Universidad Católica volvió a confirmar su hegemonía a nivel nacional en 2021; alzó dos Supercopa de Chile, logró sortear la fase de grupos de la Copa Libertadores tras una década y se consagró por cuarta vez consecutiva como el mejor del Campeonato Nacional. No obstante, los cruzados saben bien que en un momento, este año de soñado parecía terminar en pesadilla, y que el tetracampeonato, para muchos era sólo una quimera.
La UC arrancaba la temporada con nuevo entrenador por cuarto año, y el encargado de asumir la cabina técnica era Gustavo Poyet, quien iniciaba su ciclo de manera espectacular, con un trofeo luego de vencer a Colo Colo por 4-2.
Los primeros partidos con el uruguayo en la banca parecían seguir fielmente, aunque con un fútbol distinto, el tranco ganador que había forjado Holan, Quinteros y San José, pero unos meses más tarde, y pese a conseguir uno de los principales objetivos de la Franja; avanzar a octavos de final de la Libertadores, los números en el torneo doméstico fueron categóricos y terminaron gatillando su salida.
Poyet alcanzó a dirigir 31 partidos a los estudiantiles, de los cuales 18 fueron por el torneo, cosechando 7 derrotas… Ello, sumado a la inesperada eliminación en octavos de Copa Chile ante Everton, los problemas entre el plantel y parte del cuerpo técnico, y el bajísimo nivel futbolístico, hicieron que Cruzados cortara el ciclo del charrúa en la fecha 18, tras la goleada sufrida a manos de Palestino a fines de agosto.
No obstante, esa drástica decisión, que trajo consigo la llegada de Cristian Paulicci a la cabina técnica -en principio como adiestrador interino-, sería clave en el renacer de los estudiantiles y su sueño de alcanzar la cuarta corona nacional en fila.
La era Paulucci arrancó y terminó de manera espectacular, con una UC que recuperó la memoria y vino de la mano de una racha triunfal inobjetable: Tras superar a Audax (3-1), los cruzados encadenarían seis éxitos consecutivos, ante Curicó Unido (2-4), Melipilla (4-0), Unión La Calera (0-2), Unión Española (2-1), Cobresal (1-3) y Santiago Wanderes (3-2).
Así llegó la fecha 28 y la “Franja” jugaba un partido que muchos denominaron como la gran final; el Clásico ante Colo Colo en el estadio Monumental, duelo al que el elenco precordillerano llegaba a dos puntos de distancia de los dirigidos por Gustavo Quinteros.
Ese 24 de noviembre en Pedrero, Católica arrancó ganando con tanto de Diego Valencia, pero el “Cacique”, impulsado por su gente y un par de cambios acertados, revirtió la historia y se quedó con un triunfazo, con tantos de Pablo Solari y de Javier Parraguez, en tiempo de adición.
La victoria del “Cacique” dejaba malherida a la UC, ya que se distanciaba a cinco puntos en la recta final y, de paso, cortaba el invicto con su nuevo adiestrador. Sinceramente, muy pocos a esa altura pensaban que se revertiría dicho escenario en la parte alta, pese a la gran mejoría del equipo en la segunda rueda.
No obstante, el Covid también jugó en este torneo y sería un factor clave en la definición del certamen. Y quedó muy de manifiesto, ya que tras ese encuentro, Colo Colo sumó contagios y contactos estrechos que lo obligaron a presentarse a jugar con Audax con un plantel plagado de juveniles, perdiendo 2-0, mientras que Católica vencía a O’Higgins en Rancagua.
En las siguientes dos fechas ninguno aflojó, porque los albos recuperaron jugadores y primero golearon al descendido Wanderers y luego superaron a Melipilla en la hora, y los cruzados aplastaron a Antofagasta por 4-0, para luego vencer a la U por la mínima en el Clásico estudiantil.
Sin embargo, en los últimos tres partidos del campeonato llegaría el milagro cruzado; Colo Colo cedería un empate con Curicó de visita, perdería ante Unión Española en el Monumental y finalmente con Antofagasta en el norte, a diferencia del elenco de Paulucci, que triunfaría frente a La Serena, Huachipato y Everton, respectivamente, para bajar una nueva estrella, la número 16, y nada menos que con un inédito tetracampeonato nacional.
Además de esa nueva conquista, el elenco universitario alzaría días antes frente a Ñublense una nueva Supercopa de Chile, para cerrar un nuevo año soñado, confirmando una vez más la total hegemonía cruzada en los últimos años.
