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España soba y soba, pero Marruecos hace el chichón y sorprende al eliminarla del Mundial en serie de penaltis

DOHA -- Mucho soba y soba de España, pero qué chichón le hizo Marruecos. La Roja regresa a casa. Marruecos está en Cuartos de Final. Espera a Portugal o a Suiza. En serie de penaltis se escribió la historia (3-0). Y el arquero Bono fue el coloso de la noche en el Education City Stadium. Y claro, Achraf Hakimi, siempre Hakimi cierra con el 3-0 .

Resistencia sublime, estoica, espartana, la de los marroquíes ante una España que tuvo un 79 por ciento de posesión, que hizo el desgaste, pero que nunca fue capaz de empujar el balón a la meta de ese sublime Bono.

Dicen que nunca de la tribuna cae un gol. El peso brutal de la afición de Marruecos fue una constante, los 130 minutos que se jugaron y en la serie de penaltis. Sí, la pasión extrema, la vehemencia, la fe, cuando es genuina e implacable desde la tribuna, juega y cómo juega.

Por eso, si el partido fue de altísima intensidad, de un encarnizado primer tiempo, entre el acoso de uno y la resistencia de otro, igual de fascinante fue la batalla en la tribuna. Tal vez este sea el partido en el que el fervor y el fragor en el graderío llegó a extrema algidez, especialmente por los combativos marroquíes de pulmones y gargantas eternas, y los contrataques de los españoles. Impresionante la silbatina cuando España intentaba generar su juego, y el estruendo cuando los marroquíes pretendías preñar la portería de los hispanos. Un fantástico espectáculo.

HISTERIAS...
Desesperación. Así los primeros 25 minutos de Marruecos. España pasea el balón con apenas un par de posesiones africanas, con poca precisión en sus respuestas La comodidad marroquí resistiendo, era la ansiedad de Luis Enrique.

Los magos españoles aparecen. Gavi y Pedri por carriles interiores están de fiesta. Feroz, intensa, la presión de Marruecos en esa histeria cuando el rival lo tiene agazapado en su propio terreno. La gran prueba para los marroquíes era saber si esa resistencia física sería capaz de sobrevivir los 100 minutos agendados por la FIFA.

Generosamente, Marcos Llorente, Ferran Torres, Pedri y Gavi se atreven a duelos personales, pero en la última zona, Marruecos aprieta. No es un despliegue físico solamente, es un poderoso motor emocional que estremece a la trinchera africana.

Y justo a los 25 y a los 27, España indulta, en condiciones claras, con Bono desesperado, casi paralizado con la facilidad con la que se plantan en disparos sin destino de marcador, incluyendo uno en el larguero, con desperdicios que en especial Marco Asensio lamenta.

Luis Enrique hace enroques. Gavi y Pedri buscan bajo otros perfiles, pero la resistencia marroquí no sólo cuenta con una valentía y estoicismo sin precio, sino que además cuentan con la fortuna y manotazos desesperados de Bono, mientras que la mejor respuesta marroquí está en los pies de Sofiane Boufai, tratando de responder a la exageración de llamarle el Maradona marroquí.

Las amenazas de los africanos aparecen en la desesperación de España por consumar en el marcador ese dominio masivo del partido, y así ha tenido que tragarse un par de taquicardias, en ese riesgo extremo de conseguir el gol que obligue a que el rival haga otro partido.

La segunda parte es una secuela del primero. España con el balón, con el control, con el espacio, pero incapaz de producir el gol, a pesar de que ensaya todas las variantes de que dispone. El problema es que el guerrero marroquí tiene un plan de batalla inalterable.

Prácticamente en la recta final, Luis Enrique hace doble apuesta. Entran Alvaro Morata y Carlos Soler por Gavi y Asensio, para mantener la misma fórmula, pero con la esperanza de que finalmente aparezca el inquisidor del área, pero cuando se arrima con remates venenosos, aparece siempre la figura del rescatista Bono. 0-0 y a los extras.

Y el paroxismo es para Luis Enrique, quien pervive a punto del soponcio en el cierre del primer tiempo extra, pues mientras España sigue pujando infeliz e infértilmente, dos descolgadas marroquíes terminan abortadas ya en el gol inevitable, especialmente un disparo de Cheddira que salva Unai Simón. Y de ahí, al definitivo o a los penaltis.

En el último minuto de todos los tiempos, sólo la fortuna y el infortunio pueden explicarlo. Pablo Sarabia llega a fondo, sin ángulo, y su remate, potente, directo se estrella en el segundo poste y abandona la cancha. Un juego donde lo increíble participa.

Tan increíble como la serie de penaltis. Bono levanta un muro, y Hakimi con la última bazuca. Marruecos clasifica. España, a seguir sobando en busca de un sobador.