disputados. Un número inmenso y que todavía puede acrecentarse en la presente edición.
El nuevo récord
Evitar la derrota ante Egipto, con todo lo complicado que fue, le valió a Argentina superar la marca propia de partidos invicta en Mundiales, que después de la caída ante Arabia Saudita en el debut de Qatar 2022 hasta ahora llegó a 11 partidos. Aunque llame la atención, la plusmarca previa no se había conseguido en ninguna de las campañas que terminaron en títulos, sino en la combinación de una muy decepcionante y otras dos en las que pudieron superar los cuartos de final.
La Albiceleste había llegado a diez encuentros sin perder desde el 1-1 ante Suecia en 2002, cuando se consumó la eliminación en fase de grupos, hasta la caída 4-0 contra Alemania en los cuartos de final de Sudáfrica 2010. En el medio estuvo la campaña en el Mundial 2006, del que Argentina se retiró invicta luego de caer por penales en cuartos de final contra el local, Alemania.
Estar ahí es irrenunciable
Si alguien cree que es imposible que una potencia quede afuera de un Mundial en las Eliminatorias, que les pregunte a los italianos, que llevan tres sin poder superar esa instancia, incluso cuando ahora el cupo de seleccionados que ingresan se amplió a 48. Pero también antes, en tiempos en que sólo accedían 16, Argentina se encargó de estar siempre. O, en rigor, casi siempre.
Desde 1958, cuando quedaron atrás las razones políticas que la dejaron afuera de los tres Mundiales previos, Argentina sólo no pudo superar las Eliminatorias previas a México 1970, cuando se topó con el mejor Perú de la historia. En ese lapso, está apenas por debajo en presencias mundialistas de las dos grandes potencias históricas, Brasil y Alemania, que nunca faltaron. El resto, entre los que se cuentan Francia (no jugó en 1970, 1974, 1990 y 1994), Inglaterra (1974, 1978 y 1994) y España (1958, 1970 y 1974), no puede ostentar lo mismo.
Siempre compite
Vale decir que no siempre la historia fue tan favorable para la Albiceleste. Aunque en 1930 alcanzó la final en el primer Mundial de la historia, cuando cayó 4-2 contra el local, Uruguay, por diferentes motivos pasaron muchos años -tal vez hasta 1966, cuando quedó quinta- antes de que Argentina pudiera hacer pie seriamente en el torneo. Su siguiente presentación, en 1934, resulta una buena excusa para citar una de las tantas estadísticas que demuestran cómo el seleccionado llegó siempre a la Copa del Mundo en condiciones de competir.
Aquella vez Argentina asistió a Italia con un equipo conformado por jugadores amateurs y se fue derrotado en su primer partido, con un 3-2 ante Suecia, en uno de los Mundiales que se jugaron por eliminación directa desde el vamos. Ese torneo, con esas circunstancias particulares, es el único de los 19 que jugó en el que Argentina se marchó sin poder ganar un solo partido. ¿Logro menor? Puede parecerlo, pero en Mundiales recientes otros campeones del mundo, como Uruguay en esta edición, Inglaterra en 2014 o Italia en 2010 se marcharon sin alegrías a casa. La Selección tiene la vara alta para sus campañas y se nota.
Siempre hay algo más
Argentina es uno de esos seleccionados que habilitan siempre a soñar. Por eso, más allá del gran mérito que ya tiene esta campaña después de haber tocado el cielo con las manos en Qatar, y también de una historia llena de alegrías y de números favorables de la Selección, sería torpe conformarse. Si alguien lo sabe, son los integrantes de esta Scaloneta insaciable.
El sábado se escribirá un nuevo capítulo y sobran motivos para el optimismo, aunque a veces haya que sufrir. Los nenes pueden estar tranquilos. Aunque perder está dentro de lo que pasa en el fútbol, la historia dice que verán a Argentina ganar mucho más que a otros seleccionados.
