Ver a Colombia fuera de Qatar 2022 fue la confirmación de que la Selección había perdido su manera de competir, de relacionarse con el juego y de reconocerse a sí misma en la cancha. El equipo que durante la era de José Pékerman había logrado volver a los Mundiales, sostenerse en la élite sudamericana y construir una idea reconocible, quedó atrapado en una zona de dudas, cambios de rumbo y señales contradictorias. Esa travesía por el desierto terminó condenando a Colombia a reabrir una herida lejana y que parecía olvidada: ver la Copa del Mundo por televisión.
Colombia y el Mundial 2026: otra vez la ilusión
El proceso de Néstor Lorenzo no puede leerse solo desde los resultados. Su trabajo ha sido, ante todo, una reconstrucción. No partió de cero, pero sí de un equipo golpeado mentalmente, desconfiado y sin una base clara. La tarea era recuperar la memoria competitiva, volver a darle sentido a un grupo que ya tenía talento, pero que había dejado de creer en sí mismo.
En esa recuperación aparece uno de los conceptos centrales de este ciclo: Colombia volvió a parecerse a una Selección que entiende a qué juega, que sabe desde dónde compite y que volvió a encontrar un hilo conductor entre la jerarquía de los veteranos y el impulso de una camada más joven.
La identidad de Pékerman: El juego y el entorno
Pékerman había construido mucho más que un equipo ordenado dentro de la cancha. Sarah Castro, periodista de ESPN que siguió de cerca ese proceso, pone el foco en un detalle que ayuda a explicar por qué esa selección conectó tanto con el país. Según su mirada, Colombia se encontró a partir de una identidad colectiva: una selección que se hacía fuerte alrededor de la pelota, de la asociación entre sus futbolistas de mejor pie, de la velocidad por fuera y de una estructura que también cuidaba el entorno. “La Selección se convirtió en un equipo de élite, con mucha privacidad. Era una familia hacia adentro”.
Carlos Valdés, mundialista en 2014, agrega otra clave que ayuda a completar esa idea. Para él, la conexión con la gente también tuvo una raíz emocional: Colombia era un equipo que transmitía. “La principal identidad fue mostrar deseo y ambición de triunfo”, recuerda.
Después vinieron las formas, los automatismos, la evolución técnico-táctica. Pero primero hubo un plantel que convenció porque quería ganar. La identidad de aquel equipo estuvo también en la mentalidad con la que encaró una Eliminatoria larga, exigente y cargada de presión. Pékerman entendió que en selección no alcanzaba con confiar en el talento natural del futbolista colombiano. Había que profesionalizar cada detalle, perfilar mejor las convocatorias y encontrar jugadores con calidad, sí, pero también con personalidad.
La ruptura: del extravío al golpe de Qatar 2022
El golpe llegó después. La salida de Pékerman en 2018 abrió un período en el que Colombia dejó de tener una referencia clara. El 6-1 ante Ecuador en Quito, en noviembre de 2020, fue una exposición brutal de ese desorden, pero no fue el único síntoma. En el camino al Mundial 2022, la Selección terminó sexta con 23 puntos y quedó eliminada.
El dato más elocuente de esa caída estuvo en el ataque: siete partidos consecutivos sin marcar, 556 minutos en blanco entre octubre de 2021 y febrero de 2022. Esa sequía reflejó un problema más grande: un equipo que había perdido agresividad, confianza y claridad.
Óscar Córdoba, leyenda de la Selección Colombia y uno de los referentes históricos del equipo nacional lo resume sin rodeos: “Queiroz no entendió nuestra filosofía, nuestra identidad de fútbol”. Sobre Reinaldo Rueda, va al hueso: “Fue muy timorato, pensó más en defender que en atacar”. Entre una cosa y la otra, Colombia se fue quedando sin convicción. Sin juego, pero sobre todo sin creencia.
Lorenzo: reconstruir desde la confianza
Ahí es donde aparece Lorenzo. Su mayor virtud fue reconocer qué parte del camino anterior todavía servía. Sarah Castro lo explica desde el concepto más profundo del proceso: “Lo primero que hace es reconocer al jugador, darle confianza y devolverle la capacidad de decidir en el campo”.
También ayudó el hecho de que ya era una figura conocida y respetada por muchos futbolistas de la etapa anterior. No llegaba con la hoja de vida de Pékerman, pero sí con su conocimiento del grupo y de la cultura interna de la selección.
Córdoba aporta otro matiz clave: “Se apoya en jugadores de experiencia y va renovando con el tiempo. No es un cambio brusco”.
Y Valdés lo lleva a lo esencial: “Cuando el jugador colombiano cree, compite distinto”.
La nueva Colombia: resultados, figuras y funcionamiento
En la cancha, esa recuperación se tradujo en una selección más corta, con mejores distancias entre líneas y una ocupación de espacios más clara. También en un equipo con más decisión para recuperar arriba y acelerar.
Este equipo tiene rasgos propios: más velocidad, otra presión y una estructura pensada para potenciar a sus figuras.
Ahí aparecen nombres determinantes: Luis Díaz terminó la Eliminatoria como segundo máximo goleador con 7 tantos, consolidándose como el jugador más desequilibrante del equipo. James Rodríguez, por su parte, recuperó centralidad como organizador y cerró como máximo asistidor con 7 pases de gol, siendo el eje del sistema ofensivo.
Los resultados respaldan el proceso: Tercer lugar en la Eliminatoria con 28 puntos. Clasificación al Mundial 2026. Subcampeonato de Copa América 2024. Colombia volvió a competir con regularidad. Volvió a ser un equipo serio.
Las dudas: Lo que todavía falta
Si el proceso de Lorenzo quiere aspirar a algo más que clasificar, todavía tiene asuntos por resolver. Castro advierte: “El equipo depende mucho de James. Cuando no está o el partido pide otra cosa, cuesta encontrar variantes”. Y también señala un punto estructural: “El cuerpo técnico tiene menos experiencia que el de Pékerman para ciertos momentos”.
Valdés baja esas dudas al campo: "Flta consolidar la zaga central, no hay un lateral izquierdo fijo y hay irregularidad en el mediocampo". Colombia ya volvió a ser un equipo pero todavía no ha demostrado que puede reinventarse, todavía le falta el gran salto. Los amistosos ante Croacia y Francia desnudaron falencias graves que el argentino tendrá que corregir un en un muy corto plazo.
¿Hasta dónde puede llegar Colombia?
Aun así, después del golpe de Qatar, el equipo parece encaminado nuevamente al lugar en el que lo puso la generación de 2014. Lorenzo recogió una selección herida y la devolvió al mapa. Retomó bases que habían funcionado, restauró la confianza y armó un grupo que mezcla experiencia y juventud. ¿Podrá Colombia superar los cuartos de final en el Mundial 2026? Óscar Córdoba responde con naturalidad: “¿Y por qué no? Hay jugadores para hacerlo”. El Mundial será el juez que dictara sentencia: ¿Es Colombia un aspirante a ser algo más que animador?
