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Colo Colo vs. Racing Club: el recuerdo de aquella semifinal de 1967 que hizo historia en la Libertadores

Hay recuerdos que no envejecen. Se posan en la memoria como estampas doradas, resistiendo al calendario y al olvido. Racing Club vuelve a Santiago de Chile esta semana para enfrentar a Colo Colo, por la tercera fecha del Grupo E de la CONMEBOL Libertadores. Pero no es solo otro partido de fase de grupos. Es también un viaje en el tiempo, un reencuentro con un pasado que aún late fuerte.

Fue en junio de 1967 cuando la Academia pisó el césped del Estadio Nacional para medirse con el Cacique. Era la semifinal de aquella Copa mítica, la más extensa de todas, y Racing, con su fútbol audaz y su corazón templado, comenzó a tallar su destino.

En Santiago, un 22 de junio de 1967, el equipo de Juan José Pizzuti ganó 2-0 con la jerarquía de los grandes y un doblete de Norberto Raffo.

Luego, el 28 de junio, en Avellaneda, selló la historia con un 3-1 lleno de autoridad. Juan José “Yaya” Rodríguez anotó por triplicado para La Academia y Elson Beyruth descontó para el Albo.

Aquel año, Colo Colo fue testigo y víctima del Racing campeón de América, el Racing que después se vestiría de gloria en el mundo.

Ese equipo de José no solo ganaba, emocionaba. Jugaba con la elegancia de un tango de salón y la potencia de una locomotora. Norberto Raffo, perfumado de gol, fue estandarte. El Cilindro era una fiesta. La camiseta celeste y blanca se transformó en estandarte continental.

Hoy, más de medio siglo después, Racing vuelve a cruzarse con Colo Colo, otra vez en Chile, otra vez con la ilusión intacta. No está Raffo, no está Perfumo, no está Pizzuti, pero están sus ecos, sus gestos, sus enseñanzas. Hoy aparecen Gustavo Costas como DT, aquella mascotita que Raffo sostenía en brazos, Gabriel Arias y su seguridad en el arco, Maravilla Martínez y sus goles, Maxi Salas y su corazón incansable, y otras tantas figuras que intentarán emular la mística de aquel equipo.

También está la historia, que no se borra. Y está la camiseta, que carga con orgullo ese escudo que ya supo abrazar la copa.

El fútbol tiene esas licencias poéticas. Permite que un martes cualquiera de abril se convierta en un guiño del destino. Que un partido en la fase de grupos remueva viejas gestas. Que los hinchas sueñen con repetir lo que una vez fue, lo que alguna vez los hizo eternos.

Racing vuelve a Santiago. No va solo: lo acompaña el recuerdo de aquel junio glorioso. Lo empuja la mística. Lo guía la historia. Y quién sabe… quizás el perfume de ese viejo sueño vuelva a florecer.