El 22 de mayo de 2010, José Mourinho vivió una de las noches más importantes de su carrera en el mismo estadio que volvió a recibirlo como entrenador del Real Madrid. El Santiago Bernabéu fue testigo de la consagración de aquella UEFA Champions League del Inter de Milán, del tercer título continental de su historia y del cierre de una temporada perfecta. También fue el escenario de una despedida que terminó con el portugués llorando en los brazos de Marco Materazzi.
El martes 8 de septiembre se cruzarán emociones para el DT en el partido que iniciará a las 16:00 (ARG, CHI, URU) y 14:00 (ECU, COL, PER) y se podrá ver en vivo por el Plan Premium de Disney+ (para Sudamérica).
En aquella final, hace 16 años, Inter derrotó 2-0 al Bayern Múnich con dos goles de Diego Milito y completó el triplete. Habían pasado 45 años desde la última Copa de Europa del club italiano. Javier Zanetti levantó el trofeo en Madrid y Mourinho acababa de completar una obra que había comenzado dos temporadas antes.
La imagen que quedó de aquella noche fue mucho más allá de la celebración. Mientras sus jugadores preparaban el regreso a Milán, Mourinho decidió quedarse en Madrid. Había tomado una decisión sobre su futuro y sabía que volver con el equipo podía ponerla en riesgo. Años después lo explicó con una sinceridad que convirtió aquella despedida en una de las escenas más recordadas de su carrera: “Lloré porque me estaba despidiendo”.
Ahora el destino vuelve a poner frente a él al Inter en el Bernabéu. El partido será por la primera jornada de la fase de liga de la Champions League. Mourinho estará sentado en el banco local. El estadio será el mismo. La historia que rodea al encuentro nació aquella noche de 2010.
La noche perfecta del Inter terminó siendo la despedida de Mourinho
El Inter llegó a Madrid después de eliminar al Chelsea y al Barcelona, y con la posibilidad de terminar una temporada extraordinaria. Ya había ganado la Serie A y la Copa Italia. Faltaba la Champions, el trofeo que el club esperaba desde 1965. Mourinho sabía perfectamente lo que estaba en juego.
Antes de la final había hablado de esa espera y del significado que tenía para una generación entera de hinchas. “Muchos de los aficionados del Inter no habían nacido aún cuando el Inter disputó su última final”, había señalado. También definió el partido como una oportunidad especial para el club y para Massimo Moratti.
La final terminó 2-0. Milito marcó a los 35 minutos y volvió a aparecer en el segundo tiempo para sentenciar el encuentro. El Inter controló al Bayern y consiguió la tercera UCL de su historia. Mourinho, además, alcanzó una segunda Champions como entrenador después de la conquistada con Porto en 2004.
Después del partido, Mourinho habló del vínculo que había construido con el club durante esos dos años. “Siempre recordaré esta temporada con el Inter”, afirmó. Y encontró una manera todavía más fuerte de definir aquella relación: “Más que las palabras, fue un matrimonio increíble entre nosotros”.
La emoción estaba presente incluso antes de que apareciera la famosa imagen junto a Materazzi. Mourinho había reconocido que podía derramar lágrimas si finalmente dejaba el club. Después de levantar la Copa, esa posibilidad se convirtió en realidad. “Con la emoción de la victoria más la emoción de despedirme de mis jugadores, fue una noche increíble para mí, una de las mejores de mi carrera en el fútbol”, explicó posteriormente.
Mourinho ya sabía que se iba al Real Madrid
La escena del Bernabéu adquiere otra dimensión cuando se conoce lo que ocurría detrás de aquella noche. Mourinho había decidido que quería dirigir al Real Madrid. El contrato todavía no estaba firmado, pero la decisión estaba prácticamente tomada.
Tres días antes de la final había dejado una frase reveladora: “El resultado de Madrid no cambiará mi decisión”. Su futuro estaba pendiente de resolución, aunque el resultado contra Bayern no iba a modificar el camino que había elegido.
El propio Mourinho explicó años después que había rechazado anteriormente la posibilidad de llegar al Real Madrid y que sentía que ya no podía volver a decir que no. “No había firmado un contrato, pero ya había tomado la decisión”, contó al recordar aquellos días.
La relación con Florentino Pérez también estaba encaminada. Los reportes de aquellos días ubicaron al presidente del Real Madrid en contacto directo con Mourinho antes de la final, mientras otras informaciones situaron el cierre definitivo del acuerdo después de la conquista europea. La versión que el propio Mourinho mantuvo con el paso del tiempo fue clara: existía un acuerdo, pero todavía no había firmado el contrato.
Eso explica una de las decisiones más curiosas de aquella madrugada. Mourinho quería irse. Quería entrenar al Real Madrid. También sabía cuánto significaba Inter para él. Había construido un equipo campeón, había conquistado el sueño europeo de Moratti y había generado una relación muy profunda con sus jugadores.
Por eso tomó una decisión que puede parecer extraña desde afuera: evitó volver a Milán con el plantel.
“Escapé”: por qué Mourinho no quiso volver a Milán
Después de la final, el Inter tenía preparada la celebración en Italia. El equipo regresaría a Milán para festejar con sus hinchas, primero en San Siro y luego en el centro de la ciudad. Mourinho eligió otro camino.
Años más tarde describió aquella decisión con una palabra contundente: “Escapé”. Había participado de los festejos sobre el campo, había recibido su medalla y había levantado la Copa. Después decidió apartarse del grupo.
“Fui al autobús para despedirme y ni siquiera estreché una mano”, recordó. Su intención era evitar una despedida colectiva que podía resultar demasiado dolorosa.
La explicación posterior fue todavía más reveladora. Mourinho contó que temía regresar a Milán, entrar en un Giuseppe Meazza repleto, encontrarse con miles de hinchas celebrando y terminar cambiando de opinión.
“Si volvía a Milán con el equipo, si caminaba hacia un San Siro lleno, si llegaba a una catedral de Milán llena de gente, creo que no me habría ido al Real Madrid”, explicó.
Y agregó: “Quería ir al Real Madrid. Quería muchísimo ir al Real Madrid, pero tenía miedo de no poder irme”.
La frase permite entender aquella noche desde otro lugar. Mourinho estaba convencido de su próximo destino y, al mismo tiempo, conocía perfectamente el peso emocional que tenía Inter en su vida. La despedida colectiva podía hacerlo dudar. Por eso eligió marcharse antes de llegar a ese momento.
Pero el plan tenía un problema: Marco Materazzi.
Materazzi apareció y todo el plan se desarmó
Mourinho se marchaba en un automóvil y, según la reconstrucción publicada por varios medios en aquellos días, se trataba del auto de Florentino Pérez. El Inter se preparaba para continuar la celebración en Milán. Mourinho había encontrado una forma de abandonar el Bernabéu evitando una despedida general.
Entonces vio a Materazzi.
El defensor estaba junto al autobús del Inter. Mourinho hizo detener el auto, bajó y fue hacia él. Lo que siguió quedó registrado en una de las imágenes más emocionales de aquella Champions: el entrenador y el jugador se abrazaron y lloraron juntos.
Mourinho no necesitó un discurso. Materazzi tampoco. Después de dos años compartiendo vestuario, entrenamientos, partidos, discusiones y celebraciones, aquel abrazo condensó todo lo que ninguno de los dos podía decir en ese momento.
El propio Mourinho lo explicó con una frase que todavía define aquella escena: “Lloré porque me estaba despidiendo”. Después añadió: “Es la mejor manera de dejar un equipo y un trabajo”.
Materazzi también recordó aquella noche años después. En una entrevista describió el abrazo como uno de los momentos más emocionantes de su carrera y resumió lo ocurrido con una frase perfecta: “A veces las palabras sobran y un simple abrazo lo explica todo”. Después reconoció: “Lloramos”.
La relación entre ambos tenía además una particularidad. Materazzi había perdido protagonismo durante aquella temporada. Mourinho había sido sincero con él desde el comienzo y le había explicado que tendría menos participación. El defensor aceptó aquella situación y terminó convirtiéndose en una figura importante dentro del grupo desde otro lugar.
Por eso, cuando llegó la despedida, Materazzi le preguntó por qué se iba y por qué lo dejaba solo. También sabía que el entrenador que llegaría después sería Rafael Benítez, con quien no tenía una buena relación.
Materazzi incluso admitió que estaba convencido de que el Inter podía seguir ganando con Mourinho. “Estaba convencido de que con Mourinho podíamos seguir ganando”, recordó. La Champions había cerrado una etapa histórica y, para él, todavía quedaba mucho por conquistar junto a aquel entrenador.
El Bernabéu quedó ligado para siempre a aquella despedida
El significado del estadio para Mourinho se construyó en cuestión de horas. Allí consiguió la Champions que había convertido al Inter en campeón de Europa después de 45 años. Allí terminó su etapa italiana. Y desde allí comenzó el camino que pocos días después lo llevaría oficialmente al Real Madrid.
Mourinho puso el acento en su vínculo emocional con el Inter. “Era una familia real y aquella temporada lo hicimos todo. Lo ganamos todo”, recordó. También explicó que aquella final era la última oportunidad para varios históricos del plantel, entre ellos Zanetti, Materazzi, Córdoba, Chivu y Maicon.
Mourinho definió aquel triunfo como “una manera perfecta de dejar un club que amo tanto”. La frase resulta especialmente significativa porque el portugués no estaba hablando únicamente del trofeo. Estaba hablando de una relación que había alcanzado su punto máximo justamente en el lugar donde también iba a terminar.
La escena con Materazzi terminó convirtiéndose en el símbolo de esa despedida. Mourinho había intentado evitar el adiós. Había evitado el vestuario y el viaje a Milán. Había escapado de la celebración que podía hacerlo cambiar de opinión. El encuentro con Materazzi, sin embargo, apareció frente a él. Y ahí no hubo estrategia, hubo un abrazo.
Dieciséis años después, la historia vuelve al mismo lugar
El calendario de la Champions 2026/27 volvió a colocar al Inter en el camino del Real Madrid. El partido se jugará el martes 8 de septiembre en el Santiago Bernabéu, por la primera jornada de la nueva fase de liga.
Mourinho llegará esta vez vestido de blanco y sentado en el banco del Real Madrid. El Inter aparecerá enfrente, convertido en el rival que inevitablemente devuelve la memoria a aquella noche de mayo de 2010. El propio club italiano ya tiene marcado el viaje a Madrid como una cita especial por el reencuentro con su antiguo entrenador.
Hay algo casi cinematográfico en la secuencia. En 2010, Mourinho salió del Bernabéu después de ganar la Champions con Inter, lloró junto a Materazzi y tomó el camino hacia Madrid. En 2026, regresará al mismo estadio para dirigir al Real Madrid frente a Inter en la Champions.
Aquel estadio fue el lugar donde Mourinho alcanzó una de las cimas de su carrera. También fue el sitio donde tuvo que enfrentarse a una de las despedidas más difíciles de su trayectoria.Ahora tendrá que volver a ese lugar para enfrentarse precisamente al club del que se estaba despidiendo aquella noche.
El Bernabéu guardó aquella imagen durante 16 años.
Mourinho volverá a caminar por el mismo escenario.
Esta vez, del otro lado de la historia.
