México pasó de iniciar el Mundial con 120 mil de sus seguidores festejando el triunfo contra Sudáfrica, a 400 mil contra Corea del Sur y 800 mil con Chequia.
La playera de México se convirtió en la más vendida de la Copa del Mundo 2026, por encima de la de potencias como Argentina, España y hasta Brasil, con más de cinco millones de piezas vendidas desde noviembre a la fecha, ese es el triunfo del colectivo, impulsado desde la dirección técnica de Javier Aguirre y sus 26 seleccionados.
En Torreón, Coahuila, la relación entre México y su afición no iba más. Uno de los líderes, Raúl Jiménez, salió a criticar a sus aficionados, después de empatar con Uruguay en un partido sin goles. Javier Aguirre encerró a sus futbolistas y les dijo “con el público no”. Ahí cambió todo.
Se diseñó un equipo que prioriza la defensa en lugar del ataque y con “jugadores que luchen, peleen, que la gente se identifique con él”. El primer síntoma de reconciliación fue el juego entre México y Australia, en Los Ángeles, California, en el que el Rose Bowl registró una entrada de más de 75 mil personas, tres veces más que en el primer partido de Javier Aguirre, en su tercer ciclo con el Tricolor, 20 meses atrás, en ese mismo lugar.
Ahí regresó una comunión que creció con el partido amistoso contra Serbia y en la que se han ido sumando más aficionados al colectivo de Javier Aguirre. México pasó de iniciar la Copa del Mundo con 120 mil de sus seguidores festejando el triunfo contra Sudáfrica en el Ángel de la Independencia, a 400 mil contra Corea del Sur y 800 mil con Chequia.
Al colectivo de México se suma la pericia de Javier Aguirre de darle juego a todos sus futbolistas, hasta ahora, en tres partidos ha utilizado a 25 de 26 futbolistas, creando nuevos héroes como Julian Quiñones, Mateo Chávez, Álvaro Fidalgo o Raúl Tala Rangel, además de darle su lugar a los de experiencia como Raúl Jiménez, que ya se estrenó con gol en un Mundial.
El entusiasmo se refleja en la venta de camisetas de México, cientos de personas circulan a diario con la playera de México, orgullosos de un equipo que terminó por primera vez una fase de grupos limpia, con tres triunfos y cero goles recibidos. Ahí, al menos en ese rubro, ya se le ganó a potencias como España, Argentina y hasta Brasil.
El buen ánimo llega hasta las concentraciones de la Selección Mexicana, que parecen patios de secundaria, con los tradicionales calzones chinos entre compañeros y jugadores volando por los aires, es más una reunión entre amigos que una preparación para la Copa del Mundo 2026.
Esos factores son los que ilusionan más que nunca a un equipo y a un país, que no teme decirle a la aldea global que piensan en un campeonato del mundo, con el ya clásico “¿Y si sí?”, el triunfo del colectivo.
