Hay partidos que terminan cuando el árbitro marca el final y otros que permanecen abiertos en la memoria del fútbol. La final de Qatar 2022 pertenece a ese segundo grupo. Aquel 18 de diciembre, Argentina y Francia protagonizaron una definición inolvidable, cargada de emociones, goles y figuras extraordinarias. Casi cuatro años después, el Mundial 2026 vuelve a reunirlas entre los principales aspirantes al título.
El recorrido de ambos durante la fase de grupos alimentó esa sensación. Argentina ganó el Grupo J con puntaje ideal después de vencer a Argelia, Austria y Jordania. Francia también atravesó la primera etapa mostrando autoridad, una estructura consolidada y la capacidad de resolver partidos aun cuando el desarrollo no le resulta completamente favorable.
Ninguna de las dos selecciones transmite la impresión de depender exclusivamente de una inspiración individual. Las dos sostienen su candidatura sobre un funcionamiento colectivo construido durante años.
En la Selección de Lionel Scaloni aparece una imagen que se repite desde hace casi cinco temporadas. El equipo administra los tiempos del partido con naturalidad, mueve la pelota de un lado a otro, obliga al rival a correr detrás de la circulación y, cuando encuentra el momento indicado, acelera con una sucesión de pases que rompe cualquier estructura defensiva. Esa identidad volvió a verse durante la fase de grupos y explica gran parte de su vigencia como campeón del mundo.
Del otro lado, Francia mantiene la competitividad que construyó bajo Didier Deschamps durante más de una década. Cambiaron algunos nombres, aparecieron nuevas figuras y el equipo sumó variantes ofensivas y defensivas sin perder su capacidad para competir en los escenarios de máxima exigencia. El recuerdo de Qatar sigue vivo, pero el presente ofrece argumentos futbolísticos concretos para imaginar que ambos podrían volver a encontrarse en el partido más importante del torneo.
Argentina sigue ganando desde la fuerza del equipo
Cuando Scaloni asumió la conducción de la Selección en 2018 habló muchas veces de construir un equipo antes que una suma de individualidades. Siete años después, esa idea atraviesa cada actuación de Argentina. El funcionamiento colectivo se convirtió en la principal fortaleza de un grupo que aprendió a competir en cualquier contexto.
La fase de grupos volvió a dejar esa sensación. Frente a Argelia, Austria y Jordania hubo momentos en los que el rival parecía controlar el desarrollo. Bastaban unos pocos minutos para que Argentina recuperara la pelota, enlazara una serie de toques consecutivos y encontrara los espacios necesarios para inclinar definitivamente el partido. Es un mecanismo que el equipo repite con naturalidad desde hace años.
Después de la victoria frente a Jordania, Scaloni resumió el recorrido con satisfacción. "El balance, después de ganar los tres partidos, es positivo. Hicimos jugar a todos los jugadores, que era una meta que nos planteamos. Tuvimos la oportunidad de darles minutos y los chicos hicieron un buen partido, que era de lo que se trataba", explicó el entrenador.
También destacó otro aspecto que ahora adquiere un valor enorme de cara a la fase eliminatoria. "Era importante que todos tuvieran minutos porque nunca sabés cuándo los vas a necesitar". La frase refleja una de las principales virtudes del ciclo: cada futbolista entiende exactamente cuál es su función dentro de una estructura que se mantiene estable más allá de los nombres.
Messi sigue siendo el faro de una obra colectiva
Los números del capitán vuelven a ser extraordinarios. Sus goles frente a Argelia, Austria y Jordania marcaron el comienzo de otro Mundial brillante y confirmaron que continúa siendo decisivo a los 39 años. Sin embargo, el análisis de Argentina ya no puede detenerse únicamente en sus estadísticas.
Messi aparece rodeado por un equipo que multiplica sus virtudes. Rodrigo De Paul sostiene el equilibrio del mediocampo, Alexis Mac Allister interpreta cada pausa del juego, Enzo Fernández acelera la circulación cuando el partido lo requiere, Julián Álvarez cuando juega presiona constantemente y Lautaro Martínez vuelve a ofrecer soluciones dentro del área. El campeón del mundo encontró hace tiempo una armonía que permite que todos potencien al compañero.
Scaloni volvió a demostrarlo frente a Jordania. Decidió preservar a Messi durante buena parte del encuentro pensando en la etapa eliminatoria y luego explicó la decisión con absoluta naturalidad. "Messi podría haber jugado los 90 minutos y haber agrandado su leyenda", afirmó. La prioridad estaba puesta en el recorrido del equipo y no en las estadísticas individuales.
Esa manera de administrar esfuerzos también habla de la madurez que alcanzó la Selección. Argentina ya no necesita que su capitán resuelva cada partido en soledad. El funcionamiento colectivo le permite sostener el nivel incluso cuando rota futbolistas o modifica algunas piezas del equipo titular.
Francia también evolucionó sin perder competitividad
Didier Deschamps lleva más de una década al frente de Francia y ese tiempo de trabajo aparece reflejado en cada presentación. El equipo mantiene una identidad muy reconocible, combina experiencia con juventud y sigue incorporando futbolistas sin alterar la estructura general.
Kylian Mbappé continúa siendo la gran referencia ofensiva junto a Ousmane Dembélé, pero alrededor suyo crecieron nombres como Désiré Doué, Michael Olise, Eduardo Camavinga, Aurélien Tchouaméni y Warren Zaïre-Emery. La profundidad del plantel francés vuelve a aparecer entre las mejores del campeonato y le permite sostener un nivel muy alto incluso cuando realiza modificaciones.
Antes del comienzo del Mundial, Mbappé dejó una declaración que explica el momento que atraviesa. "Jugaría todo el Mundial sin hacer un gol si Francia sale campeón", aseguró. La frase muestra a un futbolista que pone el objetivo colectivo por encima de cualquier marca personal.
Ese concepto encuentra un punto de contacto con la evolución de Argentina. Los dos finalistas de Qatar aprendieron que los grandes torneos se construyen desde el funcionamiento del grupo. Las individualidades aparecen para resolver situaciones decisivas, pero el recorrido nace mucho antes, en una idea compartida por todo el equipo.
Argentina y Francia, dos procesos que nunca dejaron de crecer
En un fútbol donde los proyectos suelen modificarse rápidamente, Argentina y Francia representan una excepción. Scaloni comenzó su ciclo después del Mundial de Rusia 2018. Deschamps conduce a Francia desde 2012. La continuidad les permitió consolidar estilos, incorporar nuevas generaciones y sostener una competitividad permanente.
Los futbolistas que se suman a cada convocatoria llegan a un entorno perfectamente definido. Conocen la manera de entrenar, las exigencias tácticas y el funcionamiento del grupo. Esa estabilidad facilita que las renovaciones se produzcan sin alterar la identidad de cada selección.
Durante estos años, Argentina conquistó la Copa América 2021, la Finalissima, el Mundial de Qatar 2022 y la Copa América 2024. Francia, por su parte, siguió instalada entre las grandes potencias internacionales y mantuvo una base capaz de competir por cualquier título.
Ese recorrido explica por qué ambas vuelven a aparecer entre las máximas candidatas. No se trata solamente de la calidad de sus futbolistas. Existe una construcción mucho más profunda que comenzó hace varios años y continúa dando resultados.
El cuadro todavía ofrece muchos desafíos, pero la ilusión vuelve a aparecer
Los Mundiales nunca permiten anticipar el desenlace. Antes de levantar la Copa todavía quedan partidos de eliminación directa donde cualquier detalle puede modificar la historia. Argentina deberá afrontar primero su compromiso frente a Cabo Verde después de liderar el Grupo J con tres victorias. Francia también tendrá que superar una fase decisiva cargada de rivales de enorme jerarquía.
Scaloni fue claro después del cierre de la fase de grupos. "Nos van a poner las cosas difíciles", advirtió cuando comenzó a hablar del primer cruce eliminatorio. La experiencia le enseñó que en un Mundial no existen partidos sencillos y que cualquier exceso de confianza puede resultar determinante.
Sin embargo, también es cierto que algunas selecciones transmiten señales difíciles de ignorar. Argentina mantiene intacta la identidad que construyó durante casi cinco años. Francia conserva la solidez que la llevó a disputar dos finales consecutivas. Ambas encuentran respuestas cuando el partido se complica y ambas poseen planteles capaces de resolver situaciones de máxima exigencia.
La final de Qatar 2022 ya ocupa un lugar eterno en la historia del fútbol. El Mundial 2026 todavía tiene muchas páginas por escribir. Entre todas las posibilidades que ofrece el torneo, hay una que vuelve a crecer con cada partido que pasa: la de volver a ver frente a frente a las dos selecciones que mejor entendieron cómo mantenerse en la cima sin dejar de evolucionar.
