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Irak, el fútbol que brotó entre las ruinas para llegar al Mundial 2026

La historia no es una sola. Depende de quién la cuente y cuándo. Aunque para la mayoría de las personas nacidas en Occidente desde 1960 en adelante Irak es sinónimo de guerra, vale la pena contar que no siempre fue así. Porque mucho antes que eso, Bagdad fue por ejemplo el escenario en el que tomaron forma algunos de los cuentos de Las mil y una noches, que desde hace siglos ilustran al mundo con su sabiduría. Pero los tiempos cambiaron y los pensamientos sobre la capital iraquí en las últimas décadas se vincularon de forma inevitable con la oscuridad y la muerte. Aún así, también de ese suelo arrasado puede brotar la felicidad. Y en ese Irak en el que la violencia marcó el trazo con el que se escribieron los últimos tiempos, se disfruta de una generación de futbolistas que le devolvió al país una alegría posible: la de participar en el Mundial 2026.

Las vidas de los jugadores que consiguieron el anhelado regreso de Irak a los Mundiales estuvieron atadas de una u otra manera a la tragedia bélica. Algunos crecieron en medio de las bombas de la invasión de Estados Unidos en 2003 y del conflicto armado interno posterior en el país. Otros nacieron en la diáspora, en el seno de las familias que tuvieron que escapar hacia países dispuestos a recibirlas.

La anterior participación en una Copa del Mundo, y la única hasta ahora, fue hace 40 años, en 1986. El seleccionado dejó una buena imagen aunque perdió sus tres partidos, todos por la mínima diferencia. Como la historia es circular, también aquel Irak estaba atravesado por la guerra, en ese caso con su vecino Irán. Porque en algunas latitudes, la tragedia no cesa. Aunque el fútbol puede dar un respiro.

Una flor entre las ruinas de Irak

Más que aquella actuación en el Mundial de México, la referencia que alimenta la autoestima y permite soñar a los integrantes actuales del plantel de Irak es la conquista de la Copa Asiática 2007, luego de haber superado en la final a un rival muy respetado en la región como Arabia Saudita. Ese título, el más importante de la historia, llegó en momentos en que recrudecía la guerra civil, y de la mano de jugadores que habían tenido que soportar la pérdida de familiares en el conflicto armado. Aquello fue una muestra más de cómo la pelota era una vía de escape, al menos momentánea, al laberinto de tristeza al que el país parecía condenado.

Algunos de los futbolistas que representarán al seleccionado en la Copa del Mundo llegaron a disfrutar de esa alegría y hasta a participar de los festejos, que fueron masivos y se trasladaron a las calles de Bagdad, en abierto desafío al rigor que imponían las armas.

Otros no estaban allí. Como Ali Al-Hamadi, a pesar de que había nacido en 2002 en la capital iraquí. Cuando tenía un año, luego de que a su padre lo detuvieran en una protesta contra el entonces presidente, Saddam Hussein, toda la familia emigró a Liverpool. Lejos de su país natal, Ali se crio, se hizo hincha de los Reds y aprendió los fundamentos del fútbol, tan bien que a los 13 años entró en las divisiones juveniles del Tranmere Rovers. “Crecí en un contexto muy difícil, y el fútbol era todo para mí. Siempre fue lo que me gustaba hacer. Me servía para olvidarme de todo lo demás”, contó el año pasado Al-Hamadi en una entrevista con The National.

Persistió en el fútbol a pesar de la oposición de sus padres, que preferían otro futuro para él. “Tuve mucho trabajo para convencerlos, porque ellos veían que yo era bueno en la escuela. Y en realidad es sobre todo por eso que los adultos iraquíes quieren venir al Reino Unido. Buscan que sus hijos tengan una buena educación, que vayan a la universidad. Pero yo sólo quería jugar al fútbol”, confesó. Y así paso a paso, después de aquel comienzo en Tranmere, logró en agosto de 2024 lo que no había conseguido ningún iraquí: jugar en la Premier League. Fue con la camiseta de Ipswich y justamente contra Liverpool.

Ahora jugador de Luton, que da pelea en la tercera división de Inglaterra, Al-Hamadi marcó en abril el primer gol del seleccionado en la victoria 2-1 ante Bolivia en el repechaje que metió al seleccionado en la próxima Copa del Mundo. Así agrandó su lugar en la historia grande del fútbol iraquí. Y sueña con dejar una huella todavía más grande en junio.

Los iraquíes de Europa

El caso de Ali Al-Hamadi es uno de muchos iraquíes de la diáspora. Como el lateral izquierdo Merchas Doski, nacido en Hannover, Alemania, y jugador de Viktoria Plzen, que pelea la punta en la liga de República Checa. O del otro lado de la cancha, el lateral derecho Hussein Ali, que nació en Suecia y llegó a jugar en sus seleccionados juveniles, pero en mayores eligió representar a Irak.

Todos ellos, sumados a otros como Zidane Iqbal, de pasado en las divisiones inferiores de Manchester United y más recientemente transferido a Utrecht, de Países Bajos, aportan formación y conocimiento táctico de las escuelas más tradicionales de fútbol europeo. Como para acortar la distancia que los países de la periferia tienen inevitablemente con aquellos que cuentan con más posibilidades económicas y de infraestructura.

La vieja guardia, el mejor respaldo para el Mundial 2026

El australiano Graham Arnold, que llegó en marzo de 2025 cuando la clasificación estaba muy comprometida, trabajó sin descanso para integrar ese aporte de los jugadores de la diáspora con los más experimentados que la pelean día a día en Irak o países vecinos. Como pasa tantas veces, a la hora de las paradas difíciles -y el Mundial va a ser una de ellas-, el oficio se reconoce.

El técnico, que sabe lo que es llegar a octavos de la Copa del Mundo porque lo consiguió con Australia en 2022, mantiene como imprescindibles a dos jugadores de la liga local. Por un lado, al capitán, el arquero Jalal Hassan (Al-Zawraa), que llegó a los 100 partidos internacionales. Por otro, el jugador más destacado por antecedentes, el delantero Aymen Hussein. Con 30 años, el punta de Al-Karma suma más de 30 gritos para Irak, entre ellos, uno la victoria ante Bolivia que significó el pasaje a la Copa del Mundo. Cuando se puso a prueba en un torneo de relevancia internacional, no defraudó: en los Juegos Olímpicos de París 2024, se anotó con dos gritos en los tres partidos que disputó.

¿Alcanzará para que Irak haga un buen papel en la Copa del Mundo? No parece fácil: en la fase de grupos tendrá que enfrentar a tres seleccionados a priori más poderosos como Noruega, Francia y Senegal. Sea como fuere, nadie les quitará a sus fervorosos hinchas la alegría de jugar contra los mejores. Y la ilusión de que esa alegría que tantas veces la realidad les arrebató se las devuelva el fútbol. Aunque no sea de la mano de una historia de las que contaba Scheherezade.