Dice el tango inolvidable de Roberto 'El Polaco' Goyeneche que "primero hay que saber sufrir. Después amar, después partir. Y al fin andar sin pensamiento". Martín Demichelis llegó a Mallorca como un capitán de un navío habituado a la angustia. En sus palabras, absurdas en ese momento, reinaba la esperanza. La ilusión. La expectativa de pensar que ese equipo podía más de lo que había hecho.
Y este sábado, en el Estadi Son Moix, demostró que todo lo que decía no era en vano. Tango. Fútbol. De Argentina a España en una autopista de ilusión que se construye semana a semana.
A veces el fútbol no se explica desde la lógica. Se explica desde la fe. Porque el equipo de Micho estaba en zona de descenso. Golpeado, con una derrota reciente antes del parate FIFA frente al Elche y con un panorama que parecía cada vez más oscuro. Pero su entrenador veía otra cosa.
Lo dijo antes del partido ante un gigante del fútbol mundial. Para muchos, el más grande de todos: Real Madrid. Se levantó y no tuvo miedo a una potencial catástrofe deportiva: "veo al equipo vivo, con ganas de regalarle una alegría a su gente".
Y el plantel, que venía hundido, le respondió. Un ave fénix futbolístico en el corazón de Palma.
Mallorca venció 1-0 al Real Madrid en uno de esos resultados que cambian temporadas. El primer gol lo marcó Manu Morlanes a los 41 minutos, en un primer tiempo donde el equipo sostuvo la intensidad y encontró el golpe justo. Éder Militão igualó en el minuto 88, pero el empate, que seducía, no servía para conquistar la épica. Y entonces Vedat Muriqi, que se quedó sin Mundial con Kosovo tras caer contra la Turquía de Arda Güler, puso el 2-1 para desatar la euforia.
Convertir primero, sufrir después, festejar en el final. ¿Quién puede imaginar un guión semejante? Mallorca, empujado por las palabras de su técnico, avanzó con el calor de su gente. Y conquistó, lo que para muchos, es un imposible. Empatar, vaya y pase. Pero... ¿Ganar ante el Merengue? ¿Ante el equipo de los milagros? Eso sí que es salir airoso de un vía crucis futbolístico en el momento menos imaginado.
La victoria final, épica por el contexto, no vale solo por el rival. Vale por lo que genera a futuro. Con estos tres puntos, el equipo de Demichelis llegó a 31 unidades en 30 partidos y salió de la zona de descenso. Debajo quedaron el Elche (29), el Levante (26) y el Real Oviedo (21).
El cambio es concreto. Pero lo más importante es invisible. Es la sensación. Demichelis, el hombre que tuvo que irse de River por la puerta de atrás sin merecerlo, el que tuvo que enfrentar hoy a Franco Mastantuono, el crack que hizo debutar en el Millonario, el que tiene en Mallorca su revancha de aquel paso que se enlazó casi por obligación con Rayados de Monterrey, sabe que las cosas no terminan hasta que terminan.
Porque esto no es solo un triunfo. Es una señal: Mallorca tiene todo para seguir en Primera. Como dijo su entrenador, el equipo está vivo. El grupo cree. Y eso, que hace poco parecía imposible, hoy es concreto.
Primero hay que saber sufrir. Después amar, después partir. Y al fin andar, sin pensamiento.
