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Tottenham y Arsenal, de luchar por Europa al título y el descenso

Los rivales del Norte de Londres transitan realidades completamente opuestas en la Premier League cuando en el pasado reciente peleaban por lo mismo.


Han pasado más de cuatro décadas, pero en las tribunas argentinas se mantiene fuerte el recuerdo del final del Torneo Metropolitano 1983. Una campaña que arrojó uno de los resultados más impactantes de la historia del fútbol nacional, cuando Independiente se consagró campeón después de vencer en la última fecha a su máximo rival, Racing, que fue condenado al descenso por primera y única vez en su historia. 43 años después, la historia bien puede repetirse en la Premier League: Arsenal es puntero y sueña con ganar el título tras una larga sequía, mientras su clásico Tottenham atraviesa una inimaginable lucha por la permanencia.

Existen ciertamente otros casos en el Viejo Continente donde un club festejó un campeonato mientras veía a su mayor contrincante perder la categoría. La era más gloriosa de Manchester United, durante el cambio de siglo, coincidió con la dificultad de Manchester City de mantenerse en primera división, y se dio este escenario en 1996, 1999 (donde además los de Alex Ferguson obtuvieron el triplete) y 2001. Dos años después, Juventus festejó la Serie A al mismo tiempo de la debacle de Torino. Barcelona hizo lo propio en 1993 y 2023, justo cuando Espanyol pasaba su peor hora.

Lo que diferencia los casos de los rivales de Avellaneda y el Norte de Londres, no obstante, es que en los demás ejemplos había una diferencia notable de estatura y éxito entre los equipos involucrados, al menos en aquel entonces. Pero mientras los argentinos ostentaban la historia futbolística como principal punto de comparación, en los ingleses impacta aún más la diferencia en el presente al tratarse de dos de los equipos más ricos del mundo en la liga más lucrativa del planeta fútbol. A todas luces, de cara a su partido del domingo, tiene todo el sentido del mundo que Arsenal esté en la cima con 5 puntos de ventaja, pero Tottenham jamás debería estar a la misma distancia del descenso.

¿Cómo llegó Tottenham a esta situación?

Lo más extraño acerca de la temporada actual de los Spurs tiene que ver con el viento de cola que arrastraba de la anterior. Allí fue cuando Ange Postecoglou guió al equipo a obtener la Europa League, su primer título en 17 años, y con él un lugar asegurado en la Champions League. El impacto anímico y económico de ese logro dejaba al club en una posición muy favorable para recuperar el terreno perdido en los tres años anteriores y volver a ser un equipo competitivo en todos los frentes, aún si para conseguirlo hubo que "dinamitar" la campaña de liga, donde terminó en un humillante 17° puesto.

Aquella ubicación fue el detonante para que Daniel Levy, entonces director ejecutivo, tomara la incómoda decisión de despedir a Postecoglou y contratar en su lugar a Thomas Frank, de gran trabajo en Brentford durante 7 años. El australiano era un DT sumamente carismático que a pesar de los resultados adversos había generado una relación única con el hincha, con lo cual reemplazarlo tras obtener un trofeo resultó un riesgo enorme. La responsabilidad del danés era de aprovechar lo bueno que había generado su antecesor y aplicar más pragmatismo a un equipo que se había caracterizado por jamás alterar su esquema sin importar la situación. Los resultados fueron catastróficos.

Tottenham volvió a sufrir una crisis de lesiones similar a la del año anterior, y en ningún momento Frank pudo contar con dos de sus jugadores más talentosos como Dejan Kulusevski y James Maddison. Aún así, con el quinto plantel más valuado de la liga según Transfermarkt, el equipo regresionó fuertemente. Una mitad de cancha de Joao Palhinha y Rodrigo Bentancur (luego reemplazado por Conor Gallagher por lesión) encontró serias dificultades para crear juego. Los delanteros Randal Kolo Muani, Mathys Tel y Xavi Simons, todos incorporados en el último mercado, suman apenas 4 goles entre sí. Incluso el Cuti Romero, uno de sus jugadores de mayor calidad y nombrado capitán este año, está generando intensa polémica dentro y fuera del club por su indisciplina, tras ver 8 tarjetas amarillas y dos rojas en 21 partidos.

El resultado es un equipo que perdió cualquier semblanza de colmillo ofensivo, es igual de endeble abajo de lo que era con Postecoglou y sufrió una gran cantidad de golpes a la moral, como lo fueron la paliza por 4-1 en el clásico ante Arsenal en Emirates con hat trick de Eberechi Eze, quien rechazó a los Spurs cuando surgió el interés del club del que es confeso hincha. O cuando Frank fue visto tomando agua de un vaso con el escudo de los Gunners antes de una dolorosa derrota ante Bournemouth en la última jugada. Estos y otros episodios provocaron que el danés jamás congenie con la tribuna de su equipo, e impulsaron su despido de cara a la nueva edición de este partido.

Igor Tudor, un experto en apagar incendios

El momento que eligieron para tomar esta determinación los nuevos dirigentes de Tottenham, Johan Lange y Vinai Venkatesham (quien curiosamente llegó tras trabajar más de una decada en... Arsenal) resulta muy oportuno. Entre la derrota por 2-1 ante Newcastle y el siguiente encuentro en el Derby del Norte de Londres hay 12 días, más que suficiente tiempo para contratar un nuevo DT y ofrecerle un margen de preparación para uno de los partidos más importantes de la temporada.

Para reemplazar a Frank, y ante un acotado mercado por las urgencias que atraviesa el equipo, Lange y Venkatesham optaron por firmar como interino hasta el final del curso a Igor Tudor, un nombre que no despertará demasiada ilusión, pero que se presume idóneo para la situación. El croata se caracterizó a lo largo de su carrera por llegar a clubes en crisis a mediados de temporada y reencauzarlos, ya sea para evitar descensos u obtener clasificaciones a puestos europeos. Su prontuario en Udinese, Hellas Verona, Lazio, Olympique de Marsella y más recientemente Juventus se presenta como exactamente lo que los Spurs necesitan ahora mismo.

Eso no quita que el desafío para el flamante entrenador sea sencillo. A diferencia de todos los equipos que dirigió en el pasado, el plantel con el que contará ahora es sumamente inexperimentado, como lo comprueba que Romero, de 27 años y con 5 temporadas en el club, haya sido designado capitán. Solo Ben Davies, a sus 32 y con más de una década de blanco, se ajusta a esa descripción, y no volverá a jugar en la temporada por una grave lesión de tobillo. El exdefensor se hará cargo de un grupo de jugadores muy faltos de motivación y liderazgo en el vestuario.

Por si fuera poco, si Tottenham nunca estuvo en riesgo de descender el año pasado por el paupérrimo nivel de los recién ascendidos, ahora hay una lucha real de varios equipos por salvarse. De los 3 que subieron desde el Championship, Sunderland piensa mucho más en Europa que en bajar, y Leeds tomó un impulso espectacular de solo dos derrotas en sus últimos 13 encuentros. West Ham, que parecía condenado, también cuajó una racha de 3 triunfos (uno de ellos ante Tottenham en su estadio) en 5 encuentros, y aunque ellos sigan en la zona roja, solo 3 puntos lo separan de Nottingham Forest, que cambió de entrenador al mismo tiempo que los Spurs, y 5 de sus rivales londinenses.

Arsenal, entre la ilusión y la desesperación

El atractivo de hundir aún más a su clásico es innegable para Arsenal, pero hoy en día sus prioridades están demasiado repartidas para pensar en ello. Aunque ya no es sorpresivo por el desarrollo que observaron los de Mikel Arteta en el último lustro, es ciertamente destacable que sus dirigidos se mantengan en lo más alto de la Premier League, en octavos de la Champions League, en quinta ronda de la FA Cup y prontos a jugar una final de Copa de la Liga ante Manchester City, la primera de cualquier índole desde que ganaron su último título en 2020.

Esa misma sequía de 6 años, sumada a la de 22 sin festejar una liga, es la que rige la exigencia con la que afrontan la temporada los Gunners. Por más avances que se hayan logrado en el período en que el vasco se hizo cargo del club, principalmente el regreso a los grandes focos a nivel local e internacional, todavía se le achaca que nada de eso haya podido coronarse con siquiera un trofeo. Y las fallidas peleas por el título en 2023 y 2024, donde quedó a 5 y 2 puntos respectivamente de los Citizens, acechan en la memoria colectiva como señales de que, quizá, no tengan lo suficiente para firmar un año exitoso.

Aquellas sensaciones están volviendo a aflorar en 2026. En lo que va del año, los de Arteta no pasaron del empate en condición de visitante ante Nottingham Forest (0-0), Brentford (1-1) y Wolverhampton (2-2), último de la tabla que el miércoles les empató en tiempo de descuento un partido que parecían estar dominando tras ponerse arriba por 2-0. El más reciente de estos encuentros debió haber representado una oportunidad idónea de ejercer presión a los mancunianos y extender su ventaja a 7 puntos, pero en su lugar, cuando ellos reciban a Newcastle el sábado, Arsenal podría afrontar el Derby del Norte de Londres con sus más inmediatos perseguidores apenas dos puntos por debajo.

Estos baches amenazan con tumbar al argumento principal a favor de Arteta y compañía, que dice que aunque este Arsenal no es muy distinto a aquel en cuanto a su conformación, sí lo es en juego y disciplina. Lo cierto es que, con el recién llegado Andrea Berta a la cabeza de la dirección deportiva, el club se reforzó robustamente en el mercado de pases para resistir posibles crisis de lesiones, como las que descarrilaron su curso anterior. Y sus inversiones han dado resultado. En la defensa, Piero Hincapié y Cristhian Mosquera rotaron constantemente ante las bajas por lesión en distintos puntos de Ben White, Gabriel Magalhaes, Jurriën Timber y Riccardo Calafiori sin que baje el asombroso nivel defensivo del equipo. Martín Zubimendi ofrece una seguridad y visión de juego ampliamente superiores al aporte de Thomas Partey. Y Eberechi Eze, Noni Madueke y Viktor Gyökeres, aún con sus baches, otorgan libertad para dar descanso a Martin Odegaard y Bukayo Saka, que parecían inamovibles.

El resultado es un equipo más efectivo y menos vistoso que los que pelearon por las anteriores Premier Leagues, que no termina de enamorar al hincha neutral o a la prensa inglesa, pero que está a las puertas de firmar una temporada histórica. Sumado esto a que esta versión de Manchester City tampoco es la fuerza imparable de esas temporadas, y está sujeta a los mismos tropiezos y presiones que ellos, la oportunidad de volver a alzar uno o varios títulos está más vigente que nunca. Y si con ello también consiguen condenar a su máximo rival a un ignominioso descenso, durante décadas se escucharán canciones en las tribunas del estadio Emirates sobre la temporada 2025/26, tal como ocurre con aquel Metropolitano 1983 en la Argentina.