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La urgencia expuso las más grandes falencias de Boca en la dolorosa eliminación del Mundial de Clubes

NASHVILLE (Enviado especial) -- El resultado dejó a la luz que Boca Juniors tiene mucho camino por delante. Las buenas sensaciones de los primeros dos partidos se desvanecieron tras el empate 1-1 ante Auckland City, equipo amateur que celebró la igualdad como un triunfo y sepultó las ilusiones del equipo de Russo, que se despidió del Mundial de Clubes 2025 con una imagen similar a la que se vio durante los primeros meses del año.

Tal vez por el calibre del rival, motivación o la misma ansiedad que rodeó el compromiso, a Boca no le cayó bien el papel de protagonista del partido. Sin ideas, no encontró las vías para lastimar a un equipo que había recibido 16 goles y que llegaba eliminado, con el sueño de perder por la menor cantidad de tantos posibles contra los de Russo.

Boca monopolizó la pelota, sí. Pero el uso que dio de la misma dejó claro que la estructura del equipo tiene muchas piezas faltantes cuando se compara lo hecho ante Bayern Munich y Benfica, juegos en los que el Xeneize estuvo agazapado para robar, salir de contra y pegar contra defensas adelantadas. Un contexto totalmente diferente al vivido en GEODIS Park contra el campeón de Oceanía.

Para enfrentar el desafío de golear, una tarea que ya no se le da muy bien a este Boca, Russo cambió el esquema, sacó un volante de marca, utilizó a Cavani para formar el doble '9' con Merentiel y apostó por Zeballos.

El ingreso del Changuito se justificaba desde un ítem fundamental para este tipo de partidos: el desequilibrio. Ante defensas cerradas, como la que propuso Auckland, el ataque por bandas es fundamental. Blanco lo hizo bien, desbordando y llenando el área de centros, mientras que Advíncula lo intentó, sin tanta precisión ni fuerza para ubicar a los delanteros de Boca.

Zeballos debía aportar el 1 vs. 1, la gambeta, la desfachatez para romper el sólido bloque neozelandés. No pasó y, de hecho, terminó perdiendo más de un duelo en los pocos minutos que estuvo en cancha.

Se lesionó y salió reemplazado antes de la media hora, lo que dejó expuesto que Boca carece de hombres picantes, de velocidad y gol. Lo natural hubiese sido el ingreso de Aguirre, un extremo que tiene características similares a las de Zeballos y que puede aportar. Sin embargo, Russo se inclinó por Zenón, jugador de mayor construcción y buen remate, con la ilusión de que algún centro podía derivar en el segundo gol del partido.

La falta de recambio y jerarquía para definir partidos en el equipo fue clara en estos tres partidos. El once titular puede dar la talla, pero los cambios desde el banco pocas veces elevaron la vara. A Giménez no se lo vio bien y Zeballos nunca pudo ser aquel joven picante que deslumbró en inferiores.

Además, Cavani, la gran estrella del plantel, apenas jugó. Solamente 53 minutos en tres partidos fue lo que sumó el Matador, cuya presencia podría haber sido clave para darle más aire a Merentiel en estos juegos tan exigentes.

Aún con la obligación y ante un rival que prácticamente jugó en su área durante los más de 90 minutos, a Boca le faltó creatividad. El juego por el centro, con Palacios como la figura que debía dar ese pase filtrado final, no resultó jamás. El chileno tuvo una buena opción desde media distancia que se estrelló en el travesaño, pero que también dejó claro que a Boca le faltan rematadores.

De no ser por Zenón o el propio Palacios, Boca casi no remata desde media distancia, otra herramienta que es capaz de quebrar estos juegos en los que no es tan sencillo juntar pases, construir en equipo.

Para colmo, las condiciones climáticas no ayudaron a Boca. La alerta de tormenta llevó a suspender el juego y, durante el período que estuvo parado, Benfica aseguró su clasificación, derrumbando los ánimos de un Boca que al final ni siquiera pudo convertir el gol del honor al regreso de los vestuarios.

Similar a lo vivido en épocas de Gago e incluso en el corto interinato de Herrón, a Boca le quedó grande el rol protagónico, el de llevar adelante los partidos calientes. Terminó empatando 1-1 contra un equipo amateur y se despidió del Mundial sin triunfos, un resultado que duele desde lo deportivo y también económico, con un jugoso premio que la institución dejó escapar en Estados Unidos.

Quedaron cosas buenas, sí, pero a Boca le queda mucho por mejorar y cambiar si quiere mostrar otra cara en los últimos meses del 2025. Tendrá que trabajar para salir campeón y pelear los torneos que quedan, haciendo foco en conseguir el cupo a Libertadores, el otro objetivo que no puede escaparse. Tres años seguidos sin Copa sería un golpe devastador, no solo para el plantel, sino para la gente que acompañó en masa durante estas semanas en el Mundial y que, por momentos, logró sentirse representada por el equipo de Russo.

¿Cómo terminará el 2025 de Boca? Solo el tiempo tiene la respuesta.