James Rodríguez en el Mundial 2026: La epítome del "jugador de selección"

James Rodríguez jugará su último Mundial en 2026 para continuar su idilio con la camiseta de Colombia. ESPN

El colombiano dejó una huella en Brasil 2014 y buscará demostrar su vigencia en Estados Unidos, México y Canadá.


Desde 2024 hasta la fecha, James Rodríguez jugó apenas 46 partidos con sus clubes, Rayo Vallecano, León y Minnesota United. Un jugador con ese presente en el día a día no tiende a representar a su selección en 28 ocasiones durante ese período. Pero James Rodríguez, ciertamente, no es cualquier jugador para Colombia.

La presencia del número 10 en el Mundial 2026 estaba garantizada desde mucho antes de su más reciente fichaje en la MLS. De hecho, es posible inferir que la búsqueda de club para él se trabajó apuntando al torneo, y no al revés, como suele pasar. Y hay una explicación muy sencilla para el motivo: cada vez que se pone la camiseta amarilla es absolutamente diferencial, con un aporte de técnica y talento que tienen pocos jugadores en el mundo, y aún lo sigue demostrando a sus 34 años.

De cara a la que probablemente sea su última Copa del Mundo, existe una noción ampliamente compartida acerca de que su carrera quizá no alcanzó las cotas que se esperaban de él en un principio, más allá de los destacables logros que sí obtuvo. Sin embargo, esta edición de la cita máxima del fútbol le ofrecerá una oportunidad más para demostrar por qué es el jugador que definió una de las generaciones más brillantes de la historia de su país.

De promesa a realidad

James estaba apuntado como uno de los grandes talentos del futuro de Colombia desde mucho antes de que el mundo supiera cómo pronunciar correctamente su nombre. Su debut con Envigado llegó con apenas 14 años (en la historia del fútbol colombiano solo Radamel Falcao, el otro gran líder de su generación, arrancó más joven), y su talento y personalidad para establecerse en el equipo cuando aún era un adolescente atrajo el interés de Banfield, que lo trajo al fútbol argentino. No tardó en hacer historia allí: en 2009 fue fundamental para que el Taladro se consagre campeón del torneo local por primera vez, y antes de cumplir 19 años emigró a un histórico de Europa como Porto.

En Portugal, el joven técnico André Villas-Boas comenzó a integrarlo de manera paulatina, pero su talento trascendió a tal punto que se convirtió en una pieza clave para un 2011 memorable para los Dragones, que ganaron un triplete de liga, copa y Europa League. Aquel año también vio el meteórico ascenso de Rodríguez en el combinado cafetero, que lo vio hacer el camino de Sudamericano Sub 20, Mundial de la categoría, Torneo de Toulon y, finalmente, el debut con la mayor en octubre ante Bolivia. Y ya en aquella ocasión marcó el camino que vendría: fue elegido figura del partido en una victoria por 2-1.

El contexto en el que James llegó a la Selección Colombia era sumamente adverso. El equipo no había llegado a un Mundial en todo el siglo XXI, y había cerrado una decepcionante participación en la más reciente Copa América, donde fue eliminado por Perú. El panorama cambiaría de manera drástica luego del arribo de José Néstor Pékerman a la dirección técnica, y el argentino lideró un grupo renovado de figuras junto a Falcao, Cristian Zapata, Juan Cuadrado, Juan Fernando Quintero, Carlos Bacca, Luis Muriel y Jackson Martínez que demostró un fútbol vibrante, libre de las presiones del pasado y, eventualmente, de regreso a una Copa del Mundo tras 16 años.

A pesar de la larga ausencia, el volumen de talento que poseía el seleccionado lo posicionaba como un candidato a dar la sorpresa en Brasil 2014. Pero en enero de ese año llegó el golpe: Falcao, que acompañó a James a Mónaco seis meses antes, sufrió una rotura de ligamentos en la rodilla izquierda. Su carrera no volvería a ser la misma, se despidió de aquella Copa del Mundo, y Colombia necesitó de un líder que lo suplante.

Decir que Rodríguez tomó esa posta con total naturalidad no le haría justicia a su rendimiento, porque tomó ese torneo por asalto. Convirtió en todos y cada uno de los partidos de un grupo donde los cafeteros aplastaron a Grecia, Costa de Marfil y Japón, a quien el mediapunta le anotó un exquisito gol con enganche y vaselina sobre el arquero, para luego firmar el mejor tanto del torneo, y del año, en los octavos de final contra Uruguay. En una jugada que parecía anodina, recibió un cabezazo de Carlos Sánchez con el pecho, se acomodó y remató de volea con su zurda. Fernando Muslera apenas pudo observar cómo el trallazo reventaba el travesaño y picaba del lado de adentro de su arco, para el estallido colombiano.

El camino de los de Pékerman terminó en cuartos, en una contenciosa derrota ante Brasil por 2-1, pero su camino marcó la mejor participación del país en la historia de los Mundiales. Por si fuera poco, James fue galardonado como el máximo goleador del torneo de la mano de sus 6 conquistas, y tanto él como sus compañeros fueron recibidos por decenas de miles de compatriotas de vuelta en Bogotá. Y con el reconocimiento llegó también una recompensa deportiva: un pase a nada menos que Real Madrid, por 80 millones de euros.

La dificultad de sostener el idilio

Tras la Copa del Mundo, Rodríguez se encontraba en la cima del mundo, y potencialmente más alto que cualquier jugador colombiano había estado jamás. Se convirtió en el futbolista más caro de la historia de su país con mucha diferencia, y tenía en sus manos la oportunidad de ser protagonista en uno de los clubes más grandes del mundo, un aporte que podría ser invaluable también para su selección.

Su primer año fue positivo, gracias al rol preponderante que le cedió Carlo Ancelotti, pero el italiano duró solo una temporada más a cargo del club, y con los años sus oportunidades en el primer equipo se fueron diluyendo, en particular a partir de la llegada de Zinedine Zidane y la consolidación del exitoso mediocampo compuesto por Casemiro, Luka Modric y Toni Kroos, que le cerró los caminos al punto de tener que buscar préstamos en otros clubes. Lo mismo no ocurrió con su país, donde siguió siendo su líder futbolístico indicustido, y lo guió a un notable tercer puesto en la Copa América 2016, su mejor resultado en 15 años.

La situación en su club se volvió tan difícil que, de cara al Mundial 2018, James debió salir a préstamo a Bayern Munich, en una reunión con el entrenador italiano que duró aún menos que su primer encuentro en Madrid. De todos modos, el mediapunta llegó a Rusia con suficiente rodaje como para encarar el torneo con ilusión renovada y, ahora sí, acompañado de su socio Falcao. Tras una inesperada derrota en el debut ante Japón, los cafeteros se reencauzaron con una cómoda goleada por 3-0 a Polonia y un ajustado triunfo por 1-0 sobre Senegal para liderar el grupo H, pero una tensa tanda de penales contra Inglaterra les negó la chance de igualar la histórica campaña de cuatro años atrás, lo que marcó en cierto modo el fin de una era.

Los años posteriores no fueron fáciles para James. El club bávaro no lo contrató al término de su préstamo, y en 2020 se vio forzado a salir de la Casa Blanca a Everton, motivado por una tercera oportunidad para jugar bajo las órdenes de Carletto. Sin embargo, los problemas físicos comenzaron a aquejar con regularidad al jugador, que un año más tarde recaló en Qatar con Al Rayyan. En paralelo, tras una floja Copa América 2019, el seleccionador Reinaldo Rueda lo dejó de tener en cuenta para la Selección Colombia tanto por sus lesiones como por decisiones tácticas, y a pesar del talento ofensivo que todavía ostentaba, el equipo se perdió el Mundial 2022 de manera sorpresiva.

La vigencia inalterable de James

A nivel clubes, la carrera de Rodríguez tras abandonar Qatar (tanto en sentido figurado, con la no clasificación de su selección, como literal, al dejar Al Rayyan) entró en un período de constante incertidumbre. No pudo encontrar regularidad ni en Olympiakos ni en Sao Paulo ni en Rayo Vallecano, a pesar de que su llegada a cada uno de esos sitios fue recibida con gran anticipación, y recién entrado en la treintena, parecía costarle encontrar el rumbo. El fútbol, según los críticos, le estaba demostrando que su perfil de número 10 de más creatividad que energía había quedado en el pasado.

Por contraste, Colombia le ofreció a James un inesperado segundo aire. A diferencia de Rueda, su reemplazante Néstor Lorenzo sí vio en el nacido en Cúcuta una pieza clave que puede aportar cualidades que ningún otro jugador de su país tiene, y lo reincorporó de inmediato. El resultado fue una Copa América 2024 en la que volvió a brillar como una década atrás, controlando los hilos del juego, creando oportunidades constantemente para sus compañeros y llevando a los cafeteros a una primera final continental en 23 años. Salió derrotado por Argentina en la definición, pero su rendimiento le valió el premio al mejor jugador del torneo, algo inimaginable en la previa.

La presentación del mediapunta en Estados Unidos despertó un nuevo interés por parte del mundo del fútbol, sorprendido ante el regreso a las primeras planas de un jugador que parecía caído de ellas. Le valió un pase a León en México, donde por fin volvió a jugar regularmente, y a tomar un rol protagónico en el regreso de su selección a la Copa del Mundo, ahora secundado también por una nueva estrella mundial como Luis Díaz. Y tras sellar su continuidad en la MLS con el objetivo de ponerse a punto de la mejor manera para el torneo, la ilusión de todo un país está en poder disfrutar todo lo posible de la última presentación de un crack que devolvió a Colombia a la cima del deporte tras un largo período de oscuridad.