“Creo que voy a mejorar a PSG, sin ninguna duda”. Luis Enrique no dudó cuando le preguntaron por la salida de Kylian Mbappé rumbo al Real Madrid. En el documental “No tenéis ni **** idea”, el entrenador español explicó el motivo de su confianza: “El hecho de tener un jugador que se movía por donde él quería implica que hay situaciones del juego que yo no controlo. El año que viene las voy a controlar todas. Todas, sin excepción”.
En aquel momento, la frase podía parecer una provocación. Mbappé había sido durante años el gran referente ofensivo del PSG, el futbolista alrededor del cual se construía buena parte del ataque y uno de los pocos capaces de cambiar un partido por sí solo.
Pero Luis Enrique no estaba pensando en reemplazar a Mbappé. Estaba pensando en algo mucho más ambicioso: construir un equipo que no necesitara depender de nadie.
Dos años después, los resultados convierten aquella declaración en una de las mejores síntesis del proyecto. PSG es bicampeón de Europa, ganó la Champions League en 2025 y volvió a hacerlo en 2026, conquistó la Supercopa de Europa y acumuló una colección de títulos que convirtió al equipo de Luis Enrique en el gran dominador del fútbol europeo. El club suma actualmente 60 trofeos, incluidos sus dos títulos de Champions, la Supercopa de Europa y la Copa Intercontinental.
Pero la explicación no está solamente en los títulos. Está en cómo consiguió ganar el PSG después de Mbappé.
No buscó otro Mbappé: repartió el protagonismo
La respuesta más sencilla después de perder al mejor jugador francés desde la era Zidane, habría sido buscar otro nombre capaz de ocupar su lugar. Luis Enrique hizo lo contrario.
PSG empezó a repartir responsabilidades. La generación de juego dejó de concentrarse en un único futbolista. El desequilibrio comenzó a aparecer desde diferentes sectores.
Los laterales adquirieron protagonismo ofensivo, los mediocampistas asumieron responsabilidades con la pelota y los delanteros dejaron de ser piezas aisladas para convertirse en la primera línea de presión.
El resultado fue un equipo mucho menos previsible. Antes, neutralizar a una figura podía significar reducir buena parte del peligro del PSG. Ahora, neutralizar a uno significa abrirle la puerta a otro. Y ahí aparecen los nombres.
Dembélé: de pieza importante a Balón de Oro
Ousmane Dembélé es probablemente el mejor ejemplo de la transformación. El francés ya era un futbolista talentoso, pero Luis Enrique consiguió convertir su talento en una pieza mucho más completa dentro del funcionamiento colectivo. La salida de Mbappé no hizo que Dembélé tuviera que convertirse simplemente en “el nuevo Mbappé”.
Le permitió desarrollar su propio protagonismo. En 2025 tuvo un año extraordinario: más de 30 goles, la Champions League y, finalmente, el Balón de Oro. Fue elegido además como el mejor jugador del mundo y el PSG fue reconocido como el mejor club masculino de la temporada.
La paradoja es perfecta: París perdió a su superestrella y terminó convirtiendo a otro jugador en Balón de Oro. Pero sin convertirlo en el centro absoluto del equipo.
Vitinha, el cerebro
Si Dembélé representa el desequilibrio, Vitinha representa el control. El portugués se convirtió en una de las piezas fundamentales del PSG de Luis Enrique porque representa exactamente lo que busca el entrenador: un futbolista capaz de interpretar diferentes situaciones del juego, ofrecerse, acelerar, pausar y ayudar al equipo a progresar.
No necesita monopolizar la pelota para influir. Y esa es una de las grandes diferencias del PSG actual. El equipo no depende de que un futbolista tenga la pelota durante largos períodos para generar algo. La circulación es parte de la identidad.
Hakimi y la revolución desde los laterales
Achraf Hakimi es otro de los grandes beneficiados por esta estructura. El marroquí dejó de ser simplemente un lateral con una extraordinaria capacidad física para convertirse en una de las armas ofensivas más importantes del equipo. Su posición puede cambiar durante un mismo ataque. Puede aparecer abierto, ocupar espacios interiores, llegar al área o convertirse en una alternativa para romper líneas. Es justamente la clase de libertad que explica la evolución del propio Luis Enrique.
El entrenador llegó hablando de controlar todas las situaciones del juego después de la salida de Mbappé. Con el tiempo, sin embargo, también entendió que controlar no significa eliminar la libertad de sus futbolistas. Significa crear una estructura que permita que esa libertad no rompa al equipo.
Doué, Kvaratskhelia y una segunda generación de figuras
PSG también consiguió algo que durante años parecía difícil: construir un plantel con diferentes futbolistas capaces de convertirse en protagonistas. Désiré Doué es el mejor ejemplo. El joven francés fue una de las grandes revelaciones del equipo campeón de Europa en 2025, marcó dos goles y dio una asistencia en aquella final ante Inter y terminó ganando el Golden Boy.
Después apareció Khvicha Kvaratskhelia, incorporado para añadir desequilibrio, creatividad y capacidad para atacar desde diferentes zonas. Y la mejor demostración de que el PSG ya no depende de una sola figura apareció en la Champions 2025-26.
En esa edición, Kvaratskhelia marcó 10 goles, Dembélé 8, Vitinha 6 y Doué 5. El PSG fue el equipo con más jugadores que alcanzaron al menos cinco goles en la competición. Además, sus suplentes marcaron 29 goles durante la temporada en todas las competiciones, el registro más alto entre los clubes de las cinco grandes ligas europeas. Eso explica mucho más que cualquier estadística individual.
PSG tiene demasiadas respuestas
La estrella ahora es el sistema, ese es probablemente el cambio más importante. El PSG de Luis Enrique no dejó de tener grandes jugadores, todo lo contrario. Tiene un Balón de Oro como Dembélé, jugadores de élite como Hakimi, Vitinha y Kvaratskhelia, jóvenes con enorme proyección como Doué y una plantilla capaz de generar goles desde prácticamente cualquier sector.
La diferencia es que ninguno necesita cargar con todo el equipo, todos pueden ser protagonistas. Y eso hace que el PSG sea mucho más difícil de defender. Si el rival consigue controlar a Dembélé, aparecen Kvaratskhelia o Doué. Si cierra los extremos, Hakimi puede romper desde el costado. Si intenta impedir la progresión, Vitinha puede encontrar otra solución. Y si consigue neutralizar al once titular, el banco tiene capacidad para cambiar el partido.
Ganó de diferentes maneras. Y eso es justamente lo que diferencia a un equipo construido alrededor de una estrella de uno construido alrededor de una idea. La frase que dijo en 2024, que terminó siendo una profecía
“Voy a mejorar a PSG, sin ninguna duda”.
Con dinero de sobra, tampoco fue por las estrellas
Con una chequera amplia después de una temporada histórica, Luis Enrique volvió a escaparle a los grandes nombres
El fichaje más relevante fue Ferran Torres, protagonista con España en el último Mundial, pero suplente en Barcelona.
Ahora, el desafío será ver qué versión del Tiburón consigue recuperar el entrenador, con quien ya trabajó en la selección. También llegaron Lucas Digne, Maghnes Akliouche y Khalil Ayari, mientras salieron Gonçalo Ramos y Kang-In Lee.
PSG tenía dinero para ir por una superestrella, pero eligió otra vez el mismo camino: fichar grandes jugadores y que Luis Enrique se encargue de convertirlos en mejores futbolistas dentro de su sistema.
