SEVILLA, España -- Cuando Manuel Pellegrini dobla su espigada humanidad en una silla en el complejo de entrenamientos del Real Betis, tiene el tiempo en su mente. No tiene prisa, pero su reloj sigue corriendo. El director técnico del Betis tiene un partido de Europa League para el jueves, otro contra el Girona para el fin de semana y las sesiones de entrenamiento entre ambas. Y le gustaría visitar el Museo de Bellas Artes para admirar cuadros de Zurbarán y Goya.
Al igual que todos los técnicos de fútbol exitosos, Pellegrini está totalmente comprometido. Pero no está totalmente consumido por el fútbol. "No es todo lo que tengo", afirma. "Te sumerges en la lectura, el arte, en la playa". Esas son sus prioridades, tan urgentes como los preparativos para chocar con el próximo rival. "Siempre intento vivir como si me quedara un día de vida", prosigue. "Porque no sé lo que pasará mañana".
Como director técnico, el nombre de Pellegrini no es mencionado a menudo junto a los de Pep Guardiola, Jose Mourinho, Jurgen Klopp o Carlo Ancelotti, es porque el primero no tiene los trofeos. A pesar de haber laborado en España durante varios periodos que comprenden 11 temporadas, no ha ganado el título de LaLiga. No ha ganado la Champions League. En segunda campaña al mando del West Ham, su última parada en la Premier League, fue despedido poco antes de Navidad. Sin embargo, pocos entrenadores han sido tan exitosos y suman tantos triunfos como el chileno de 69 años. Quizás nadie lo haya hecho, en todas las circunstancias.
Y lo hace con un estilo único. Encontró tiempo para graduarse de ingeniero civil y trabajar por varios años ejerciendo esa profesión, incluso a la vez que emprendía su trayectoria como entrenador. Visita museos de arte dondequiera que viaje, asumió un puesto como técnico en China para poder sumergirse en su cultura, voló a España por un día mientras vivía en Manchester para nadar en el Mediterráneo. Esa filosofía asumida durante el transcurso de su carrera no sólo le ha llenado, le ha ayudado a ganar partidos de fútbol. "Si tuviera que cambiar mi estilo de vida y preocuparme sólo por el fútbol", expresa, "no podría ser un técnico exitoso".
Pellegrini ha sido exitoso en todos los sitios donde ha laborado. Siendo un entrenador joven en Suramérica, Pellegrini ganó la Copa Sudamericana, el título de la Liga Ecuatoriana, el torneo Clausura del balompié argentino. Desde que cruzó el Atlántico en 2004, ha laborado en seis clubes europeos. En cuatro de ellos, posee el mejor porcentaje de triunfos de cualquier técnico en su historia.
Pellegrini ha ganado con clubes históricamente considerados como modestos. Tal es el caso del Villarreal y Málaga. Ha ganado con el Real Madrid, donde sumó más puntos en una temporada que cualquiera de sus predecesores. En los tres años que pasó en el banquillo del Manchester City, preparando la maquinaria que después manejaría Pep Guardiola, ganó la Premier League y dos League Cups. Partió del club con tanta gracia que Khaldoon Al Mubarak, directivo del club, le compró una pintura de L.S. Lowry, renombrado artista británico admirado por Pellegrini.
Pellegrini gana con figuras. Fue técnico de Cristiano Ronaldo, Ruud van Nistelrooy, Raúl, Sergio "Kun" Agüero, Karim Benzema y Kaká. Es uno de los pocos técnicos capaces de ganarse el respeto de hasta los talentos más intratables. "Nunca he tenido problemas", afirma.
También gana con desconocidos. Si revisamos su trayectoria, encontraremos nombres afamados en sus múltiples convocatorias, pero la mayoría de ellos no eran afamados hasta la llegada de Pellegrini. "Tiene una forma de sacar lo mejor de todos los jugadores", afirma el recientemente retirado artillero argentino Gonzalo "Pipìta" Higuaín, quien llevaba dos años de carrera en Europa cuando jugó a las órdenes de Pellegrini en el Real Madrid. "Era muy joven y conectamos muy rápidamente. Sabía cómo tomar a los individuos y convertirlos en un grupo. Disfruté mucho jugando para él".
Actualmente, Pellegrini está ganando en el banquillo del Betis, un club tan inmerso en el fracaso que su lema en dialecto andaluz es "Viva el Betis manque pierda". En su página de Wikipedia en inglés, se traduce equivocadamente como "incluso cuando pierda". Obviamente, es "aunque pierda", con énfasis en lo inevitable. El Betis ganó el campeonato de España... en 1934. No han logrado llegar siquiera al segundo lugar desde entonces.
En la década anterior a la llegada de Pellegrini, el Betis despedía técnicos a un promedio de uno por año. En 2019 los béticos quedaron en el puesto 15, jugando con su usual estilo nefasto. Entonces Pellegrini asumió el mando. No hizo ningún movimiento dramático en la plantilla, ni realizó ningún cambio estilístico drástico. Sin embargo, encendió una chispa y llevó al club al quinto puesto.
"Cuando llegó, todos decían que debía cambiar el sistema", afirma el volante del Betis Rodri, que no es el Rodri más conocido entre los futbolistas españoles. "Pero no lo hizo. Solo les dio oportunidades a todos".
En la segunda temporada de Pellegrini en el banquillo, el Betis alzó la Copa del Rey por tercera vez en su historia. Joaquin Sánchez, capitán e hincha bético desde niño, lloró de felicidad. "Disfrutemos del momento", afirmó. Dedicó el trofeo al personal del equipo, sus entrenadores y hasta a los cocineros.
Este año, el Betis se encuentra inmerso en la lucha por jugar en Champions League, competición a la que han clasificado sólo una vez en su historia. En la víspera de la emotiva batalla contra el Sevilla, conocido como el derbi más intenso de España, el Betis está empatado con el Atletico Madrid en el tercer puesto con 23 puntos: a siete por debajo del Barcelona y ocho del Real Madrid.
No es fácil permanecer allí: Real Sociedad, Club Athletic y Osasuna están a tres puntos. Y el Betis, que no es una nómina precisamente repleta de talento, también tiene pendiente jugar partidos de Europa League. Tras imponerse en su grupo, será cabeza de serie en las eliminatorias.
La idea de ganar el título de LaLiga y superar a los súper clubes Real Madrid y Barcelona sigue siendo poco probable, si no risible. No obstante, considerando el plantel lleno de talentos promedio heredado por Pellegrini en el Betis, podría encontrarse dentro del proceso de crear el hito cumbre de su carrera. Es otro triunfo para un sistema que depende menos de la innovación estratégica que de tratar a los jugadores como los adultos que él supone que son.
Porque, como siempre recuerda Pellegrini a sus jugadores, también para los futbolistas la vida es más que sólo futbol.
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Pellegrini es apodado "El Ingeniero", por la obvia razón que, de hecho, es ingeniero. Sin embargo, Pellegrini cree tener el alma de un pintor, o quizás un pianista. Se siente motivado por la estética que encuentra, bien sea en los retratos del Renacimiento Italiano que tanto le gustan o en un centro perfectamente enviado que termina en una definición espectacular. "En la forma en la que quiero que mi equipo juegue, intento reflejar la admiración que tengo por los artistas y el arte", indica.
El fútbol poco agradable a la vista lo deprime. El invierno pasado, el Betis viajó a Madrid para enfrentarse al Rayo Vallecano en semifinales de Copa del Rey. Mientras Pellegrini pisaba la cancha mal preparada y en estado precario, sentía su ira crecer. "La gente compra una entrada para ver entretenimiento", expresó. "Pagan derechos de televisión para ver un partido entretenido. No se trata de que una cancha como ésta le hará daño a nuestro equipo. ¡No! Es que le hará daño a LaLiga. Le hará daño al fútbol".
Unai Emery, que ha entrenado más partidos que nadie, dice que los equipos de Pellegrini reflejan invariablemente la personalidad de su entrenador. Son organizados y con movimiento, lo suficientemente seguros como para ser creativos, conscientes de su talento. "La idea siempre es la misma", afirma Joaquín, que jugó con Pellegrini en el Málaga y se reunió con él en el Betis. "Tener un equipo agresivo que juega fútbol agresivo, que sale del vestuario con todas las intenciones de ganar. La filosofía de Manuel Pellegrini es definitiva. Entrena plantillas contentas que buscan formas de ganar".
Sin embargo, según indica Joaquín, Pellegrini ha evolucionado desde sus días en el Málaga. "Se ha modernizado porque el fútbol se ha modernizado". En la trigésimo cuarta temporada de la carrera de Pellegrini, quizás sea mejor técnico que nunca, lo cual no es algo que se haya dicho antes sobre cualquier otro entrenador. "Debería serlo", responde Pellegrini con una sonrisa. "Siempre intento seguir mejorando. Intento mejorar a diario".
Ese proceso se inició con su paso por Universidad de Chile. En 1988, su primera campaña como técnico de la U después de 13 años como jugador del club, se inscribió en un curso de entrenadores en Inglaterra para estar a un paso por delante del resto. Durante casi un mes, se sumergió en las tácticas y estrategias del fútbol inglés en el prestigioso Lilleshall National Sports and Conferencing Centre de Shropshire. Volvió a casa con una nueva perspectiva.
También volvió a casa para el último partido de la U de Chile porque la liga de ese país se mantenía en desarrollo. Durante su ausencia, el club disputó tres partidos y los perdió todos. En la última jornada, la U volvió a perder y descendió por primera vez en su historia... por diferencia de goles. ¿Cuánta era la diferencia? Un solo tanto.
Pellegrini se lamentó por lo ocurrido, pero no se arrepintió. Confiaba que su futuro como entrenador estaba lejos de Chile. En el Lilleshall, aprendió como crear un ataque en espacios pequeños, arma táctica que llevaría con él dondequiera que fuera. "Algo muy, muy importante para mi carrera", insiste. "Espacios pequeños, la posesión, movimiento. Todo eso empezó cuando fui a Inglaterra. Y me lo llevé conmigo a Suramérica y seguí trabajando en ello". Varios años después de cursar estudios en el Lilleshall, Pellegrini indicó que inscribirse en ese curso fue la mejor decisión que ha tomado en su vida.
Para 2001, Pellegrini era técnico del San Lorenzo de Almagro en Argentina, su séptimo club. Enseñó a sus jugadores lo aprendido en Inglaterra, incluyendo formas de desplazarse sin el balón que no estaban en boga en Suramérica para aquel entonces. "Al inicio, los jugadores expresaron algunas dudas", recuerda. "Pero cuando empezaron a trabajar de esa forma y les gustó, todo cambió".
Pellegrini tiene una visión del aspecto que sus planteles deben mostrar en la cancha: los zagueros llenando espacios dejados libres por los laterales, movimiento constante en el área rival. Pero, a diferencia de muchos técnicos, no exigirá que éstos jueguen dentro de una formación determinada, ni se basa en una estrategia predeterminada. De una temporada a la próxima, evalúa con una mirada fresca. "Empiezo de cero cada año", expresa.
Una vez que entiende los elementos que tiene, define las formas en las que cada jugador hará su respetivo aporte. Y después viene el paso crucial. El propio Pellegrini lo deja claro. "Los jugadores que no suman muchos minutos, es natural que se sientan insatisfechos", indica Joaquín, que ha asumido el rol de suplente a pesar de su capitanía y jerarquía en el vestuario bético. "Manuel le explica a cada jugador dentro del camerino cuál será su rol y por qué es importante".
Forma parte de su filosofía en la que trata a sus adultos como seres adultos. Funciona bien en los clubes pequeños, donde hay pocas expectativas con respecto a los logros por alcanzar, y quizás hasta funciona mejor en los clubes de mayor renombre. "Mucha gente cree que es más difícil cuando se tienen muchos jugadores exitosos", indica Pellegrini. "A mi criterio, quizás el 90% de ser un técnico exitoso radica en la forma como gestionas al grupo. Así que debes conocer sus personalidades. ¿En qué difieren las personalidades de Raúl, Cristiano Ronaldo y Borja Iglesias?"
Pellegrini se acerca a sus jugadores lo suficiente como para conocer bien su carácter. Frente a él, lo llaman "Míster", término de respeto para los técnicos de fútbol en España. Cuando no está, tienden a actuar como si lo estuviera.
Si hay un problema dentro de un club, muchas veces empieza a atenderlo sin hacer nada. "Tiene la paciencia para decir: ‘Esperemos dos o tres días’", indica David Álvarez, preparador físico del Betis, que laboró con Guardiola en el Barcelona y posteriormente en el NYCFC. "Si no lo conoces, quizás llegues a pensar: ‘Ese entrenador está dejando que el problema se agrave’. Pero lo vio. Sabe lo que pasa. Su forma de resolverlo es esperar al momento exacto. No siente presión para apresurarse".
"Sé cuándo debo hablar y cuándo no debo decir nada", indica Pellegrini. "Y esos momentos, cuando tomas esas decisiones y después las comunicas a tus jugadores de la forma correcta, esos son los momentos más importantes que tienes como técnico".
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Pellegrini ya era un técnico de edad madura, casi con la misma que tiene actualmente Pep Guardiola a sus 51 años, cuando ganó el torneo Clausura del fútbol argentino con River Plate. En ese momento, sabía que debía irse a Europa.
En su caso, la puerta de Europa era una poco conocida ciudad española de 50,000 habitantes, un club que había debutado en LaLiga cinco años antes y un sueldo que era menos del tercio de una oferta de México que tenía en la mesa. Pellegrini describe al Villarreal C.F. como "un equipo muy pequeño en un pueblo muy pequeño". No le importó. El Villarreal le ofrecía el puente entre Suramérica y el Viejo Continente, justo en el momento en que lo necesitaba. Estaba listo para aprender si podía competir con los mejores de su profesión.
El primer plantel de Pellegrini en el Villarreal no ganó un partido en LaLiga hasta su sexto intento. De alguna forma el equipo quedó en el tercer lugar, solo superado por Barcelona y Real Madrid. En 2005-06, el Villarreal quedó a la cabeza de un grupo de Champions que incluía al Manchester United y Benfica. Vencieron al Rangers e Inter Milan en eliminatorias y cayeron 1-0 en semifinales ante el Arsenal.
En 2008, quedaron segundos en la tabla de LaLiga, superando al Barcelona. Todo parecía un cuento de hadas. Incluso hoy, Pellegrini se emociona cuando ve las camisetas amarillas. "Es un club que nunca olvidaré", indica. Creía que podía quedarse para siempre en el Villarreal. Pero el Real Madrid lo llamó.
El discreto Pellegrini no parecía ser la combinación perfecta para el Santiago Bernabéu, pero ¿quién lo es? El Real Madrid quiere que sus técnicos vivan y mueran con el club. Luego los tritura y escupe a pesar de todo. Contratado en 2009, Pellegrini era el décimo entrenador de la Casa Blanca en el Siglo XXI.
Sólo duró una temporada. A pesar de haber perdido por casi dos meses a Cristiano Ronaldo, el paso de Pellegrini fue uno de los más productivos de la historia del Real Madrid: récord del club de 96 puntos en LaLiga, incluyendo una racha de 12 triunfos al hilo entre enero y abril. Pero esa racha terminó con una derrota 2-0 en el Bernabéu ante el Barça de Guardiola (con Messi, Xavi Hernández y Zlatan Ibrahimovic) que definió la campaña madridista. Le dio al Barcelona una ventaja que nunca perdió. No importó que esas 96 unidades fueran el mejor registro para un subcampeón en la historia de las Cinco Grandes Ligas de Europa.
"Imagínate", indica Higuaín. "Tienes 96 puntos y no ganas porque jugaba el que quizás fue el mejor plantel de la historia del Barcelona. Es una locura. Tuvo una suerte terrible".
Un partido disputado al principio del ciclo Pellegrini se destaca por su pura ilógica. El 27 de octubre de 2009 su plantilla viajó al suburbio de Alcorcón, un sitio tan cercano a la capital que los autobuses circulan con regularidad entre ambos. El Real Madrid se enfrentaba en primera ronda de Copa del Rey al equipo local, la A.D. Alcorcón, que jugaba Segunda B, la tercera división del fútbol español. Fue el primer partido contra un club de LaLiga en la historia del Alcorcón.
El partido ganaría una fama interminable en España y más allá con su apodo del "Alcorconazo". El poderoso Real Madrid cayó ante un equipo de Segunda B. Ese resultado sería la mayor vergüenza experimentada por la Casa Blanca en años, quizás en toda su historia. Pero no sólo perdieron. Perdieron de forma tan contundente (4-0) que no pudieron recuperar terreno en el encuentro de vuelta. Sólo era la Copa del Rey, que nunca es prioridad para los Galácticos. Pero muchos afirman que, independientemente de lo que ocurriera el resto de la temporada, el destino de Pellegrini en el Bernabéu quedó sellado esa noche. El diario Marca lo sentenció en su portada del día siguiente, que exclamaba en letras gigantes "¡VETE YA!"
Hasta la fecha, el triunfo más visible de Pellegrini fue con el Manchester City, donde alzó el título de Premier League. Pero quizás sea más notable lo logrado previamente por él con el modesto Málaga.
El jeque qatarí Abdullah al-Thani compró el club con la intención de retar a Real Madrid y Barcelona. Fichó a grandes figuras: van Nistelrooy e Isco Alarcón, Nacho Monreal y Santi Cazorla. Después, cambió de rumbo abruptamente y todas las estrellas se habían ido, con la excepción de Isco.
En 2011-12, Pellegrini dirigió al Málaga de la misma forma que lo hizo en el Real Madrid, llevándolos a jugar en Champions. Para la próxima temporada, en la que todos se habían marchado menos Isco, ordenó su sistema táctico dentro de un pulcro 4-4-2. No tenía la misma cantidad de talentos para competir en toda una temporada de LaLiga, así que se centró en Europa. Al final, el Málaga (¡El Málaga!) superó la fase de grupos de la Champions League y clasificó a cuartos de final.
En el City, Pellegrini fue probablemente el director técnico interino de mayor duración en la historia del fútbol. Los ex ejecutivos del Barcelona Ferrán Soriano y Txiki Begiristain, jefe ejecutivo y director deportivo respectivamente, acechaban a Guardiola. "Te ficharemos si no viene Pep", le dijeron a Pellegrini. En el transcurso de tres temporadas, Pellegrini llevó al City a un nivel en el que sería apropiado contar con un entrenador de la talla de Guardiola. En ese sentido, según indica Soriano, Pellegrini es responsable por todo lo que ocurrió después.
El City venía de ganar su primer título de Premier League al mando de Roberto Mancini. A pesar de ello, el club era un desastre. En los primeros años del régimen de los emires, hubo grandes fichajes, disputas contractuales y la publicitada búsqueda de los servicios de Guardiola. Todo ello, acentuado con la volatilidad de Mancini. "Estábamos acostumbrados al caos", afirma el portero Joe Hart, que ahora forma parte del Celtic. Pellegrini trajo tranquilidad y simplicidad. "Ganas el partido cuando dejas jugar a los buenos jugadores", explica el técnico. "Ellos hacen la diferencia".
En Manchester, ganó con un ataque explosivo que sumó 100 goles más rápido que cualquier equipo en la historia de la Premier League. "Jugamos un fútbol increíble, un fútbol de ataque", indica el lateral derecho Pablo Zabaleta. "Controlábamos el partido, con los laterales solapándose todo el tiempo. Confía en los jugadores que tienen talento para ser creativos".
Entonces, ¿qué pasó en el West Ham? Es la única mácula en la carrera de Pellegrini, la parada en la que su metodología no funcionó. Heredó un equipo que había quedado en el puesto 13 de la tabla y no pudo hacerlo mejor, terminando en el décimo lugar en su primera temporada completa al mando del club. Tenía jugadores talentosos en su plantilla (el joven Declan Rice, Javier "Chicharito" Hernández, Arnautovic) pero no podía compaginarlos dentro de un todo coherente.
"La Premier League no es como en España, donde si tienes tres o cuatro jugadores especiales, pueden hacer la diferencia", indica Zabaleta, que siguió a Pellegrini hasta el West Ham. El técnico no pone excusas. Solo se lamenta no haber terminado la temporada por primera vez desde su llegada a Europa.
El Betis ha reiniciado la memoria. En ningún sitio ha encajado mejor que en Sevilla, ciudad de belleza trascendental, con ferias y festivales donde el trabajo y el placer encuentran un equilibrio natural. Los béticos son una de las aficiones más fervientes de Europa, que responde a cualquier avance positivo, hasta los más mínimos, con un derroche de emoción. Han encontrado una estrella en Pellegrini. Le adoran, sobre todo porque por primera vez en varias décadas, el Betis está arriba y el Sevilla abajo.
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¿Han visto a Pellegrini últimamente? Inmóvil en la línea de banda, vestido con una ajustada camiseta negra y zapatillas deportivas, el técnico parece ser una leyenda del rock envejecida, con el cabello de Rod Stewart cayendo en cascada hacia los hombros de Ronnie Wood. Su tranquilidad parece sobrenatural; Iglesias, que ha jugado para él desde 2020, afirma nunca haberle escuchado alzando la voz.
"La ingeniería pone tu mente en orden", expresa Pellegrini. "Te hace entender cómo debes pensar para ser exitoso. Entender la prioridad de los problemas que tienes enfrente. Cuando tomas una decisión en un momento tenso, debes ser frio, no caliente. Debes pensar como un ingeniero".
Observa el partido de brazos cruzados, gesticulando ocasionalmente. ¿Está ganando el Betis? ¿Pierde? Es difícil saberlo. "En un momento difícil, toma una pasa", indica Joaquín. "Habla con nosotros. Nos da tranquilidad. Y cuando un jugador está tranquilo, con la mente libre, juega mejor. Si tenemos un secreto para jugar como lo estamos haciendo, es ese".
A principios de esta temporada, el Betis jugaba un partido de Europa League en Helsinki. Pellegrini observaba a un HJK Helsinki replegado, que frustraba a su ataque durante 45 minutos en los cuales el marcador quedó en blanco. Durante el descanso, sugirió tranquilamente a los jugadores congregados en el vestuario desbordes y subidas, instando a los zagueros a llenar los espacios vacíos. El resultado final fue la victoria 2-0 del Betis con ambos goles marcados por el resucitado Willian Jose, jugador con experiencia en Real Madrid, Real Sociedad y Wolverhampton Wanderers.
Pellegrini disfruta del viaje. Cercano a cumplir 70 años, no está pensando en el retiro. Indica que ya está haciendo todas las cosas que haría tras su partida del banquillo. "Leer, viajar, visitar museos, la playa", expresa. "¿Cuántos años me quedan? No lo sé. Pero siempre querré entrenar".
Su obra de vida se parece menos a la de un técnico que a la de un pintor o escritor. Tiene sus clásicos reconocidos, joyas infravaloradas, uno o dos fracasos nobles. Algunos de sus admiradores, entre los que se encuentran muchos entrenadores de primer nivel, se maravillan ante sus logros con Villarreal y Málaga. Otros alaban la forma en la que se comportó en el Manchester City. Klopp lo ha calificado como "uno de los técnicos más exitosos del planeta". Guardiola se declaró como su "gran aficionado".
Parece que casi todos lo apoyan para que lleve al Betis a un sitio especial. A criterio de Pellegrini, esos sentimientos positivos valen más que cualquier trofeo. "No intento demostrar nada", indica.
Para todos que han prestado atención, Pellegrini ha demostrado más que suficiente. Cuando se le preguntó dónde quedaría el entrenador chileno en el gran panteón de los técnicos, Unai Emery extiende sus brazos y un emoticón de hombros encogidos cobra vida, como si quisiera dejar en claro lo simple de su respuesta. "Creo que", indica, "él es el mejor del mundo".
