La Selección Colombia se enfrenta el 3 de julio a un rival que conoce mejor de lo que parece. No solo porque Carlos Queiroz la dirigió entre 2019 y 2020, sino porque el seleccionado que construyó en Ghana para afrontar el Mundial 2026 lleva su mismo sello, su misma filosofía y muchas de las características que la Tricolor vivió desde adentro hace apenas seis años. El DT no improvisa: tiene una idea de fútbol que repite donde quiera que va, y eso convierte el duelo de Kansas en un examen que Colombia ya rindió una vez.
El sistema de Queiroz: el 4-3-3 inamovible
Cuando Queiroz llegó a Colombia en 2019, su sello quedó claro desde el principio. Implementó un 4-3-3 mucho más fijo que los sistemas de José Pékerman, con una idea táctica inamovible y una filosofía de juego algo más rígida.
En Ghana, la historia se repite. Su selección suele partir de un 4-3-3, aunque durante los partidos puede transformarse en un 4-2-3-1 en fase defensiva o incluso en un 4-4-2 cuando busca mayor presencia en ataque. Es el mismo sistema base, con las mismas variantes según las necesidades del partido.
La prioridad defensiva por encima de todo
Si algo caracterizó a la Colombia de Queiroz fue el orden defensivo. Copaba el ancho del campo con líneas adelantadas para no dejar jugar al rival, mantenía agrupamiento en la mitad y líneas muy juntas, y podía llegar a defender con todo el equipo según las circunstancias. No corría riesgos ofensivos ni le gustaba atacar con desorden, con un repliegue intensivo cada vez que su equipo perdía el balón.
Eso mismo se ve hoy en la Ghana del Mundial 2026. Carlos Queiroz apuesta por un sistema flexible, basado en la organización táctica y el equilibrio entre líneas, con un orden defensivo como prioridad. La estructura mental del equipo es la misma: primero no recibir, después atacar.
El poder físico y la verticalidad como arma
Una de las señas de identidad de Queiroz siempre ha sido su preferencia por jugadores de gran despliegue físico capaces de explotar las bandas. En Colombia, ese rol lo cumplían extremos y laterales con capacidad de ida y vuelta constante.
En Ghana, el concepto es idéntico: se apoya en la potencia física, la verticalidad y la velocidad en transición, con especial protagonismo de las bandas y de jugadores capaces de romper líneas al espacio. El equipo es peligroso cuando puede correr y atacar en campo abierto, exactamente la misma fórmula que Queiroz utilizó con la Tricolor.
El volante de marca como eje del mediocampo
En la Colombia de Queiroz, el mediocampo giraba alrededor de un volante central de marca que se encargaba de equilibrar al equipo y dar salida limpia desde el fondo. Wílmar Barrios cumplió ese rol a la perfección, acompañado por interiores con buen pie y capacidad de ataque como Juan Guillermo Cuadrado y Mateus Uribe.
En Ghana, ese rol recae en Thomas Partey, un volante de experiencia y jerarquía que combina marca, recuperación y salida de balón, el tipo de jugador que Queiroz siempre necesita como ancla de su sistema. La estructura del mediocampo es similar, solo que con apellidos diferentes.
La dependencia de la individualidad en ataque
Tanto la Colombia de Queiroz como la Ghana actual comparten una característica que puede ser tanto una fortaleza como una debilidad: la dependencia del talento individual para desequilibrar partidos cerrados.
Ante rivales que se replieguen en bloque bajo, a Ghana a veces le cuesta generar fluidez en ataque posicional y depende en exceso de acciones individuales para desequilibrar, una situación que también se vivió con la Colombia de Queiroz, donde Falcao, James y Cuadrado tenían que resolver con destellos de calidad lo que el funcionamiento colectivo no lograba generar.
Lo que Colombia ya sabe de memoria
Colombia no se enfrenta a lo desconocido el viernes en Kansas. Se enfrenta a una versión actualizada de lo que ya vivió desde adentro: el mismo técnico, la misma filosofía, el mismo respeto por el orden y la misma fe en la capacidad física y la verticalidad como armas principales. La Tricolor conoce los patrones, sabe dónde aparecen los espacios y entiende cómo Queiroz prepara sus partidos.
Esa información puede ser una ventaja enorme para Néstor Lorenzo y su cuerpo técnico, varios de los cuales convivieron de cerca con la metodología del portugués. El viernes, Colombia no solo jugará contra Ghana. Jugará contra un libreto que sabe de memoria.
