Los últimos minutos del histórico triunfo y eliminación de Noruega sobre Brasil en los octavos de final del Mundial 2026 transcurrieron entre toques y toques del equipo europeo, hasta que Neymar tradujo la impotencia colectiva e individual en una patada de atrás a Martin Ødegaard que expuso el mal presente futbolístico que vive la Canarinha hace años. Ni siquiera la apuesta de la Confederación Brasileña de Fútbol por Carletto Ancelotti para dar un golpe de efecto alcanzó. Brasil amagó con volver a ser Brasil en los primeros partidos del Mundial, pero un rival serio como fueron los noruegos terminó bajando a tierra la ilusión brasileña en apenas octavos de final, instancia demasiado temprana para la historia brasileña. Lejos de su historia y lejos del Jogo Bonito, Brasil hace años que se convirtió más en un equipo pragmático que no emociona aunque saca algunos resultados. Salvo algún chispazo de Vini, que no se lució por terminar bien las jugadas, el equipo no tuvo inventiva para generar inquietud arriba. Sí tuvo chances, ¡Y qué chances! Un penal errado por Bruno Guimaraes en la primera mitad que podría haber torcido el destino (y por el que será criticado Vini por no asumirlo) y un mano a mano clarísimo de Endrick, que se escapó luego de un delicioso pase de Vinicius y definió de tres dedos afuera. El ingreso de un Neymar muy disminuido y siempre en duda en esta Copa del Mundo mostró que está muy lejos. En busca de soluciones, Ancelotti lo mandó al campo de juego a los 67' y el 10 no le pudo resolver nada al italiano. Al contrario: apenas doce minutos desde su ingreso cayó el primer gol de Erling Haaland de cabeza como un baldazo de agua fría. Mientras en el Scratch las figuras no solucionaban, en Noruega el fuera de serie en la delantera sacudía la Copa del Mundo. A los 90' de nuevo, con un remate certero y de lejos pegado al palo de Alisson. Y luego Brasil llegaría al descuento a los 100' luego de una mano en el área noruega. Neymar tomó la responsabilidad de ejecutar y tuvo un insólito duelo con el arquero Nyland. Como si el partido no estuviera 0-2, Ney le preguntaba dónde quería que le pateara y al marcar sonreía. "Conmigo no", le decía, como si no hubiera nada en juego. Brasil ya no es Brasil y pese al golpe anímico que le dio un gran conductor como Ancelotti no pudo corregir los déficits futbolísticos que el país arrastra desde hace varios mundiales y que le imposibilitan pelear. Contra una sólida Noruega demostró que sin fútbol y sin la esencia brasileña no le alcanza. Brasil cambió la gambeta, el toque distintivo y la cadencia de sus futbolistas por otros estilizados a la europea. No le ha dado resultado.
