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Los veteranos de River deberán batallar contra Palmeiras, el más sólido de la Libertadores

Enzo Pérez tiene 39 años. Nacho Fernández, 35. Los dos lo ganaron casi todo con River. Y aunque el presente los encuentra en una versión más terrenal, Marcelo Gallardo vuelve a mirarlos como piezas centrales en el ajedrez táctico del Millonario en esta CONMEBOL Libertadores. No por nostalgia. Por necesidad. En una serie tan exigente como la que se viene ante Palmeiras, la experiencia no es un lujo: es una obligación. Y esto se verá el miércoles por el Plan Premium de Disney+.

Los dos saben jugar estos partidos. Los entienden, los sienten, los viven de manera distinta. Ya fueron clave en series ante Boca, Gremio, Cruzeiro y tantos otros. Lo suyo no se mide solo en pases o en metros recorridos: se mide en presencia. En la palabra justa, en el pase seguro cuando todo quema, en saber cuándo acelerar y cuándo enfriar.

Nacho Fernández, el cerebro que nunca se apura en River

Nacho Fernández fue una de las figuras del último partido ante Estudiantes, donde River ganó 2-1 en La Plata con gol suyo incluido. Después del encuentro, dejó un mensaje claro: “Nos da mucha confianza este triunfo, es importante antes de una serie que va a ser muy difícil”. También reconoció el nivel del rival: “Palmeiras es de los más fuertes de Brasil, y de los que más invirtió”.

En lo futbolístico, Nacho sigue siendo el faro. No brilla como en 2019, pero en un equipo que todavía busca su mejor versión, su pausa, su pegada y su lectura del juego lo hacen indispensable. Cuando el partido se desordena, Nacho ordena. Cuando falta precisión, él pone la pelota al pie. Y Gallardo lo sabe.

Enzo Pérez, la voz que impone respeto en River

Enzo Pérez regresó a River a comienzos de 2025 para una etapa final. Lo dijo claro: vino a aportar desde el lugar que le toque. Pero su lugar, inevitablemente, es el de líder. Capitán sin cinta, brújula emocional del grupo. Ante Libertad, en octavos, fue una de las voces más fuertes del vestuario y elogió a Armani tras los penales: “Franco nos dio confianza, nos sostuvo”, dijo. Pero también dejó autocrítica: “En el segundo tiempo fuimos otro equipo. Tenemos que pasar, esa es nuestra mentalidad”.

Ante Palmeiras, Enzo será el encargado de cortar, anticipar y hablar. Mucho. De ajustar a los volantes más jóvenes, de ponerle el cuerpo a la mitad de la cancha, y de controlar los tiempos. Porque ante un rival como el Verdao, cualquier desorden se paga carísimo. Y Enzo lo sabe mejor que nadie.

Un rol clave en la pizarra de Gallardo

En esta versión 2025 de River, más terrenal y en construcción, Gallardo entiende que necesita equilibrio. Ni vértigo sin control ni tenencia estéril. Y para eso, Enzo y Nacho son vitales. Juegan cerca, se conocen de memoria, y entienden cuándo hay que retroceder o empujar. Son dos anclas, pero también dos motores.

Gallardo lo dijo: “No estamos en nuestro mejor momento. Jugamos un cinco…”. La frase refleja una búsqueda. Y en esa búsqueda, los veteranos ayudan a sostener lo que todavía no fluye naturalmente. En un Monumental que será una caldera, River necesitará de su serenidad para no volverse loco. Para no ir a chocar. Para jugar con la cabeza, además del corazón.

Los últimos soldados de una generación gloriosa en River

Enzo y Nacho ya no son los que corrían 90 minutos como si nada. No lo necesitan. Su valor está en otra parte. Son de los pocos sobrevivientes de la era dorada, y eso pesa. En estos cruces, la historia también juega. Y ellos la representan.

Ante el equipo más sólido de América, River necesita un partido perfecto. Y eso implica más que intensidad: implica inteligencia, liderazgo y memoria. Y en esa ecuación, Enzo y Nacho siguen siendo esenciales. Porque no es solo lo que hacen con la pelota. Es lo que representan.