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La conexión africana de Carlos Queiroz, el DT de Ghana en el Mundial 2026

“En Mozambique recuerdo escuchar con mi padre los relatos de Artur Agostinho en la radio nacional. Cada vez que gritaba ‘¡remata!’, había interferencias y nos quedábamos sin saber si había sido gol o no. Nuestro mundo giraba entre la obligación de ir a la escuela —y yo solo iba porque mis padres me obligaban— y el fútbol. No había nada más para hacer. No había televisión, poco cine y algunos bailes mal organizados. Jugábamos por la mañana, por la tarde y por la noche. Los que tuvieron oportunidades encontraron un lugar para venir a jugar a Portugal; otros, como yo, que era arquero, quedaron en el camino. Pero no nos quejamos”.

La frase dicha en una nota a Revista Sábado de Portugal en 2015 pinta de cuerpo entero a Carlos Queiroz, el flamante entrenador de Ghana para el Mundial 2026. Mucho antes de sentarse en bancos gigantes de Europa o de dirigir selecciones en Mundiales, fue un chico criado en Mozambique, jugando a la pelota descalzo, entre playas y tierra. Ahí nació todo. Ahí apareció esa obsesión por el fútbol que lo acompañó durante toda su vida. Porque para Queiroz el fútbol nunca fue solamente un juego: fue su refugio y una manera de entender el mundo.

Queiroz nació en 1953 en Nampula, una ciudad ubicada en el norte de Mozambique, cuando todavía era colonia portuguesa. Su familia tenía origen luso, pero él creció completamente atravesado por la cultura africana. Más de una vez se definió como “un africano de piel blanca”, una frase que explica el vínculo emocional que mantiene con el continente. Su infancia estuvo marcada por la libertad de otra época: viajar solo de chico, pasar el día entero afuera de casa y vivir entre partidos improvisados con amigos del barrio, aunque el peligro siempre estaba latente.

El fútbol aparecía en cada rincón. En las calles, en las playas y hasta en pelotas armadas con lo que hubiera a mano. En Mozambique la pelota era el centro de todo. Queiroz contó varias veces que en su infancia no había demasiado entretenimiento, y allí el fútbol ocupaba ese espacio.

Durante su adolescencia atajó en el Ferroviário de Nampula, uno de los clubes más tradicionales de la región. No llegó a destacarse como futbolista profesional y rápidamente entendió que su lugar dentro del deporte iba por otro lado. Tenía una mirada distinta del juego. Le interesaba entenderlo, analizarlo, buscar detalles. Mientras muchos soñaban con ser estrellas dentro de la cancha, él empezaba a construir un perfil más ligado a la conducción desde afuera.

El éxodo a Portugal de Carlos Queiroz

La independencia de Mozambique en 1975 cambió muchas cosas en su vida. En medio de un contexto político y social complicado, se mudó a Portugal. El desarraigo fue total. Pasó de una vida abierta y cálida en África a un país que sentía lejano, incluso siendo ciudadano portugués. Pero ahí empezó su crecimiento profesional. Estudió ciencias del deporte, trabajó en formación juvenil y poco a poco fue metiéndose en el mundo de los entrenadores.

Su gran salto llegó con las selecciones juveniles de Portugal. A fines de los 80 armó equipos que terminaron marcando una época y consiguió algo histórico: ganar dos Mundiales Sub 20 consecutivos. Aquellas selecciones tenían jugadores que después serían figuras enormes, como Luis Figo o Rui Costa. Queiroz empezó a hacerse conocido por su capacidad para formar futbolistas y por estar siempre un paso adelante de sus rivales.

Con el tiempo fue construyendo una carrera internacional enorme. Pasó por clubes y selecciones de distintos continentes, siempre con esa imagen de entrenador meticuloso, obsesivo y estudioso. Uno de los puntos más altos llegó cuando se convirtió en colaborador de Alex Ferguson en el Manchester United. Ferguson confiaba mucho en él y valoraba especialmente su trabajo táctico. En Inglaterra ganó títulos importantes y participó de una de las etapas más exitosas del club.

Después tuvo el desafío de dirigir al Real Madrid de los “Galácticos”. Le tocó manejar un vestuario lleno de estrellas, con figuras como Zidane, Ronaldo, Beckham y Raúl. El ciclo fue corto y no terminó de la manera esperada, pero igual le permitió mantenerse dentro de la elite del fútbol mundial. Ya para entonces, Queiroz era un técnico reconocido a nivel mundial.

Carlos Queiroz, un seleccionador de lujo

Con los años se volvió un especialista en selecciones nacionales. Dirigió a Portugal, Sudáfrica, Colombia, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Omán e Irán, donde dejó probablemente su huella más fuerte. Con los iraníes consiguió disputar tres Mundiales seguidos y armó equipos muy competitivos, difíciles de enfrentar incluso para las potencias. Su estilo nunca fue vistoso, pero sí muy ordenado e intenso.

En total dirigió cuatro Copas del Mundo. Estuvo en Sudáfrica 2010 con Portugal, y luego en Brasil 2014, Rusia 2018 y Qatar 2022 con Irán. Ahora tendrá una nueva experiencia mundialista al frente de Ghana, una selección con mucha tradición africana y jugadores de potencia física y buena técnica.

El desafío con Ghana en el Mundial 2026

La llegada de Queiroz se dio después de una salida bastante conflictiva de Otto Addo, luego de los amistosos de marzo. Ghana decidió terminar el ciclo del entrenador luego de una serie de resultados flojos y varias críticas internas. Aunque había logrado la clasificación al Mundial, el desgaste era evidente y la dirigencia apostó por un entrenador con experiencia internacional para afrontar este torneo.

El desafío no será sencillo. Ghana compartirá grupo en el Mundial 2026 con Inglaterra, Croacia y Panamá. Será una zona durísima, con rivales de mucho peso histórico y otro con menor jerarquía.

Sin embargo, si hay alguien acostumbrado a moverse en escenarios complejos, es Carlos Queiroz. Su carrera estuvo llena de desafíos, cambios de país y contextos difíciles ¿Podrá hacer historia con Ghana? Quizás el retorno al continente que lo vio nacer sea un guiño del destino.