MADRID -- La Roja buscará marcar un hito en la historia de la Eurocopa: convertirse en la primera selección en coronarse campeona en tres ediciones consecutivas y cosechar cuatro títulos.
Se trata del reto más duro al que se ha enfrentado el equipo que dirige Vicente del Bosque, y un anhelo para sacarse la espina después de la catástrofe del Mundial.
Durante seis años, España dominó la escena mundial de manera incuestionable. Hizo historia al convertirse en el único equipo que ha logrado dos títulos europeos consecutivos y es, junto con Alemania, la única selección que se ha coronado en tres ocasiones desde que se disputó la Euro por primera vez en 1960.
Cuando Fernando Torres, en el clímax de su carrera, marcó el gol de la victoria sobre Alemania en la edición de 2008, ya era claro que no había equipo que pudiera hacer sombra al cuadro entonces dirigido por Luis Aragonés.
Se había puesto de moda el “tiki-taka” que pasaba por las botas de Xavi Hernández y Andrés Iniesta, la mejor media que ha visto el mundo.
La magia de los ‘bajitos’ del Barcelona alcanzó para que el cambio en el timón no afectara el estilo de juego y el cuadro ibérico, con Del Bosque a la cabeza, se coronó campeón del Mundo en 2010 y repitió en la Eurocopa de 2012.
En ambas ocasiones llegó como favorito indiscutible y sin haber perdido un solo partido en el camino. Era el número uno y en ningún torneo tuvo rival que le hiciera sombra. Para cuando llegó la final de la pasada Euro, ante Italia, el partido se había acabado a los 15 minutos. España venció por 4-0 con Xavi Hernández dando uno de los mejores partidos de su carrera.
No sospechaba el mundo que ahí, en ese momento, se había acabado la magia.
Dos años después, España volvió a sorprender al mundo, pero esta vez con un estrepitoso fracaso. El campeón defensor y uno de los favoritos para llevarse el Mundial de 2014, salió por la puerta de atrás, eliminado en la fase de grupos. A la Roja le llovieron críticas en casa por su juego predecible y aburrido.
Súbitamente, la afición cobró conciencia de que Xavi y Xabi Alonso se jubilaron internacionalmente un año demasiado tarde; que David Villa y Fernando Torres hace mucho que no dan el nivel y menos Diego Costa, por el que Del Bosque peleó con uñas y dientes, pero que sigue sin rendir los frutos esperados.
Que Iker Casillas hace tiempo que no está en su mejor nivel y que por no querer “romper al grupo” que había ganado todo, Del Bosque propició su hundimiento.
Anunció entonces un “cambio generacional”. Un proceso que lleva año y medio en marcha y que en 100 días pasará su prueba de fuego.
La dificultad para los españoles es máxima. Esta vez no llega como favorito a llevarse el torneo y le ha tocado un grupo más que peligroso, el D, que comparte con Croacia, Turquía y la República Checa.
Aunque logró la clasificación al torneo como primera de grupo y un sólido récord de nueve victorias y una derrota en 10 partidos, no ha podido despejar del todo las dudas surgidas a raíz del mundial.
El tropiezo ante Eslovaquia en apenas la segunda jornada encendió las alarmas entre la afición española, que se veía de vuelta al pasado: cuando en la península ibérica sólo tocaba sufrir con el equipo de todos.
Lo que antes era devoción hoy se ha convertido en crispación. Reclamos, debates en torno a gente que era intocable. Prueba es que a Gerard Piqué, a raíz de un comentario tonto que no tiene nada que ver con la selección y en medio de un ambiente tenso por la situación política del país, se le ha empezado a pitar en todos los campos de España.
Se duda incluso del portero, Iker Casillas, el hombre récord de España con 165 partidos disputados y un centenar de jugos sin recibir gol. La afición empeiza a ver en el arquero del Manchester United, David De Gea, a un legítimo sucesor que hace tiempo que debería ser titular.
Incluso Del Bosque, acérrimo defensor del capitán en aquellos años difíciles en que fue condenado a la banca por José Mourinho, ya no se muestra tan seguro de su capitán y recientemente declaró que ni siqueira él “tiene el puesto asegurado” para el próximo torneo.
Pero lo que más preocupa es la falta de gol. Desde Villa y Torres, España no tiene una delantera definitiva. Diego Costa no ha logrado hacerse con el puesto y marca a cuentagotas, y los jóvenes Álvaro Morata y Paco Alcácer no terminan de convencer debido a un paso irregular con sus respectivos equipos.
Desesperados por una figura reconocible, los españoles imploran porque Aritz Aduriz, a los 35 años, sea llamado al torneo grande después de marcar 27 goles con el Athletic esta temporada. O que se le de oportunidad a Borja Bastón, máximo goleador del torneo español con un equipo de bajo perfil, el Eibar –algo rara vez visto en la Roja-, aunque se rumora que el delantero, que en realidad pertenece al Atlético de Madrid, será llamado al menos al grupo de 30 jugadores que se concentrarán antes de que Del Bosque escoja a sus 23 definitivos.
Y aún así, los españoles han encontrado algo con qué ilusionares, pues el cambio generacional va más allá del ataque.
La estrella de Xavi, que hasta hace un año parecía imposible de suplir, hoy empieza a verse bien cubierta por los emergentes Isco, Koke, Santi Carzorla, Thiago, David Silva o Cesc Fàbregas, que además de entenderse bien con Iniesta y Busquets, pueden contribuir con goles de segunda línea.
Hay, incluso, opciones nada despreciables en la zona defensiva, con gente como César Azpilicueta, Juan Bernat, Dani Carvajal, Mario o Javi Martínez, que empiezan a abrirse camino si a caso como suplentes de los más que fijos Juanfran, Piqué, Ramos y Jordi Alba.
El gran reto para España es que cuando llegue su primer partido ante la República Checa, el cambio generacional haya terminado de cuajar.
