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De la estación Lanús a Asunción: Coco y Silvia Norman, hinchas y emblemas granates

ASUNCIÓN (Enviada especial) – “De la mano de mi viejo, así yo te conocí”, dice la canción de Lanús que elige Silvia Norman para intentar explicar un poquito quién es, en las horas previas a que el Granate enfrente a Atlético Mineiro en la final de la CONMEBOL Sudamericana, que se podrá ver en vivo por el Plan Premium de Disney+ (solo para Sudamérica)

En las inmediaciones de La Fortaleza dicen que es una hincha emblema del club. Ella no lo niega. Sabe que todos la conocen en los tablones y en el barrio, así como cocieron a Jorge Norman, Coco, su papá.

Jorge era el canillita de la estación Lanús y pasó muchos de sus días en aquel puestito con la pequeña Silvia, que trabajaba con su viejo y se codeaba con el barrio. Cuando cumplió 4 años, Coco la hizo socia del club y, a los 6, la empezó a llevar a los partidos visitante. De allí en más, su presencia en las gradas fue una constante.

“Conozco más estadios que Mariano Closs”, dice sin bromear Silvia, que interrumpe su tono simpático para recordar que ha gastado muchas suelas para seguir al Granate. “Mi papá me llevaba al interior cuando la gente no solía hacer eso. Menos una nena. Lamentablemente estuvimos en la C, imaginate si recorrí canchas en estos años”.

Los Norman eran 12 hermanos. Todos tuvieron hijos. Y sus hijos tuvieron hijos. Todos, indefectiblemente, se transformaron en hinchas de Lanús y aprendieron a amar al Granate como Coco les enseñó.

El legado de Coco: amor, fidelidad y sentido de pertenencia

Silvia tiene 67 años y es socia de Lanús desde 1962. Vivió a pocas cuadras de la cancha en su infancia y pasó todos sus veranos allí. Jugó al básquet, hizo natación, transitó su niñez, su adolescencia y hoy es vitalicia. Es auténticamente una cara familiar para todos. “Iba con mi papá a vender diarios a la estación a los 8 años porque él decía que hacía bien las cuentas. En el barrio todos lo conocían a él y, claro, a mí también”.

En tiempos que los que los mandatos traccionaban fuerte, ignoró los deseos de su marido y no dejó que nadie se animara a quebrantar su pasión granate. Sus hijos adoptaron los colores que Coco le contagió amar y aún llevan marcado a fuego lo que él les enseñó: “Mi papá siempre decía que al club se lo banca, se paga la cuota siempre, aunque no tengas un mango, porque el club lo necesita. No sé cómo hacía porque era un laburante, pero hacía magia y jamás le falló a Lanús. Mi hijo se fue a vivir a Neuquén y sigue siendo socio porque dice que su abuelo le enseñó que al club nunca se lo abandona”.

La Fortaleza de luto: el día que Coco partió

Jorge pasó su juventud en la popular, entre banderas y redoblantes. De su mano, siempre estuvo Silvia, aprendiendo un poquito de todo ese lenguaje que por entonces era impropio de una dama.

Después de que mi viejo pasó los 75 años y le empezó a costar, nos mudamos a la platea. En los últimos años, llevaba sus perros pequineces con él”, recuerda con emoción ‘la socia emblema’.

En 2015, con 91 años, se fue uno de los íconos del club. “Se nos fue Coco”. Cuenta Silvia que se lamentaban los integrantes de los micros cuando miraban su butaca vacía, porque él no se perdía ningún viaje.

Cuando papá falleció, en las pantallas gigantes de La Fortaleza pusieron sus fotos con el símbolo de luto. Nunca en mi vida viví un minuto de silencio tan profundo y respetuoso”, rememora con orgullo su hija.

“El día del velatorio tuve que cambiar los planes porque a las 12 de la noche tenía 350 personas afuera. Todos vinieron a despedirlo. La hinchada se presentó y le trajo un trapo, un trapo de los de verdad, de los de la cancha, que se lo llevó con él”.