Fabio Cannavaro encarna para los Mundiales una de las imágenes más fuertes de los últimos años. En 2006 alzó la copa más preciada, como capitán de una Italia dominante que, después de superar al local Alemania en semifinales y a Francia por penales en el encuentro decisivo, se coronó campeona y escribió así el último capítulo de un fútbol glorioso. En ese 2006, se convirtió en uno de los pocos defensores que consiguieron alzarse con el Balón de Oro. Este año le tocará volver a sentir la adrenalina de la gran cita pero desde el banco de suplentes de Uzbekistán, con una expectativa muy distinta de la que tenía cuando se calzaba la camiseta de la Azzurra, de Real Madrid o de Juventus.
A diferencia de lo que cantaba Carlos Gardel en el tango “Volver”, en el caso de Cannavaro y de Italia es imposible sentir que veinte años no son nada. En las dos décadas que siguieron a la consagración en Berlín, Il Capitano cerró su carrera como futbolista y comenzó una como entrenador que está lejos de aquellos éxitos. El seleccionado italiano, por su parte, después de haber tocado lo más alto con su cuarta Copa del Mundo, comenzó a vivir una pesadilla que -apenas interrumpida por el título en la Eurocopa en 2021- amenaza con continuar: después de sendas eliminaciones en primera ronda en Sudáfrica 2010 y Brasil 2014, ni siquiera llegó a participar en Rusia 2018 y en Qatar 2022. Y en el Mundial que se jugará este año en Estados Unidos, México y Canadá, todavía tiene que pelear por su plaza en un repechaje, de esos que las últimas dos veces se le negaron.
Cannavaro: perfil alto como futbolista, perfil bajo como DT
Cannavaro es sin duda uno de los defensores más importantes de la historia, como integrante de la misma mesa, imaginaria y escueta, a la que se sientan Franz Beckenbauer, Bobby Moore, Franco Baresi, Daniel Passarella, Carles Puyol, José Nasazzi y muy pocos más. Completó un recorrido de casi 20 años desde que arrancó en Napoli, donde llegó a compartir plantel con Diego Maradona. Luego de su debut en 1993, siguió en Parma (1995/2002), Inter (2002/04), Juventus (2004/06), Real Madrid (2006/09) y otra vez La Vecchia Signora hasta 2010, en su adiós al fútbol de elite. En el medio, se hizo acreedor de un palmarés nutrido que incluye, además del Balón de Oro 2006 como logro individual, un título en los cuatro Mundiales que disputó con el seleccionado y dos ligas de España, una Copa de la UEFA, una Supercopa de Italia y otra de España.
Su destino empezó a acercarse al de Uzbekistán en el tramo final de la carrera de futbolista, cuando después de la despedida de Juventus dio el paso hacia Oriente para recalar en Al Ahly, de Emiratos Árabes Unidos. Al cabo de una temporada en la liga emiratí, Cannavaro se quedó como integrante del cuerpo técnico del club hasta que en 2014 recibió una llamada de Marcello Lippi -entre otras cosas, su entrenador en la Italia campeona de 2006-, que quería que lo reemplazara como DT de Guangzhou Evergrande, de China mientras él se quedaba como director deportivo.
Aquella experiencia, que duró apenas tres meses, fue el primer escalón de un recorrido como entrenador que mayormente se desarrolló en países periféricos del mundo del fútbol. El siguiente paso fue por Al-Nassr, de Arabia Saudita, seguido por un regreso a China en Tianjin Quanjian y otra vez Guangzhou Evergrande, con el que consiguió en 2019 los títulos de la Superliga y la Supercopa de China, sus dos conquistas más importantes como DT. En el mismo año, dirigió durante dos partidos al seleccionado de ese país, una experiencia que el mismo Cannavaro decidió cerrar porque no quería entrenar a la vez a China y al equipo de Guangzhou, como pretendía la dirigencia.
“Después de esos años en China, llegó el covid y todo cambió. Volví a Italia pensando que encontraría algo rápido, pero mi experiencia asiática no fue apreciada. Tal vez piensen que no es una experiencia real, aunque fueron diez años como entrenador", recordó recientemente Cannavaro en una entrevista con The Guardian. En concreto, apenas se le abrieron las puertas de Benevento (2022/23) y Udinese (2024), donde no terminó de afianzarse, como tampoco en Croacia en Dinamo Zagreb (2024/25).
La distancia de los primeros planos llevó incluso a Cannavaro a explorar otros caminos, como el de comentarista. En eso estaba en noviembre de 2023, cuando volvió al Santiago Bernabéu a comentar un partido entre dos de sus equipos más queridos, Real Madrid y Napoli, por Champions. Acababa de comprar, con la intención de restaurarlo, Paradiso di Soccavo, el complejo donde se entrenaba Maradona con aquel equipo campeón de los 80 y que llevaba 20 años abandonado. “Ojalá se interesen por mí como entrenador. Pero si ningún equipo me da la oportunidad, me compré un campo para sentarme en un banco de suplentes. Mi idea es seguir entrenando. Yo dirigí a jugadores como Paulinho, Witsel, Pato, gente que ha jugado en Europa”, subrayaba, en declaraciones a As, con un dejo de preocupación por la falta de oportunidades.
Uzbekistán y Cannavaro, historias paralelas rumbo al Mundial 2026
Si el análisis se centra sólo en los resultados, es fácil concluir que la decisión de los dirigentes uzbekos de entregarle el comando a Cannavaro tiene más que ver con esos espectaculares logros como jugador que con lo que realizó como entrenador. Lo contrataron en octubre de 2025 y dejaron ir a Timur Kapadze, gloria del fútbol local que disputó 119 partidos con el seleccionado, al que como entrenador había llevado a una clasificación impensada pocos años antes.
Cannavaro llegó luego de que en septiembre de 2025 Uzbekistán conquistara la Copa CAFA, entre seleccionados de Asia Central, al superar 1-0 en su capital, Tashkent, a Irán. A caballo de ese envión positivo, los primeros amistosos con el italiano a cargo no decepcionaron: victoria 2-0 contra Kuwait como local y una previsible caída 2-1 ante Uruguay en Malasia, sin decepcionar ante un seleccionado con mucha más historia. En noviembre un triunfo 2-0 frente a Egipto y un 0-0 contra Irán mantuvieron la ilusión.
El DT no ahorra elogios hacia la actitud de su plantel. "Los uzbekos son duros, nunca se rinden. Jugar contra ellos es un dolor en el culo", apuntó. Es consciente de que no hay en el plantel un jugador que tenga las condiciones que él mostraba dentro del campo de juego, aunque cuenta por ejemplo con el ascendente Abdukodir Khusanov, pieza de recambio en Manchester City. O con un atacante potente como Eldor Shomurodov, de importante trayectoria en Europa. La principal búsqueda de Cannavaro apunta a capitalizar el talento que pueden aportar unos pocos y el esfuerzo que ponen todos para demostrar que Uzbekistán merece su chance mundialista.
Lo que se le viene en el grupo K de la Copa del Mundo no será fácil. El 17 de junio debutará ante una Colombia que genera mucho respeto, sobre todo por sus nombres en ofensiva, y el 23 estará enfrente el poderoso Portugal, para cerrar el 27 contra el ganador del repechaje que se jugará en marzo entre la República Democrática del Congo, Jamaica y Nueva Caledonia.
Consultado sobre cómo marcará a rivales como Luis Díaz y Cristiano Ronaldo, Cannavaro hizo una alusión con algo de nostalgia a sus tiempos de férreo defensor. “Yo ya no puedo jugar -admitió-, pero trataremos de hacer un trabajo de equipo, de poder limitarlos. Soy consciente de que nuestro grupo es muy difícil, pero el fútbol me ha enseñado que no siempre el más fuerte gana”.
Ya con 52 años, lejos de las luces de las galas del Balón de Oro, Il Capitano sabe que sus armas son otras y sus posibilidades bien distintas de cuando se calzaba las camisetas más poderosas. Desde la periferia, con la personalidad y el espíritu de lucha que lo llevó a lo más alto, buscará en el Mundial que el fútbol vuelva a mirarlo con el mismo respeto de sus tiempos de gloria.
